Por: Ricardo Roa.No hay ninguna duda de que el intento de hacer desaparecer a Fibertel es parte de una guerra: la que el Gobierno libra contra Clarín. Y tampoco, que los Kirchner usan cualquier medio, sin importarles si son legales o no. Y sin preocuparse por las consecuencias.
Sólo se entiende bajo la lógica de hacerle daño a Clarín que el Gobierno no haya previsto algo que cualquier especialista sabe: unas 3,2 millones de personas se quedarían sin Internet porque las telefónicas no podrán absorber a los clientes de Fibertel en el plazo de 90 días que él mismo impuso. Por Twitter miles enviaron un promedio de un mensaje por minuto contra la decisión oficial. Y en Facebook, la mayor red social, se generaron grupos contra el cierre que en pocas horas sumaron más de 23 mil seguidores (ver Masiva reacción de la gente contra el intento de cierre de Fibertel).
Se armó tal zafarrancho que ya hay denuncias de asociaciones de consumidores porque el Gobierno los dejará sin opciones y tendrán una única empresa para contratar.
La justificación de la medida es tan burda como la medida misma: dicen que Fibertel se había disuelto como compañía. El caso es que está absorbida desde hace siete años por Cablevisión. No es ninguna casualidad que recién hoy se acuerden de esto. Tampoco, que no haya habido intimaciones ni sumarios como correspondía.
En el todo vale del kirchnerismo, sólo cuenta la acumulación de poder. Hoy el blanco es Clarín. Mañana puede ser cualquier otro medio y quienquiera que se plante frente a la arbitrariedad.
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