Por Mariano GrondonaLos griegos llamaban "acrópolis" a la parte más alta de sus ciudades (de "akros", "extremo", y "polis", "ciudad"). En la acrópolis de Atenas se asentaban por ejemplo no sólo la "ecclesia" o asamblea de los ciudadanos y las últimas defensas militares, sino también el templo del Partenón dedicado a Atenea, la diosa de la ciudad. En la acrópolis palpitaba, por así decirlo, el alma de Atenas.
En las naciones bien ordenadas se ha llamado al presupuesto "ley de leyes" porque es en él donde el Congreso, en representación del pueblo, fija cada año la lista prioritaria de los recursos y los gastos. Pero encerrados en el sótano desde el cual gobernaron por siete años, fueron los Kirchner y solamente ellos quienes determinaron hasta ahora el rumbo de la Nación. Lo hicieron mediante el apoderamiento de lo que llamamos "la caja", distribuyendo a través de ella los premios y las amenazas en torno de los cuales girarían como marionetas gobernadores e intendentes, ministros y legisladores, los más tímidos acechados por el temor y los más ávidos incentivados por la codicia, que son dos de las más deleznables pasiones humanas.
Hoy, cuando el Congreso vuelve a vivir, de él nos vienen las noticias contradictorias de votaciones imprevistas, giros escandalosos y ausencias notorias. Entre tantos ruidos, sin embargo, hay algunas nueces. Ellas consisten en la ofensiva que el Congreso ha iniciado para disolver el poder hasta ayer incontenible de "la caja". Ellas apuntan por ejemplo a limitar decisivamente el alcance de lo "decretos de necesidad y urgencia" (DNU) mediante los cuales el Poder Ejecutivo osó sustituir las leyes del Congreso. A partir de hoy, ellas lograrán devolver a las provincias, además, una parte sustancial del impuesto al cheque. Pero la nueva distribución del impuesto al cheque es sólo el comienzo de la restauración de los poderes legislativo, judicial y provinciales, que han iniciado una marcha en el fondo revolucionaria. Porque lo que importa subrayar en medio de los ruidos varios que provienen del Congreso es que los Kirchner han empezado a perder lo único que para esta pareja sin carisma y sin ideales ha sido el sinónimo del poder: la compulsión de la caja. Quizá sobre sus ruinas la Argentina republicana y federal que ahora renace podrá construir, piedra por piedra, la majestuosa acrópolis que, esta vez sí, la espera.
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