Por Julián A. de DiegoCon más de un 35,26% de aumento se batió el récord de la temporada en aumentos salariales que colocaron el valor mínimo de convenio en $ 3000, en $ 15 la hora y en $ 90 el jornal. Lo más grave, es que con este valor no se ha dado la última palabra con lo que pueden darse otras negociaciones superadoras.
Se debate si hubo vulnerabilidad o imprevisión en el frente empresario o si había limitaciones en la capacidad para resistir eventuales conflictos, si el Ministerio de Trabajo actuó o no como debía, conteniendo a los actores sociales. Pero, en realidad, el resultado puso en evidencia la estrategia sindical. Su consigna fue la de superar todas las expectativas para descolocar a opositores, detractores y rivales internos y externos.
Es importante destacar la existencia de núcleos que pujan por desautorizar al sindicato justicialista. En especial los disidentes de la interna no peronista, donde existen las internas gremiales clásicas a lo que se incorporaron otras no tradicionales de agrupaciones como el PST, la CCC y el PCR, entre otros. En función de dicha estrategia, la realidad no sólo impone parámetros tradicionales, como superar por ejemplo la inflación real proyectada y la canasta familiar actualizada con los precios reales al público, sino que además es esencial lograr valores que dejen sin argumentos a los detractores y opositores. De hecho, eso es lo que ocurrió en la alimentación, con comisiones internas disidentes que siempre pidieron reclamos desproporcionados, para diferenciarse del sindicato, llevando los mismos a niveles absurdos.
En efecto, el aumento de la expectativa inflacionaria a 25% o más, sin dudas fue el agente externo más agresivo, teniendo en cuenta que en la era “K” nunca los gremios pactaron incrementos en los convenios colectivos inferiores a la inflación real. En febrero se cerraron acuerdos en torno del 20%, en marzo con el 23,5%, en abril el 26,5% y ahora en abril, saltamos al 35,26%.
Ya no existen dudas sobre la escalada salarial que se viene, y que fue generada desde las paritarias convencionales al lograr un dramático acuerdo entre la Federación de Trabajadores de la Alimentación (FTIA) con el sector empresario Cámara de Industriales de Productos Alimenticios (CIPA).
Lo grave del nuevo record del 35,25% no es sólo el incremento real y el aumento porcentual, sino el desarrollo del siguiente paso, que es cómo se va a instalar el mismo en cada fábrica, ya que los básicos y adicionales de los convenios son un piso o base a partir del cual se aplican las distintas modalidades de la remuneración, como los premios o incentivos, los adicionales fijos, y otras prestaciones relacionadas con las características peculiares de cada uno.
Es más complejo el problema de la descarga del aumento en aquellas empresas que por efecto de sus conflictos específicos dieron aumentos anticipados o sesgados de la política global acordada en la cámara de mantener unidas las posiciones para enfrentar con coherencia la crisis. En rigor, si el frente no se mantiene sólido y unido, quién más concedió al margen de la estrategia general, más caro y más costoso le va a resultar. Más caro, porque no será fácil administrar un aumento que ya se concedió y por ende, habrá que buscar un incremento adicional, y más costoso, porque no se logra -a pesar de todas las concesiones- la estabilización del conflicto interno, y por ende, la paz social es frágil y efímera.
Se plantean varias incógnitas. Una de ellas, es qué va a ocurrir con el Salario Mínimo Vital y Móvil, cuyo monto es de $ 1500 ($7.50 por hora, Resolución nro. 2 Consejo del SMVM), que rige desde el 1ro. de enero de 2010, y que no ha tenido ninguna actualización acorde con la inflación. Seguramente se reunirán hacia mitad del año para definirlo. En cualquier caso, si la escalada continúa, ya resulta claro que el ajuste no podrá ser inferior a la media, que ya están en torno del 20 al 30%, de modo que pasaría de $ 1500 a aproximadamente $ 1800 a $ 2000.
La otra incógnita se refiere a qué será de las negociaciones pendientes, y qué ocurrirá con las ya pactadas muy por debajo del 35, 26% de la alimentación. En el grupo de los pendientes, habrá una clara diferenciación entre los que ya alcanzaron el piso de $3000 en los acuerdos anteriores, y los que estaban en niveles inferiores. El riesgo que ahora se corre es que el nuevo piso sea justamente la suma de $3000 colocado en la categoría mínima más numerosas de la escala, y que los ajustes trepen a niveles superiores al 30%, escalonados en los próximos diez o doce meses.
Otro efecto es el que producen estos aumentos sobre los mandos medios, que se solapan con las categorías superiores de los convenios, y producen una tercera oleada de reclamos para que se mantengan las diferencias entre la base y los que la dirigen.
En lo que hace a los que ya firmaron, en general lo han hecho en el tope o techo de las posibilidades de cada sector. Por ende, es poco probable que exista una revisión de lo ya acordado. En rigor creemos que habrá que visualizar el curso real de la inflación, que frente a incrementos no inferiores al 23% solo evolucionó en torno del 10%, y para los observadores calificados, puede desacelerarse en este segundo trimestre o cuatrimestre.
En síntesis, un acuerdo como el de la alimentación será hoy el eje de todos los reclamos, un precedente peligroso para preservar la estabilidad tan deseada, en un contexto inflacionario de altísimo riesgo e inestabilidad.
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