A través de un análisis efectuado por el reconocido geólogo y enólogo mendocino del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), Luis Fontana, se infiere que es posible la convivencia entre esta industria y la actividad minera.
Sobre esta compatibilidad entre la vitivinicultura y la minería, dijo que “son actividades compatibles y necesarias las dos. No es una disyuntiva. Las dos actividades generan sus impactos ambientales. Esto es natural porque cada vez que el ser humano encara alguna actividad económica, produce alguna alteración o impacto al medio ambiente. Lo que hay que hacer es controlar y cuidar que todo sea lo más armonioso posible”.
Sin embargo, reconoció que hay un sector dentro de la vitivinicultura al que la actividad minera le genera cierto recelo. En este sentido, manifestó que “creo que es por una suma de hechos. Siempre existe la desconfianza de la gente hacia las grandes empresas de afuera con respecto a situaciones que se pueden haber dado en otros momentos, en algún lugar, aunque también influye la falta de información”.
Por otra parte, dio un ejemplo que refleja el cambio de las nuevas legislaciones, mencionó que en nuestro país hay dos diques muy importantes que se hicieron para regular caudales, pero también para abastecer ciudades: el de San Roque en Córdoba y el Potrerillos en Mendoza. El de San Roque fue hecho en una época en la que prácticamente no existían leyes reguladoras ni evaluaciones de impacto ambiental y el agua hoy es un desastre. Están luchando para tratar de sanearlo, el crecimiento urbano fue tan grande y los desechos que tiraron al lago son impresionantes. En cambio, Potrerillos se hizo cuando ya estaba la nueva legislación y de entrada se prohibió un montón de actividades que se permitían en el San Roque.
Entonces, indicó que algo parecido sucede con la actividad minera. “Hoy hay mucha regulación internacional. Las empresas mineras cotizan en bolsa y la imagen es muy importante. No pueden darse el lujo de ponerse como villanos en una parte del mundo porque pierden ganancias”.
Es así que afirmó que es posible desarrollar ambas actividades en una sola provincia, “hay recursos, como el agua, que son muy importantes para ambos sectores, pero cuando hablamos de provincias como Mendoza o San Juan, hablamos de un tres por ciento de superficie cultivada, todo lo demás es montaña y desierto. Somos un país pobre y no podemos darnos el lujo de abandonar una actividad productiva”.
Como alternativa consideró que “en todo caso, hagamos estudios y analicemos”. Además resaltó cuál es la realidad de ambas actividades en otros países, “nos estamos metiendo en los países del nuevo mundo vitivinícola. Nuestros rivales en precio y calidad son Chile, Australia y Sudáfrica. Pero esos países son más conocidos por su minería que por su vitivinicultura. En esos lugares hay debates y cuestionamientos, pero también más tranquilidad. Nadie grita. Nadie va por el sí o el no. Se está hablando de la gran minería que a muchos asusta, pero si se toman las precauciones no hay mayores inconvenientes. Hay minas en California, Estados Unidos, que son colindantes con viñedos, Sudáfrica pasa por situaciones similares”.
Comunicación
Respecto a la situación en Argentina dijo que “por un lado, veo que la actividad minera no ha sabido comunicar bien todos los beneficios que puede brindarle a la sociedad y no ha reaccionado debidamente ante mucha gente que opina sin saber. Esto ha generado una sensación de desconfianza y de miedos sin hechos concretos. Les falta una buena comunicación de lo que pueden hacer, no sólo en cuanto a los beneficios económicos que le puede brindar a la sociedad, sino también de todas las precauciones y los autocontroles que tiene la actividad para evitar las cosas que causan más miedo: las contaminaciones al medio ambiente y al entorno”.
Fontana considera que la información y el diálogo pueden ser la solución “la actividad minera, tanto la estatal como la privada, no oculta nada. La información está, pero creo que han errado al no saber comunicarlo en una forma más llana. También hay que saber separar la paja del trigo con respecto a algunos medios de comunicación, que buscan crear un impacto con la noticia más que informar. Y si no se sabe responder con tranquilidad y con hechos a esa sensación de desinformación, se crea una atmósfera enrarecida”.
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