El obispo de Neuquén y vicepresidente primero de la Conferencia Episcopal Argentina, Virginio Bressanelli, afirmó que no quiere estar ajeno a los problemas sociales de la provincia.
En esta entrevista, Bressanelli, de 69 años, reflexiona acerca de la educación, la despenalización del aborto, la situación de la niñez, la minería a cielo abierto y las desigualdades socioeconómicas.
Cada uno de los obispos que lo antecedieron dejó una marca que ha conformado a la actual Iglesia de Neuquén. ¿Cuál cree que será su marca?
Jaime de Nevares fue un gran profeta que lanzó las grandes líneas de esta iglesia y eso continúa. Agustín Radrizzani trató de darle una organización, en tanto Marcelo Melani ha estado muy presente en la realidad de la provincia, siguió el mismo camino de los anteriores y acentuó la espiritualidad. El futuro de esta iglesia es caminar junto a este pueblo y ofrecerle el Evangelio de Jesús, integrado a la realidad, no desconectado de los problemas de la gente.
¿Cuál será su posición frente a los conflictos y reclamos salariales desde diferentes sectores que conforman una postal diaria en la provincia?
Mi actitud será no quedar ajeno a ningún problema porque el problema del otro es también mi problema, la necesidad del otro es mi necesidad. Yo no puedo estar bien si el de al lado padece algo injusto. La forma en que uno pueda posicionarse no es siempre dar una solución a los problemas sino que la forma es hacerse cargo de esa realidad, no desconocerla, acompañarla y aportar desde lo específico de uno. Actualmente hay diversos organismos que están aportando a favor de las soluciones sobre todo en los problemas sociales, y la iglesia tiene su parte. Yo no quiero estar ajeno. Me interesa que el laico cristiano asuma su responsabilidad como ciudadano en esta realidad que vive Neuquén.
Una realidad que muestra desigualdades económicas muy profundas y condiciones límites de existencia.
La realidad de la provincia es compleja pero a la vez muy rica. Creo en el alma del pueblo neuquino que tiene ese sentido profundo de los derechos humanos y está siempre alerta frente a las situaciones difíciles. Hay responsabilidades que tienen que crecer en todos los sectores. Indudablemente que los primeros que tienen responsabilidades y deberes son las autoridades de la provincia por haber sido elegidos para servir a este pueblo y no para sus intereses particulares. Pero también hay deberes de abajo. No siempre todo está permitido en lo que es el reclamo, no siempre podemos ampararnos en lo que necesitamos sin darnos cuenta de lo que necesita el otro. Y no lo digo sólo por los cortes de ruta. Hay que mirar todo desde el punto de vista del bien común.
¿La Iglesia tiene libertad para expresarse en este contexto?
Sí. La Iglesia tiene esa libertad de expresarse desde el Evangelio porque yo no soy un actor político, sino fundamentalmente un pastor. Y desde la perspectiva del pastor está la perspectiva de la fe, la perspectiva evangélica y algunos principios que son irrenunciables y que van más allá de lo religioso, como es la defensa de la vida, el valor de la familia, la importancia de la educación, la cultura del trabajo, la lucha contra la violencia, la inseguridad, la drogadicción, el problema del suicidio, entre otros. Es muy importante esa capacidad de iluminar desde la fe. Porque el hombre tiene una dimensión muy profunda tenga o no tenga fe. Uno de mis principios es el respeto a cada actor comunitario.
En los últimos días se ha difundido que las tasas de suicidio adolescente en la Patagonia y sobre todo en Neuquén han aumentado. Para los especialistas los problemas de comunicación dentro de las familias y el sentimiento de aislamiento y soledad influyen en las determinaciones.
El tema del suicidio me preocupa mucho porque es un tema que está estrechamente ligado a la vida. Me gustaría que todos los jóvenes puedan soñar. Es muy triste cuando un joven siente que sus sueños no pueden ser realizados. Es tremendamente doloroso que alguien, sobre todo un joven, piense que su vida no tiene ningún sentido y acabe con su vida en una forma tan frustrante.
La despenalización del aborto es uno de los grandes debates en la Argentina de hoy. ¿Cuál es su reflexión?
