Por Laura GarcíaFueron u$s 12,8 billones. Es el precio que pagó Estados Unidos por la crisis de Wall Street. Al menos así lo indica la estimación conservadora y por supuesto, polémica que oportunamente acaba de revelar un estudio a sólo unos días del cuarto aniversario de la quiebra de Lehman Brothers.
La cuenta, claro, no contempla los u$s 11 billones en riqueza que vieron evaporarse los hogares estadounidenses ni los propios costos para la industria financiera, que ya ha desembolsado más de u$s 2.000 millones en penalidades relacionadas con la crisis y redujo su valor en la bolsa en más de u$s 500.000 millones (considerando sólo los cincos mayores bancos).
En todo caso, el nuevo rescate de la Fed que bajo la críptica denominación de QE3 no es otra cosa que una monumental inyección de dinero llega precisamente como un recordatorio de que la crisis todavía sigue pasando factura.
El desempleo en EE.UU. se situó en agosto en 8,1%, lo que significa que lleva ya 43 meses consecutivos por encima del 8%. Después de tocar 10% en octubre del 2009, la Fed estima que no caerá por debajo del 7% al menos hasta 2014. De ahí la necesidad, explicó Ben Bernanke, de esta tercera ronda de compra de bonos, que se suma a la Operación Twist 1 y 2, que consistió en un canje de títulos cortos por otros más largos para mantener las tasas deprimidas pero sin inflar el balance de la Fed.
Según Bernanke, el QE1 y el QE2 habrían llevado a una suba del 3% en el nivel del PBI y contribuido a generar más de 2 millones de puestos de trabajo en el sector privado. Pero hoy el problema no es tanto la liquidez como la cuestión fiscal. Y el titular de la Fed se encargó ayer de recordarlo. La posibilidad de un sobreajsute (fiscal cliff) un mix de recortes drásticos del gasto y aumentos de impuestos que deberían entrar en vigencia en 2013 bien podría arrastrar nuevamente a la economía a un estancamiento si el Congreso no llega antes a un acuerdo para moderarlo.
Mientras tanto, en pleno calor electoral, los republicanos repudian en masa una política monetaria que para otros fue clave en estabilizar a los mercados financieros y contribuir a atenuar el deterioro de la economía real. Argumentan que el balance del banco central de EE.UU se expandió desde menos un billón antes de la recesión a casi u$s 3 billones (si bien se mantiene casi estable desde junio del año pasado cuando terminó el QE2) y que hoy Bernanke está imprimiendo u$s 3.300 millones por día o u$s 2,3 millones por minuto. Proclaman que nadie está pensando en la inflación y argumentan que la famosa exit strategy parece más bien un laberinto sin salida.
Y de hecho para algunos, la próxima burbuja es justamente la burbuja de los bonos. El rendimiento de los títulos a 10 años se derrumbó desde 5% en 2007, antes de la crisis, al 1,7% actual, en la medida en que el precio de los bonos se disparaba. Aún así, desde 2007, más de u$s 1 billón migró a fondos de bonos de Estados Unidos en busca de seguridad, cuando en el mismo período unos u$s 400.000 millones salieron despavoridos de las acciones. A su vez, la deuda nacional explotó desde u$s 5 billones hace diez años a u$s 9 billones en 2007 y u$s 16 billones en la actualidad.
Hoy un incremento de 200 puntos básicos en las tasas haría que los bonos adquiridos recientemente por la Fed generaran una pérdida (contable al menos) de más de u$s 400.000 millones, calculan en Wall Street. Claro que la Fed asegura que no tocará las tasas por lo menos hasta el 2015. Pero eventualmente deberá hacerlo y comenzar a desprenderse de los bonos.
La Fed hace esto para ayudar a Obama. Es un asunto político, dijo ayer John Cornyn, jefe del comité de campaña republicano del Senado.
A esta altura, de todos modos, el efecto del estímulo sobre el gasto agregado no será el de antes, explican los analistas. Pero Ben optó por seguir lanzando dólares desde su helicóptero. Hemos hecho un gran esfuerzo, y creo que lo hemos logrado, en mantenernos apartidarios y apolíticos, se defendió ayer Bernanke en la conferencia de prensa mientras los republicanos argumentaban que la necesidad de este QE3 confirmaba que las políticas de Obama para reactivar la economía habían fracasado. El mes pasado, Mitt Romney aclaró que de ser electo no volverá a nominar al ex profesor de Princeton para un tercer mandato después de enero de 2014.
La trilogía del QE quizás termine dirimiendo una carrera presidencial que todavía huele a empate.

Comentá la nota