Los gastronómicos coinciden en que a los clientes es a quienes más les cuesta adaptarse a las últimas normas de salud.Las medidas apuntan a mejorar la calidad de vida del consumidor y a reducir los gastos del Estado.
No todos los gastronómicos se mostraron contentos cuando El Tribuno les consultó acerca de las nuevas disposiciones, como la que prohíbe que se fume en espacios públicos y la que no permitirá a los locales de comida exhibir saleros en las mesas. Aunque coincidieron en que es al cliente mismo a quien más le cuesta acomodarse a estas nuevas normas.
“Me parece bien que el Estado contribuya al cuidado de la salud de los consumidores, aunque para ello se necesite de un control que no sé si se realiza. El tema es que ante cada una norma, tenemos que reordenarnos. Bastante gente se opuso a la prohibición de fumar en espacios públicos y hubo que explicarles reiteradamente que no se podía. Hubo clientes de siempre, que dejaron de venir e incluso se ofendieron porque no los dejábamos fumar”, respondió Clara, quien administra un café en microcentro.
“Como gastronómica observo que hay un nuevo tipo de consumidor, que mira con buena predisposición las decisiones políticas sobre temas de salud, pero no faltan los que se resisten. Para ambos, consumidor y comerciante, cuesta un poco el cambio, pero es una cuestión de costumbre”, explicó Beatriz, quien hace 17 años trabaja en un restaurante.
Salta cuenta con una ley, relativamente nueva, que prohíbe fumar en espacios públicos cerrados, y ahora se suma la ordenanza que sancionaron (aunque todavía no fue promulgada) los ediles del municipio capitalino y que prohíbe a los locales de comida colocar saleros en las mesas.
Ambas disposiciones marcan una nueva y desconocida orientación legislativa en materia de salud.
En sentido contrario a estas opiniones, hay quienes sostienen que el Estado no tiene por qué decidir sobre aspectos de la vida privada y que no evalúan lo que para cada comercio significa restringirle al consumidor gustos de toda la vida.
“Creo que el Estado no tiene que meterse en cuánta sal come cada uno. Una cosa es que se impida fumar, es entendible porque perjudicás al otro. Pero respecto a cuánta sal consume uno, no entiendo la necesidad de entrometerse en algo tan personal como el gusto”, explicó Claudio, mientras ingresaba a un restaurante en la plaza 9 de Julio.
La jefa del Programa de Nutrición Institucional del hospital Oñativia, Rita Baragiola, sostiene que este tipo de legislaciones está orientado a la prevención.
“Se trata de educar a la población en el consumo de sodio, pero tiene que ir acompañada de campañas educativas. Hay que trabajar más para prevenir, en lugar de curar”, indicó Baragiola.
En el presupuesto 2012 el Gobierno nacional prevé el envío de $65 millones para Salta en concepto de programas de salud. De ese monto, solo $572 mil están destinados a programas de prevención y control de enfermedades y riesgos específicos.
“Para los cardiólogos, la ley 100% libre de humo fue un gran avance y seguramente todos están a favor de que se saquen los saleros de las mesas”, expresó la especialista en cardiología, Narcisa Gutiérrez.
En Argentina, la Universidad Nacional de Buenos Aires estimó que alrededor de 16 de cada 100 muertes se producen por el cigarrillo, y unas 40.000 personas mueren por año.
Economía para Salud
Para el sistema sanitario argentino, las enfermedades derivadas de la hipertensión, como los accidentes cerebro vasculares (ACV) y las que se originan como consecuencia del tabaquismo, representan costos altísimos desde un punto de vista social y económico. La primera implica erogaciones que superan los $100 millones de dólares por año en el país. Hoy, los avances tecnológicos le permiten a la persona que padece una enfermedad riesgosa poder vivir más años. Ello la convierte en un paciente crónico y el Estado carga con los costos por más tiempo, según explican especialistas en prevención.
“Al Estado le conviene hacer prevención para evitar excesivos gastos en el área de Salud”, explicó Gutiérrez. La especialista en enfermedades cardíacas agregó: “El 30 % de la población en Salta es hipertensa y el 21% tiene diabetes”.
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