Esta mañana en la Loma del Parque Municipal se realizó el acto por el Bicentenario de la creación de la Bandera Nacional y Primera Jura de Lealtad.
En principio, el jefe comunal y el presidente del Concejo Deliberante izaron la enseña patria; luego se entonó el Himno Nacional Argentino, interpretado por la Banda Combate de Perdriel.
Posteriormente, el párroco de la Iglesia Catedral Juan Sarasola ofreció una oración a la Bandera y más adelante, se dirigió a los presentes el intendente José Inza quien destacó el carácter independentista de la fecha celebrada y resaltó la figura de Manuel Belgrano.
Las palabras de Inza
“Todos los argentinos que soñamos con un país libre, justo y soberano vivimos este día de gloria con alegría y hondo sentido independentista. Este 27 de febrero simboliza de manera única y determinante la pasión libertaria americanista, encendida en la gesta de mayo de 1810. También pone de relieve la figura sublime de Manuel Belgrano, un héroe de la patria siempre reconocido, nunca discutido, pero a veces opacado por la historia oficial del siglo XX.
Un día como hoy, hace doscientos años, Belgrano tuvo el valor y la determinación de crear e izar por primera vez nuestra bandera patria. Aquel día, Manuel Belgrano, quien había sido comisionado por el Primer Triunvirato para defender las costas del Paraná de los ataques del ejército español, comandados por el gobernador español de Montevideo Pascual Vigodet, inauguró una nueva batería. La bautizó con el nombre de Independencia. Allí hizo formar a sus tropas e izó frente a ellos una hermosa bandera. El blasón había sido cosido por doña María Catalina Echeverría, una vecina de Rosario y tenía los colores de la escarapela: azul- celeste, blanco y azul celeste dispuestos en paños horizontales, en ese orden. Su creador ordenó a sus oficiales y soldados jurarle fidelidad y así lo hicieron con gran fervor.
El juramento merece un párrafo aparte porque constituye la mejor lección de historia que podíamos recibir los argentinos, aún en nuestros tiempos. Una lección para aprender verdaderamente. Decía así: "Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores y la América del Sur será el templo de la Independencia y de la Libertad."
Este corto párrafo es de muy hondo contenido. Se sintetizan muchas cuestiones aún hoy no resueltas en nuestro país y en toda nuestra América.
Si lo analizamos detenidamente vemos que Belgrano ordena a sus soldados: Vencer a los enemigos interiores y exteriores. Belgrano arenga a sus soldados expresando que: Si logramos ese objetivo América del sur será el Templo de la Independencia y la Libertad.
Vemos como entonces Belgrano ya hablaba encendidamente de libertad e independencia. También llama la atención, y esto no lo podemos obviar, cómo el glorioso general del Ejercito del Norte condiciona el logro de ese objetivo a la derrota de los enemigos interiores y exteriores. Esto es una clara muestra de la situación política que se vivía entonces. Las Provincias Unidas del Río de la Plata se encontraban bajo el gobierno centralista del Primer Triunvirato; éste, fuertemente influenciado en sus decisiones por su Secretario de Guerra Bernardino Rivadavia basaba su política exterior en la defensa de los territorios a favor de Fernando VII aún cautivo de Napoleón.
Vale decir: la Revolución de Mayo no era considerada para el gobierno central un movimiento propiamente libertario.
Belgrano tenía muy en claro que no sólo luchaba contra los enemigos exteriores, sino que también advertía las intenciones de pretendidos compatriotas, que jugaban sus cartas a favor de imperio español o de los intereses británicos en el Río de la Plata, según su conveniencia.
El ejército patriota tendría que haber combatido con la misma bandera que el español, solamente se podrían distinguir mediante la escarapela recientemente creada por el mismo Belgrano. En ese marco histórico - político adquiere un valor superlativo y conmovedor la determinación del héroe al crear este símbolo patriótico que nos identifica a todos. Ya no eran soldados identificados individualmente con una escarapela. Se trataba de un ejército, y de todo un pueblo marchando detrás de un mismo emblema, la bandera de la patria.
Fue un verdadero símbolo de libertad e independencia.
La reacción del Triunvirato no se hizo esperar, Rivadavia no deseaba disgustar a Gran Bretaña, ni a su embajador en Río de Janeiro Lord Strangford, con quien estaba negociando la retirada de los portugueses de la Banda Oriental, a condición de que no se mencionase el tema de la independencia.
La orden emitida desde el gobierno central era: "El gobierno deja a la prudencia de V.S. la reparación de tamaño desorden (la jura de la bandera), pero debe prevenirle que ésta será la última vez que sacrificará hasta tan alto punto los respetos de su autoridad y los intereses de la nación que preside y forma, los que jamás podrán estar en oposición a la uniformidad y orden. V.S. a vuelta de correo dará cuenta exacta de lo que haya hecho en cumplimiento de esta superior resolución".
Claramente el gobierno central no estaba pensando en la emancipación de las Provincias Unidas, ni mucho menos de la América toda. Sólo estaba negociando un cambio gradual de timón imperial. Los intereses de Inglaterra por las riquezas de América eran muy grandes y tentaban fuertemente a mercaderes y empresarios de entonces.
La orden tardó en llegar, Belgrano no perdió oportunidad de volver a izar nuestra bandera al bendecirla el 25 de mayo en la Catedral de Jujuy. Finalmente en julio, notificado el General obedeció el mando central y respondió la misiva con el dolor y el enfado propio de alguien que lucha por los ideales más sublimes.
La respuesta del General fue: "La desharé para que no haya ni memoria de ella. Si acaso me preguntan responderé que se reserva para el día de una gran victoria y como está muy lejos, todos la habrán olvidado".
Esta historia es épica y gloriosa, pero también aparenta tener un sabor amargo. Sin embargo la libertad, utopía de todos los seres humanos, es un logro que se acompaña de dolor, miedo, incomprensión y por sobre todas las cosas, soledad. Para ser libres tenemos que detentar una conciencia crítica inclaudicable que nos permita sacar nuestras propias conclusiones y actuar en consecuencia. El resultado puede ser óptimo, pero también podemos caer en el error. Sin embargo lo importante es que el rumbo propio está trazado y las metas son claras y concretas.
Manuel Belgrano siguió ese camino y creó la bandera que nos unió a todos los argentinos, emulemos a nuestro héroe y actuemos en consecuencia”.
El acto
La ceremonia continuó con la lectura de unas décimas a la Bandera de Alberto Belecco y la interpretación de El Triunfo por parte de Juan Carlos Maddío.
Finalmente, se realizó un desfile gauchesco que incluyó representantes de Azul, Cacharí, Chillar, 16 de Julio y Pablo Acosta y el tradicionalista Neldo Hernández realizó un recitado alusivo a la fecha.


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