Acto a 30 años del hundimiento del ARA General Belgrano

En la tarde de este miércoles, en la plaza Belgrano de Chacabuco, se homenajeó a Rubén Caticha y Luis Díaz, los dos tripulantes chacabuquenses muertos en el ataque al barco. Familiares de ellos y ex combatientes locales colocaron una ofrenda floral en el monolito que los recuerda. Habló la Secretaria de Cultura y Educación, profesora Julieta Pederzoli.
Pasadas las 17 hs., comenzó un sencillo acto que estuvo atravesado por la emoción que año tras año se hace presente en estas situaciones. Van treinta.

Con la presencia de los familiares de los dos vecinos muertos en el hundimiento de la nave, de los integrantes del Centro de Ex Combatientes Malvinas Argentinas, de funcionarios municipales y algunos vecinos, la ceremonia tuvo como oradora a la responsable del área de Cultura y Educación.

Pederzoli recordó que -cuando era docente- con un grupo de alumnos entrevistaron a otro chacabuquense, sobreviviente de aquel suceso: Carlos Daluisio, quien en esa entrevista manifestó su experiencia al retornar a Chacabuco, luego de la guerra. La funcionaria dijo que el ex combatiente remarcó la indiferencia de los pobladores ante su llegada y que ese relato encerraba una situación que se reprodujo -en general- en todo el país. También Pederzoli subrayó la necesidad de seguir ejercitando la memoria para con este acontecimiento y otros de nuestra historia reciente.

El hundimiento:

El 2 de mayo de 1982, el buque, que navegaba junto a los destructores ARA Piedrabuena y ARA Bouchard y el petrolero ARA Puerto Rosales, recibió el ataque con torpedos del submarino HMS Conqueror, fuera del área de exclusión militar de 200 millas de radio establecida por el Reino Unido.

Llegadas las 16.00 (hora en Argentina) de ese 2 de mayo, Margaret Thatcher se reunía con su gabinete de guerra en la residencia campestre de Checkers, cercana a Londres. Fue durante esa reunión que se dio la orden al comandante del Conqueror de hundir el crucero.

Dos torpedos -de los tres lanzados- que recibió el crucero, determinaron su hundimiento con la pérdida de 323 de sus tripulantes.

En otro de los buques, el ARA Piedrabuena, navegaba el chacabuquense Marcelo Semento, protagonista del rescate posterior de algunos sobrevivientes que se hicieron al agua en balsas. Ese rescate se vio entorpecido por las malas condiciones climáticas que reinaban en el Atlántico Sur.

También otro vecino de nuestra ciudad, de apellido Tabares, cumplía tareas en el rompehielos ARA Almirante Irízar, que se utilizó entonces como buque hospital. Allí fueron derivados en primera instancia los rescatados del naufragio.

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