Actos de Cristina con chapa de improvisados

La primera vez que Cristina Fernández de Kirchner visitó San Luis fue una fiesta para los militantes que la siguen, pero un verdadero calvario para la gran mayoría de los periodistas puntanos.
Perseguidos por los efectivos de la Policía de la Provincia de San Luis e ignorados por los organizadores, tanto en el Aeropuerto como en Juan Llerena, lo que debió ser parte del trabajo cotidiano, se transformó en una verdadera pesadilla, donde todos jugaron al Gran Bonete. Que los responsables son los de la Municipalidad, que no, que son los del gobierno provincial, que no, que son los de Presidencia de la Nación, pero sin importar quiénes fueron los responsables, lo de ayer fue de terror.

Ya el comienzo vino mal barajado, cuando al llegar al ingreso del Aeropuerto, en Avenida Italia, los efectivos policiales no dejaron ingresar a los móviles que trasladaban a los periodistas, con lo que no hubo más remedio que caminar ese kilómetro existente hasta el edificio aeroportuario, que, a las postres, fue la más livianita de todas.

Una vez en el Aeropuerto, vino la gran sorpresa, que a decir verdad ya no sorprende a nadie. Mientras el grueso de los trabajadores de prensa debían lidiar con cuanto policía se encontraba en su camino, quienes se desempeñan en el oficial Canal 13 y en el diario de la familia que parece seguir gobernando la provincia, estaban cómodamente esperando a la Presidente, dentro de la pista del Aeropuerto. ¿Ellos pueden trabajar donde se les antoje, mientras nosotros lo miramos por tv? Parece ser la pregunta del millón, pero que a la vez deja un trago amargo para las huestes del intendente Enrique Ponce, porque según nos “mintieron” era la gente de Presidencia quienes no nos autorizaban a entrar, lo que significa que la “gente de Presidencia” tiene mejores migas con el oficialismo provincial que con el mismísimo kirchnerismo local.

“Ustedes deben ir al palco de periodistas” era la frase favorita de cuanto uniformado había en el Aeropuerto. La sorpresa fue ver el famoso palco. Un dispositivo modular de un metro de ancho por siete de largo. El sentido común señala que se debe poner el lado más largo del palco, paralelo a donde va a desarrollar la actividad la Presidente. Al parecer, el empresario Rodolfo Negri (adepto a hacer negocios con el oficialismo provincial y ni lerdo ni perezoso, también con el poncismo) lo que menos tiene, es sentido común, porque hizo disponer el palco con el lado más corto hacia el escenario. Resumen: Cuatro camarógrafos en primera línea y el resto que se las arregle como pueda. Y como si esto fuera poco, el palco para la prensa fue colocado detrás de donde estaban los militantes con sus banderas partidarias. Resumen: Minga de imagen de la Presidente sin ser tapada por las banderas. Y que sepa Negri y allegados, que es imposible intentar pedirles a los militantes que bajen sus banderas para que la prensa pueda trabajar, porque para ellos fue una fiesta y el folclore militante, precisamente, muestra esa fiesta agitando a más no poder sus banderas. Lo lógico era poner el placo a un costado del público, de manera que la prensa trabajara con comodidad, y los militantes desplegaran al máximo su algarabía al ver a su líder política.

Como si esto hubiera sido poco, y al ver que en ese palco no había posibilidad de obtener buenas imágenes, decidimos colocarnos en otro lugar, y allí volvimos a las sorpresas. Al intentar salir con el colega de La Gaceta, César Strazza, dos uniformados se colocaron como verdaderos paredones en la salida y ante nuestro pedido para salir, no tuvieron mejor respuesta que decirnos: “de acá no pueden salir”, como si de convictos se tratara. Se podría decir, sin ánimo de ser exagerados, que estuvimos privados ilegítimamente de nuestra libertad ambulatoria por espacio de más de 15 minutos, hasta que de pura guapeza, salimos.

El lograr una mejor posición, pareciera que a los uniformados les encrespó los nervios, puesto que raudamente nos señalaron que allí iban las autoridades municipales y las nacionales que acompañaban a la Presidente. Pero no solamente los uniformados destilaron malos tratos, también un militante de Kolina, con un chaleco verde identificándolo, hizo gala de su mala educación a la hora de ordenar que desalojáramos el lugar. “Ese es un mimado de Carlos Ponce (diputado provincial, hermano del intendente y señalado como cercano a los hermanos Rodríguez Saá)”, dijo una persona allegada al intendente. Cuando llegó la hora de la llegada de Cristina, lo único que vimos en el lugar del que nos habían corrido, un grupo numeroso de cholulos/as que solamente se dedicaban a fotografiar y filmar a la Presidente, con sus celulares y sus cámaras fotográficas. La pregunta del millón: ¿Los cholulos/as pueden estar en primera fila, bien cómodos, mientras que los trabajadores de la prensa deben estar donde pueden y haciendo lo que pueden? Lo que afirmamos en este párrafo, puede observarse claramente en el video que acompaña una de nuestras notas de hoy, donde debido a la incomodidad, a los empujones, a los insultos de los cholulos/as, logramos la imagen de la Presidente durante algunos segundos, mientras el resto del video muestra nucas y peladas; celulares y cámaras, pero ninguna de periodistas.

En Juan Llerena fue peor todavía

Con la intención de poder brindarles a nuestros lectores todo lo ocurrido con la visita de Cristina a San Luis, una vez que finalizó el acto en el Aeropuerto, nos dirigimos a Juan Llerena, y allí nos fue peor todavía, porque cuando intentamos ingresar, con acreditación y todo, un uniformado provincial con su mejor cara de… nos espetó un “no pueden ingresar porque llegaron tarde”. Le explicamos que estuvimos cubriendo el acto en la capital y que para llegar a tiempo, puesto que todavía no empezaba el acto en el criadero de cerdos, tuvimos que viajar a velocidades extremas, pero al parecer un uniformado está para cumplir órdenes y no para tener sentido común. Su negativa siguió, hasta que pedimos hablar con alguien de mayor rango. Para ello se acercó el comisario a cargo de la seguridad del lugar, cuyo apellido no vamos a publicar para no darle la entidad que no tiene, quien de peor manera que su subordinado, ignoró nuestra intención de ingresar a trabajar, aun cuando teníamos la acreditación correspondiente que, al parecer, valía menos que un billete de tres pesos. Luego vino el jefe de policía, un tal Ubieta, quien se lavó las manos diciendo que era la gente de Presidencia la que no dejaba entrar, mientras que parecía que los muchachos de Presidencia eran invisibles, porque hasta ese momento eran sus efectivos quienes nos impedían el ingreso y ningún “hombre de Presidencia”.

Lo que queda en claro, es que los muchachos no aprenden más, ni los municipales ni los del oficialismo provincial ni los de la policía -con su jefe a la cabeza- y por las dudas, ni los “hombres de Presidencia”. No entienden, ni van a entender, que los periodistas vamos a trabajar, no a pasear o a decir acá estamos porque nos gusta perder nuestro tiempo. Solamente dejan trabajar con la tranquilidad que merecemos todos, a quienes cumplen funciones en Canal 13 y el diario de la familia que sigue gobernando San Luis, porque saben que una sola queja de ellos a los hermanitos jefes políticos, es el fin de sus calentitos sillones y sus más calentitos ingresos económicos; y porque saben que los demás nos podemos quejar una y mil veces, pero que esto no incomoda ni sus sillones ni sus bolsillos.

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