La estrategia oficial fue bajar el perfil y dejar que la causa por el crimen de Mariano Ferreyra siga sólo en el terreno judicial. Boudou regresó al país y evitó a la prensa
Después de horas de tensión y de ejercer una fuerte presión política sobre la cúpula de los ferroviarios, el Gobierno siguió con atención los pormenores de las declaraciones judiciales de los dos principales acusados del crimen del militante del Partido Obrero, Mariano Ferreyra. Aunque, fue obvio, eligieron hacer silencio y bajar el perfil con la intención de despolitizar la causa y que quede, al menos en lo inmediato, en el terreno judicial.
Aunque dejen sus secuelas, las fotos que se sacó el barrabrava Cristina Favale, acusado de ser el presunto autor material del asesinato, con los ministros Amado Boudou (Economía) y Alberto Sileoni (Eduación) de a poco van quedando, para el Gobierno, de lado. Del mismo modo, la tensión que reinaba entre el matrimonio presidencial y, por ende, entre sus colaboradores, fue reemplazada por la expectativa que genera el desarrollo de la causa en los tribunales a partir de las declaraciones de los acusados.
Fue llamativo el rotundo silencio que se hizo desde las filas oficiales, pero no casual. Los funcionarios K recibieron la orden desde El Calafate: evitar las frases públicas que tengan que ver con lo ocurrido en Barracas. En el Gobierno están conformes con el accionar de la Justicia y sostienen que es “positivo” que haya detenidos y que la investigación avance.
Así lo admitieron por lo bajo fuente oficiales a este diario, quienes reconocieron también que Néstor y Cristina Kirchner están en permanente contacto con sus funcionarios y en particular con su jefe de Gabinete, Aníbal Fernández.
La estrategia de presión oficial comenzó antes de ayer y antes de que Favale se entregara a la Justicia. En paralelo el kirchnerismo movía todas sus fichas para que los principales costos políticos recaigan sobre la cúpula ferroviaria, por lo que apuntaron a su conductor José Pedrazza, uno de los integrantes de los denominados “gordos”. A tal punto que hasta el líder de la CGT, Hugo Moyano, salió a despegarse de ferroviario.
Con Favale y Pablo Díaz detenidos (delegado de los trabajadores del Ferrocarril Roca y acusado de reclutar barrabravas para la emboscada, respectivamente), la tranquilidad ganó la intimidad de los Kirchner.
Por eso Cristina ayer no utilizó su cuenta de Twitter @CFKArgentina, cuando 24 horas antes fue la herramienta principal para mostrar su enojo, defender a Boudou y Sileoni y criticar el paro que hicieron trabajadores del Roca en apoyo a su delegado.
No sólo hubo ausencia presidencial en la red social. En su única actividad oficial en Río Negro (donde visitó el Complejo Tecnológico de Pilcaniyeu como parte del relanzamiento del Plan Nuclear argentino), CFK no hizo mención ni al crimen de Mariano ni a las detenciones de Favale y Díaz.
Asimismo, la Presidenta suspendió su agenda de hoy en Tierra del Fuego (a donde la esperaba una protesta de trabajadores estatales), debido a que sufre una gripe con anginas y tendrá que guardar reposo durante 48 horas. Por ello regresará a Buenos Aires recién el jueves y hasta será censada en su casa.
Boudou, que estuvo en el centro de la escena debido a la publicación de una foto junto a Favale, también prefirió el hermetismo oficial. La propia Cristina lo había respaldado vía Twitter el domingo.Pero ayer Boudou, recién arribado al país, almorzó en la embajada de Brasil con embajadores de América Latina y el Caribe. Al llegar esquivó a la prensa y guardó el silencio requerido por los Kirchner.





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