El curioso proyecto ideado por el senador nacional por Misiones, Salvador Cabral Arrechea, para legalizar la venta y el consumo de drogas alarmó más a la ciudadanía que a la dirigencia política.
La temporada proselitista, con vistas a la renovación parcial de la Cámara de Diputados de la provincia, está ya casi a la vuelta de la esquina y resulta entonces natural que los partidos y frentes se agiten en sus cuestiones internas buscando acomodar posiciones para el momento en que tendrán que salir a exponer sus respectivas candidaturas, con el objetivo no sólo de ganar bancas en este ya cercano 2013 sino además de “fijar mojones” desde ya para la crucial competencia del 2015 en la que además de nuevos legisladores se disputará por la elección de gobernador y vice, en un marco que entonces estará plenamente marcado por las elecciones presidenciales, a nivel nacional.
En relación a esos preparativos se puede ahora considerar qué significados tienen las actitudes señaladas, el proyecto del senador y la ida y vuelta de los que fueron a decir cosas a la sombra de las Cataratas para luego intentar desdecirse en Posadas.
Pero más allá de las cuestiones estrictamente políticas que tendrán que dirimirse el año venidero y luego en el 2015, el proyecto de legalizar la venta y el consumo de drogas es algo que ya, aquí y ahora, pone en vilo a la sociedad misionera. Proyecto de legalización de los alucinógenos fueron y son debatidos en diversos países del mundo e incluso en algunos fueron aprobados; pero en contextos sociales y con situaciones de criminalidad muy distintas a las que con mucha gravedad están afectando a la provincia de Misiones, donde hay ya muchos indicadores que llevan a suponer que hay quienes quieren hacer de esta provincia un lugar de producción estable y a gran escala de marihuana y quizá también de cocaína, con tanto de cultivos de la primera como de instalación de “cocinas”, o centrales químicas, para la elaboración de la segunda. “Cocinas” que ya fueron encontradas con más de 15 kilogramos de cocaína, en la localidad de Oberá, recientemente.
¿Acaso cree el senador Cabral Arrechea que las instituciones y las organizaciones de Misiones estarán en condiciones de controlar el desquicio sanitario y social que seguramente se produciría si se aprobase su peligroso proyecto? Todos los funcionarios, incluidos por supuestos los del los ámbitos legislativos, están absolutamente obligados a velar por el bien público y cada una de sus iniciativas y acciones deben estar guiadas por ese principio fundamental; jugar con estas cuestiones tan delicadas puede resultar absolutamente peligroso. En Misiones, así como en otros lugares del país y del mundo, está ya a la luz del día el fatídico consumo y la criminal venta de drogas; no hace falta una legislación permisiva para blanquear este drama.
Y si lo que le pudiera estar interesando al senador del extraño proyecto es generar un nuevo rubro “productivo” en la provincia, plantaciones de marihuana por ejemplo, cabe considerar primero que, desde un plano totalmente más serio y en el marco de lo que sí quiere la comunidad, ya están en marcha en Misiones varias acciones fuertemente apoyadas por el Gobierno y por sanos sectores privados para desarrollar cada vez más y mejores producciones agropecuarias y para facilitar sus comercializaciones. Basta, por ejemplo, ver el crecimiento de la agricultura familiar que se va constituyendo en un fuerte rubro económico con gran inclusión social de los sectores rurales. Todo esto no puede escapar a la inteligencia del legislador en cuestión.
¿Qué “revolución productiva” está proponiendo entonces el historiador Cabral Arrechea? También conviene preguntarse con qué avales políticos, si es que los tiene, está inquietando a los misioneros con ese proyecto. Y también caben preguntas acerca de qué interés personal, al margen de la política o mal relacionado con esta, puede estar motivando el deseo de Cabral Arrechea de promover la legalización del consumo y la venta de esos alucinógenos que destruyen tantas vidas y arruinan a tantas familias. La duda, como era inevitable ante tamaña “aventura”, se ha instalado en la sociedad misionera, junto a la inquietud por el proyecto de legalización.
Sí, volviendo al otro tema, lo de Puerto Iguazú fue una “polea loca” de un sector político que rápidamente se intentó corregir seguramente a instancias de algún máximo dirigente sectorial; lo de Cabral Arrechea por ahora parece seguir contando con algún aval, ya que su proyecto, a varios días de haber sido expuesto por su autor, sigue sin ser rechazado ni disminuido desde aquella misma conducción. En política suele ser común lanzar globos de ensayos, para sondear reacciones o para tratar de instalar algunos temas; pero una cosa es un globo de ensayo y otra muy distinta es una bomba de tiempo.
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