Se acerca el cobro del aguinaldo y ya recrudece competencia entre el comercio formal e informal

El comercio regular y el irregular se disputan las ventas durante todo el año pero la mayor batalla se dará en estas fechas, donde por el pago del medio aguinaldo, resurge una “fiebre de consumo” en casi todos los rubros.
Está a la vista, todos los días, la magnitud y gravedad que registra en nuestra ciudad la venta ilegal, que permite la comercialización descontrolada, en algunos comercios y en la vía pública, de una importante cantidad de variado tipo de artículos para el consumo, que incluyen discos, videos, ropa, juguetes, herramientas y toda clase de accesorios, pero también productos que tienen que ver con la salud de la población como anteojos y medicamentos, todos de procedencia irregular.

También existe la venta de autoestéreos, computadoras, CD o DVD de música o películas, autopartes, celulares, fármacos, bebidas alcohólicas, bicicletas, y muchos otros artículos cuyo origen no puede ser demostrado fehacientemente o bien carece de constancia de pago de la tasa aduanera.

El ámbito fronterizo que contiene a la capital provincial ha venido permitiendo por años la proliferación en la vía pública de esta actividad informal, donde no se pudo encontrar una alternativa válida para frenar este fenómeno, potenciado por la situación justamente fronteriza de la capital provincial.

La venta

Desde la venta sin autorización de anteojos de sol, que no están en condiciones de ser vendidos al público hasta sofisticados artefactos electrónicos, abundan a la venta en lugares que no emitirían factura.

En el caso de los anteojos, la mayoría de los que son para sol no contaría con los filtros de protección exigidos, aunque son aún más perjudiciales los anteojos pregraduados -con aumento y de lectura- cuya comercialización está prohibida en todo el territorio nacional.

El reino de lo trucho

También se conoce de sobra -y está a la vista de todos, inclusive en nuestra región- que “el reino de lo trucho” ha crecido de manera alarmante.

En los llamados comercios sin techo se venden productos ilegales de toda laya, sin que exista una verificación sanitaria o técnica permanente. Pero esa venta irregular que se improvisa en las veredas del “mercadito paraguayo”, es apenas el aspecto más visible de un gigantesco negocio en el que se enlazan distintos eslabones de ilegalidad.

Inciden también en esta suerte de anarquía no sólo factores económicos y hasta técnicos, sino también condicionantes culturales y sociales que permiten que el comercio irregular se expanda sin que las autoridades atinen a ponerle freno.

Pero cuando este gigantesco mercado negro sirve como vehículo para comercializar productos que interesan en forma directa a la salud de la población, es cuando más se extraña la ausencia del Estado.

Es imprescindible, en estos casos, que las áreas sanitarias, tanto provinciales como municipales, se ocupen por preservar la salud pública, tan claramente perjudicada por la industria y la venta ilegales de artículos que -como los anteojos de sol o los pregraduados- requieren encontrarse bajo el resguardo de estrictos controles oficiales.

El aspecto social

Si bien este tipo de comercio reñido con normas municipales y provinciales es muy amplio, también es cierto que le permite a mucha gente humilde comprar artículos que de otro modo no podrían. La causa profunda de todo esto es la pobreza. En una sociedad de pleno empleo, con la justa distribución de la riqueza, el comercio informal no existiría o sería mínimo.

Como dato extra, con el tiempo se fue “diversificando” la variedad de productos en oferta, por ejemplo ahora sería fácil hallar prendas de vestir de marcas adulteradas, como Adidas, Reebok, Lacoste, Cardon, Nike, Polo, Levis, entre otras.

En este sentido, hay que tomar conciencia de que toda la industria de ropa falsa engaña a los consumidores con una calidad que no es. Pero además, su fabricación se da en muchas ocasiones en condiciones esclavas para los empleados que las confeccionan.

Si bien en el “mercadito paraguayo” existen comercios legalmente habilitados y con local propio, los superan en número las “mesitas de venta”, que sin local a la vista, pueblan las veredas que están a dos cuadras de la Casa de Gobierno.

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