La velocidad con la que circulan los vehículos debido a la falta de reductores y controles viales, así como también la imprudencia de los conductores es uno de los mayores peligros.
Ocurre que muchos conductores no toman conciencia de que se trata de una avenida y no respetan las velocidades máximas permitidas, lo que convierte a este acceso en un lugar de alto riesgo. En febrero un auto que se desplazaba a gran velocidad, chocó violentamente a otro rodado que circulaba en igual sentido y luego se incrustó en una vivienda. Milagrosamente no hubo heridos de gravedad, teniendo en cuenta que en el domicilio se encontraban descansando dos personas, a muy pocos metros de donde se detuvo el rodado y en el auto que fue impactado desde atrás había varios ocupantes.
Este es un claro ejemplo del peligro que representa la falta de reductores de velocidad, sumado a la imprudencia de los conductores. Sin embargo, no es el único episodio de riesgo que se puede ver con frecuencia en ese sector. En la arteria conviven bicicletas, motos, autos y camiones. Hasta se han registrado inconvenientes ocasionados por la presencia de caballos sueltos, lo cual incorpora un factor de alto riesgo a esta problemática habitual.
El sector de mayor conflicto va desde el comienzo de avenida Rodríguez Jáuregui, en su intersección con Florencio Sánchez, hasta las vías del exferrocarril Mitre y el primer tramo de la ruta Nº 178. Los vecinos de los barrios Nuestra Señora de Luján (Atepam y 80 Viviendas), 12 de Octubre y Laguna del Virrey, utilizan esta avenida como vía de acceso rápido a la ciudad.
Si bien presenta en todo su trayecto señales de tránsito que indican límites de velocidad o prohibición de adelantarse, muchos conductores no las respetan.
Por otra parte, una gran cantidad de ciclistas utiliza la avenida y la ruta para realizar su rutina y tanto en pelotón como individualmente, generan un obstáculo para los demás conductores y un peligro para ellos mismos. Pese a utilizar una vía inadecuada para su práctica deportiva, algunos tampoco respetan la ubicación, obligando en ocasiones a los automovilistas a cruzar de carril para sobrepasarlos o circular a su ritmo, en los sectores donde existe la doble línea amarilla.
Una gran cantidad de factores se conjugan para dar lugar a este flagelo que amenaza a muchas localidades. Las causas más relevantes son la imprudencia, la falta de conciencia y la carencia de medidas para ordenar y regular el tránsito, no sólo en el radio céntrico sino también en rutas, accesos y avenidas de la ciudad.
Algunos vecinos opinan que la solución es colocar semáforos, badenes o lomos de burro, sin embargo hay que tener en cuenta el tema de la seguridad, por lo que debería tomarse alguna medida consensuada con los vecinos y usuarios.
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