Un informe del Partido Socialista de Olavarría y su Centro de Estudios sostiene que junto al plan de recambio de lámparas de bajo consumo se debe instrumentar un plan de recolección diferenciada, en vista de sus componentes tóxicos. Señalan especialmente el fósforo y el mercurio.
Desde hace varios años ya, hemos visto en diversos medios gráficos y en radio y televisión varias campañas acerca de las ventajas de cambiar el uso de las lámparas incandescentes por las llamadas de bajo consumo, ventajas que son ciertas en cuanto al ahorro energético que este reemplazo permitiría (relación con el cambio climático) las lámparas de bajo consumo ahorran desde un 75 a un 80 % de energía eléctrica contra una lámpara incandescente, ofreciendo la misma intensidad lumínica.
A nivel local la cooperativa de electricidad, y otras organizaciones llevan a cabo estos programas de recambio bombillas incandescentes. Lo cierto es que también las lámparas de bajo consumo tienen algunos problemas que deben ser tenidos en cuenta.
Las lámparas fluorescentes compactas (LFC) en su parte lumínica propiamente dicha - el tubo-, tienen un recubrimiento interior de fósforo (es el polvo blanco) y mercurio, en una cantidad aproximada de 2 miligramos. El informe del PSO y el Centro de estudios agregan que un tubo fluorescente normal tiene una cantidad de 200 miligramos: unas 100 veces más, dependiendo del tamaño del tubo.
El mercurio es un elemento muy tóxico, que tiene un efecto acumulativo, por lo que es indispensable tomar precauciones. El mercurio causa daños al sistema nervioso, a las funciones del cerebro, al ADN y cromosomas, provoca reacciones alérgicas, irritación de la piel, cansancio, y dolor de cabeza. Además tiene efectos negativos en la reproducción, causa daño en el esperma, defectos de nacimientos y abortos. El daño a las funciones del cerebro puede causar la degradación de la habilidad para aprender, cambios en la personalidad, temblores, cambios en la visión, sordera, incoordinación de músculos y pérdida de la memoria.
Es por eso, que junto al plan de recambio de lámparas de bajo consumo se debe instrumentar un plan de recolección diferenciada. Las LFC y los tubos fluorescentes no deben de ir al igual que muchos otros elementos de consumo diario, al relleno sanitario, sostienen los autores del informe.
Hace ya un tiempo que se efectúan campañas para depositar las pilas, que también contenían mercurio, en contenedores especiales, para evitar que su destino final sea el relleno sanitario. No serviría de mucho, evitar el mercurio de las pilas, en las napas de agua, si se deja pasar el mercurio de las LFC y los tubos fluorescentes.
Las lámparas LFC aparte del mercurio y el fósforo de sus tubos, tienen la parte necesaria para su encendido, lo que comúnmente se llama balasto, que en las actualmente usadas son electrónicos, (balasto electrónico) que deberían ser tratados como basura electrónica, del mismo modo que los celulares, computadoras y otros artefactos de uso cotidiano.
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