El análisis hay que hacerlo desde como uno se coloca frente al don de la vida. Hay una postura personal, íntima y hay una postura que es más reflexiva. La postura personal frente al don de la vida es ponerme frente a la vida como se puso su madre, como se puso mi madre en el momento en que nos llevaba en su vientre, aceptando el don de la vida. Sintió que era un don que tenía que respetar y que ella era instrumento de algo que venía pero no era dueña. Yo agradezco a mi madre que me haya aceptado a la vida. Conozco a un sacerdote en la Argentina que nació como fruto de una violación. Es un hombre totalmente generoso. El dice que su madre le contó como había nacido, y yo digo que grande que fue esa madre y que grande que es Dios que de un mal tan tremendo como es una violación sabe provocar un bien. Hay algo personal que tenemos que tomar así porque nadie de nosotros hubiese querido ser dejado afuera del don de la vida. Después hay otra visión que va más allá de lo religioso y es simplemente humana. Si yo respeto la vida, cómo no voy a respetar en primer lugar la vida humana. El planteo de la Iglesia es que no se trata de elegir entre dos vidas, sino luchar por las dos vidas, la vida de la madre y la del que está por nacer, son dos vidas que defendemos. Esto lo defendemos no sólo por motivos religiosos, sino por motivos humanos. Fíjese la postura humana del don de la vida del ex presidente de Uruguay Tabaré Vázquez, que es agnóstico, que vetó la despenalización del aborto. Yo le pido a los laicos que sepan defender esto pero también que lo defiendan con altura, y defender con altura quiere decir lejos de lo que son actitudes fundamentalistas donde es más el amor a la lucha que a la defensa de un derecho tan grande como es la vida.
En los próximos días se realiza una marcha en defensa de la Ley Provincial 2302 de Protección Integral por los Derechos del Niño y el Adolescente, normativa que ha sido atacada por diversos sectores y que no se cumple en su totalidad.
Luchar por los derechos de los niños y de los adolescentes es fundamental. La Iglesia de Neuquén siempre ha apoyado esta marcha. Actualmente el niño debe ser fundamentalmente protegido y podemos observar que existe una carencia de protección del niño, hay familias que se encuentran en situaciones de riesgo o no existe el núcleo familiar y entonces muchos niños son abandonados.
La minería a cielo abierto y el agua como derecho humano han sido dos grandes batallas por las que sigue luchando.
La casa común de todas las personas es el mundo, esa casa tenemos que hacerla habitable no sólo para quienes hoy la habitamos sino para los que vendrán detrás de nosotros. En ese sentido no se pueden usar impunemente los bienes naturales. Los bienes naturales tienen una finalidad social y hay que usarlos con mucha cautela porque no son renovables. Uno de esos bienes es el agua. Desde hace años la iglesia está señalando sobre el buen uso del agua y no se trata de una postura política o de oposición a una empresa, sino que es proclamar por un derecho para todos.
Hay que recordar que los obispos de la Patagonia presentamos en la cumbre de Copenhague en 2009 sobre cambio climático la importancia de declarar el agua como derecho, derecho universal, y al otro año tuvimos la dicha de que fue proclamada como un derecho universal.
En cuanto a la megaminería, a nivel mundial hoy se está contaminando más de lo que el ambiente mismo puede degradar. Es decir lo que se contamina en un día está necesitando un día y medio para ser degradado. Quiere decir que hay una acumulación de cosas no degradables que va a llevar mucho tiempo y a esto hay que ponerle un parate, hay que ponerlo debajo de un orden para que se proceda de la mejor manera.
¿Qué importancia tiene para la Diócesis de Neuquén que su obispo sea el vicepresidente primero de la Conferencia Episcopal Argentina, máximo órgano de la Iglesia Católica?
Muchos obispos me dijeron que mi designación como vicepresidente primero de la Conferencia Episcopal era un reconocimiento a lo que ha hecho la iglesia de la Patagonia. Muchos se sienten consustanciados con la postura de los obispos patagónicos. Desde hace años los obispos de la Patagonia reflexionamos juntos sobre diversos temas y tenemos luchas y desafíos comunes. Eso es lo que nos ha llevado a presentar una imagen muy querida y aceptada en el Episcopado.



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