El secretario de Obras y Servicios Públicos asegura que por escasez de recursos, lo único que se hace es “llenar pozos”. Cuál es el estado de las calles de la ciudad y qué se debería hacer. La opinión de especialistas.
Otros especialistas coinciden en que el estado es preocupante y que debe llevarse a cabo un plan integral que contemple la repa-vimentación de una parte significativa de la planta urbana y el asfaltado de todas las arterias que aún no lo tienen.
“Estado de colapso”
Luego de la convocatoria hecha por DEMOCRACIA la semana pasada a través de su página web, en la que se consultaba por las obras de infraestructura necesarias para el desarrollo de la ciudad, la mayoría de los lectores pusieron al asfalto como el tema prioritario para ser resuelto.
El arquitecto Pinedo concuerda con esta percepción y va aún más allá: “Salvo la última repavimentación que se hizo en la gestión del intendente Mario Meoni, que incluyó Villa Talleres, la zona de la Escuela Nº 7, la avenida Libertad y un área del barrio Las Morochas, y otro sector que se hizo durante la gestión anterior que abarca parte de la calle Benito de Miguel y el barrio Nuestra Señora de Fátima, que si bien tiene algunas fisuras, se podría arreglar de manera sencilla; el resto está no solamente finalizada su vida útil desde hace mucho tiempo, sino que está prácticamente en estado de colapso”.
El funcionario reconoce que en la actualidad “el mantenimiento que se hace es de bacheo, pero está tan destruido que es imposible hacerlo. Hoy lo que hacemos es llenar pozos, porque llega un momento en el que el pavimento se resquebraja totalmente, se hace lo que se llama ‘piel de cocodrilo’, y cuando uno tapa un bache o un pozo, se hace otro al lado o un poco más allá”.
En coincidencia, el arquitecto Fidel Sánchez, quien fuera funcionario de Vialidad Provincial durante más de 30 años, advierte que “gran parte del pavimento ha sufrido un importante desgaste. En distintos puntos de la ciudad se nota un notable y creciente deterioro, no solo en las calles de tierra, sino en aquellas que supieron tener pavimento o asfalto de hormigón. Las hay con ‘serruchos’, con cunetas tapadas, con ‘cortadas’ hechas por la corriente de agua, con yuyos considerables y con falta de mantenimiento”.
Sánchez, ex secretario de Obras Públicas durante la intendencia de Roberto Sahaspé, sostiene que en materia de pavimentación “habría que empezar de nuevo porque está todo deteriorado, acá hay pavimento del año 50, y ése es el que más ha durado”.
No obstante, el ingeniero civil Arquímedes Quarín observa que “el pavimento de Junín, en general, no está malo, lógicamente que hay lugares en donde sí está mal”.
Quarín, que fue profesor de la materia Plantas Asfál-ticas, Concreto Asfáltico y Camino Crítico en la Escuela de Ingeniería de Caminos, explica que “en ingeniería vial, el estado del asfalto se mide por el índice de servicios, en donde se consideran diferentes factores. La situación que se observa en Junín es muy diversa. La avenida San Martín, por ejemplo, que durante muchos años tuvo un asfalto perfecto, ya está acusando señales de deterioro”.
El pavimento y sus condiciones
Según los especialistas, nuestra ciudad está ubicada en una zona en donde el suelo es muy bueno para el asfalto en cuanto a lo estructural.
Sin embargo, el asfalto tiene una vida útil. Dentro de los cánones establecidos, el pavimento flexible de tránsito urbano tiene una durabilidad que va de los 10 a los 15 años, y el de hormigón resiste entre 20 y 25 años. Es por ello que Pinedo señala que las calles de Junín están como están, “por la simple razón de que el pavimento ha envejecido”.
Uno de los principales “enemigos” del asfalto es el agua. Para Sánchez, “las zonas críticas están donde se junta mucha agua porque entra en la estructura de base, y la deteriora. Hay esquinas con agua permanente y eso es muy perjudicial para el pavimento, como por ejemplo, Lavalle y Francia, Uruguay y Almirante Brown, o Javier Muñiz y Alberdi”.
La cuestión presupuestaria
A pesar de los diagnósticos, este tipo de problemas siempre se chocan con la misma realidad: la eventual falta de fondos para solucionarlos.
El ingeniero Quarín considera que “en una evaluación general yo diría que faltaría más presupuesto para reparar muchas calles”.
Pinedo detalla que “la repavimentación puede salir unos 55 mil pesos por cuadra”.
El secretario comunal puntualiza que hoy en Junín hay alrededor de 200 cuadras de pavimento flexible que deberían ser repavimentadas y, a través de un crédito que otorgará la provincia, tienen prevista la repavimentación de un centenar de ellas. “En el tema de la pavimentación -agrega-, lamentablemente, si no hay un aporte importante del vecino, es una obra imposible de llevar adelante, salvo que hubiera alguna línea de crédito a través del Estado nacional o provincial”.
Pavimentación y repavimentación
La propuesta de Sánchez incluye una programación de al menos quince años: “Creo que lo más conveniente es hacer un plan de aquí hasta el año 2025 para el pavimento asfáltico en toda la ciudad de Junín y las localidades del partido”.
Asimismo, Quarín destaca la importancia del pavimento en las calles donde aún no llegó. “Cualquier pavimento que se haga donde no lo hay, es bienvenido -dice-, independientemente del tránsito que haya porque eso influye positivamente en muchos factores, desde el polvo que se levanta en la época de sequía, hasta el barro con las lluvias y el agua estancada. Hubo un estudio que demostró que era más caro mantener una calle de tierra que un pavimento económico”.
Sin embargo, Pinedo hace una diferenciación entre la reparación de lo existente y la colocación de lo que no hay.
“En cuanto a la repavimen-tación -describe-, a partir de este crédito, yo creo que el Municipio está en condiciones de hacer una primera etapa y en el término de uno o dos años, tomar un nuevo crédito para terminar con lo que hace falta. Es decir que se podría llevar a cabo en un plazo de unos tres años, siempre que exista la voluntad de tomar algún crédito, si es que hay en el mercado, sumado a la colaboración del vecino”.
Pero desde su análisis, la pavimentación barrial es un tema más complejo: “De acuerdo a la reglamentación vigente, el pavimento debe ser pagado por el frentista, y cuando uno más se aleja de las áreas centrales, la gente tiene menor capacidad contributiva, lo que hace más difícil que pueda pagar la pavimentación y la obra resulta complicada. De las 530 cuadras que se hicieron de cordón cuneta en lo que va de nuestra gestión, el recupero ha sido muy bajo, del orden del 30 por ciento, entonces acá hay un problema de solidaridad”.

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