La titular del servicio local de Prevención y Asistencia a las Víctimas de Violencia Doméstica, Adriana González, presentó su último trabajo en la Feria del Libro y aseguró: “El maltratador no puede cambiar sin hacer tratamiento”.
Unas cuatro mil personas se acercan cada año al servicio local de Prevención y Asistencia a las Víctimas de Violencia Familiar, según lo indicó su titular, Adriana González, en una conferencia ofrecida ayer, en el marco de la Feria del Libro, que se realiza en el MUMA.
Según la especialista, se trata de una problemática con un alto índice de “reincidencia vincular”, ya que las mujeres –u hombres, en ciertos casos- tienen muchas dificultades para abandonar o alejarse de sus parejas maltratadoras.
“En primer lugar, porque en gran medida son los padres de sus hijos; y en segundo orden, porque ellos son los que manejan económicamente la cuestión”, explicó González y agregó: “Además, en el momento siempre prometen cambiar, hasta que vuelven a reaccionar violentamente frente a otra situación que no les gusta”.
Respecto de la asistencia que reciben las víctimas, afirmó que se busca un tratamiento integral, que abarque no sólo lo meramente social, sino también lo psicológico y judicial.
“La primera instancia es asistir, pero hay que tener cuidado porque asistir desde la urgencia nos puede llevar a cometer errores”, dijo y agregó: “Tenemos que tener la cabeza bien abierta como para pedir ayuda. No quedarnos con manejar un caso desde un solo lugar; hay que compartir los casos y abrirse a los distintos profesionales”.
Mujeres quemadas
Si bien para la especialista los casos de violencia familiar existieron siempre, lo cierto es que durante los últimos años se dieron a conocer numerosos hechos en que las mujeres fueron brutalmente quemadas por sus parejas.
Esto se debe, según González, a que las conductas humanas suelen ser imitativas, y el hecho de que estos casos sean públicos puede influir en la conducta de quienes ya poseen una patología.
“Tengo mis reservas en cuanto a que se publique la manera en que pierde la vida la víctima”, dijo.
Respecto de las causas de este comportamiento, indicó: “Si las queman, las hacen desaparecer y cumplen esto de que ‘si no sos mía, no sos de nadie’”.
“Y cuando un violento mata a un integrante de la familia de la mujer -como sucedió la semana pasada-, es porque sabe que nunca más va a poder ser feliz. Así deja el sello del poder, de un poder patológico”, sostuvo.
¿Cómo ayudar?
Ante un caso agudo de violencia física -es decir, ante la presencia de los golpes-, la profesional recomendó llamar a la Comisaría de la Mujer o bien al 911, en donde por ley se preserva la identidad del denunciante.
Una vez superada la crisis, las víctimas pueden acercarse a las oficinas municipales, en donde recibirán la asistencia y contención especializada, para luego comenzar un tratamiento.
“Nosotros podemos ir a asistir, acompañar, concientizar de la necesidad de un tratamiento. Pero en el momento, quien debe intervenir es la Policía. Y después la Justicia”, enfatizó la autora de “Violencia familiar. Personas en riesgo”.

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