“Si te dicen que abren a las cuatro de la tarde, tenés que venir a las 2 para ganar turno, porque hay un cupo nomás”, dijo Gloria Santángelo, una mujer del barrio Reserva Este que en bicicleta se cruzó casi toda a ciudad hasta una distribuidora ubicada sobre ruta 16, para poder comprar una garrafa de 10 kilos de gas, ante la escasez del mismo.
“Acá los que atienden te ponen buena onda, te explican que ellos no pueden ampliar el cupo, pero esto viene mal desde hace casi dos meses”, indicó Ignacio Sánchez, remisero de Los Frentones que ayer intentaba comprar cinco garrafas para llevar a sus familiares de esa lejana localidad.
“Allá no hay y cuando traen, las venden a 45 y hasta a 60 pesos la de diez (kilos)”, manifestó ante el cronista de NORTE.
La falta de gas se sigue haciendo sentir en Sáenz Peña; ayer durante toda la jornada se vieron largas filas para poder comprar una garrafa de 10 kilos en las principales distribuidoras.
“Esperemos que se solucione este tema, llamaron desde el gobierno y dijeron que está en camino, de todos modos la gente está entendiendo esto y no se enoja cuando les decimos que no hay, pero ojalá se regularice cuanto antes el stock”, dijo un operario de una de las plantas proveedoras.
Entre la leña y el carbón
Muchas veces la gente debe recurrir al ingenio para poder sobrellevar situaciones de crisis que se afrontan en la vida cotidiana, pero esta vez este rompecabezas que parece no tener una pronta solución amerita otras cuestiones que van más allá del ingenio criollo, y la gente ya habla de volver a los braceros de carbón o cocinar con leña.
Norma Delia, vecina del barrio Santa Teresita, dijo que hace unos días atrás en un comercio del barrio le ofrecieron vender una garrafa de 10 kilos a $40, y manifestó que “esto es un gran abuso”, ya que la gente constantemente se ve obligada a comprarla porque es un elemento de primera necesidad.
Discusiones entre vecinos
“Mi vecina Olga se enojó porque yo traje dos garrafas y ella no alcanzó a comprar ninguna, pero no es mi culpa, porque una es para mi mamá y otra para nosotros”, comentó Adriana Sosa del Barrio Santa Mónica. Muchas veces la gente tiene que pelearse con otros vecinos para poder acceder a la tan preciada garrafa, porque los ánimos están bastante caldeados.
Sandra Gómez del barrio 50 Viviendas, apuntó que su esposo debió dejar varias veces el trabajo de remís, del cual subsisten, para tener tiempo de recorrer varios comercios de la ciudad en busca de una garrafa, y que para colmo le cobraron $ 45, todo esto luego de varias horas de espera en una distribuidora. Ya que luego de un buen rato en la cola de más de doscientos metros, se avisó a la gente que ya no disponían de más garrafas de 10 kilos.
Otra de las quejas, más frecuente, es de algunos comerciantes de barrio que dijeron que hace un par de meses les bajaban hasta cuarenta garrafas por mes, a un costo de $16. Pero que ahora desde hace 30 días solo les bajan veinte, “y a un precio de $22 y algunas veces a $24, para vender a $30 a fin de que me quede alguna ganancia”, dijo uno de ellos, “de lo contrario sólo estaría trabajando para la distribuidora”, se quejó y pidió reserva de su nombre, “porque si no, tal vez no me quieran vender más”, señaló.
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