Se afianza la hipótesis de la participación de la policía

Con la detención de otros dos comisarios retirados se afianza con más fuerza la hipótesis de la participación de efectivos de la Policía de la Provincia en el secuestro y desaparición del exgobernador Miguel Ragone, el homicidio del almacenero Santiago Arredes y las lesiones sufridas por Margarita Martínez de Leal.
El lunes pasado, en ocasión de la reconstrucción de los hechos del 11 de marzo de 1976, surgieron una serie de elementos que hacen suponer que la fuerza no pudo haber sido ajena a los sucesos. Ragone fue secuestrado a poco más de 100 metros de la vivienda del entonces jefe de Policía, Miguel Gentil, custodiada por dos policías que no escucharon los disparos de pistolas y ametralladoras. El exmandatario conducía su auto por la calle Del Milagro y fue atacado cuando cruzó el pasaje San Lorenzo. Se escucharon al menos 5 estampidos, uno impactó en el hombro de Martínez de Leal cuando observaba la escena. En el otro pasaje (A. Saravia) los delincuentes mataron a Arredes, siguieron por Del Milagro y pasaron a metros de la casa de Gentil, en el pasaje I. Gómez. La pericia sonora determinó que era imposible que los suboficiales Pedro Herrera y Nelson Herrera no hayan oído los disparos.

Si se tiene en cuenta que en aquella época estaba en auge la guerrilla y que en el radio donde ocurrieron los hechos vivía la máxima autoridad de la Policía, es evidente que esa era una zona militarizada. Con este escenario, es imposible que delincuentes comunes hayan osado ejecutar semejante atentado, pasar al lado de la casa de Gentil y escapar con tanta facilidad llevándose a Ragone herido de muerte en su propio vehículo. El hecho de que todo haya sucedido en una área militarizada seguramente favoreció más aún el accionar de los delincuentes para lograr impunidad. En la requisitoria fiscal se expresa que los autores del crimen “preordenaron su conducta para matar, se aseguraron el número suficiente de personas y contaron con las armas y los medios que les proveyó la policía”. A esto se sumó que actuaron a cara descubierta y que tenían orden de eliminar a cualquiera que se les cruzara en el camino y por eso no dudaron en asesinar a Arredes, pese a que era hermano de un alto jefe de la Policía. Todo esto compromete al comisario Joaquín Guil, quien era el director de Seguridad y, como tal, tenía a su cargo el control operativo en toda la provincia e impartía las órdenes de sus superiores. Al término de la reconstrucción, los querellantes Matías Duarte y Martín Avila no ocultaron su satisfacción por los resultados. “Fue a todas luces esclarecedora”, dijeron. El camarista Luis Giménez también efectuó el recorrido de los 19 kilómetros que hicieron los secuestradores hasta la salida de Cerrillos, donde dejaron abandonado el auto de Ragone. Allí el médico fue pasado a uno de los vehículos usado como apoyo. Se estima que ese trayecto lo realizaron en un tiempo no mayor de 10 minutos, tomando en cuenta que en esa época no había mucho tránsito y que no estaban semaforizadas las arterias que usaron los secuestradores para huir.

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