Las acequias mendocinas están desaprovechadas

Especialistas en irrigación señalan que se debería optimizar su uso y mantenerlas libres de suciedad. Tradición huarpe.
Mendoza se encuentra nominada para ser una de las siete ciudades más maravillosas del mundo. Sin dudas, uno de sus grandes atractivos es el sistema de acequias ante las cuales queda obnubilado cuanto turista visita la provincia.

Sin embargo, pese a que son protagonistas de la historia de este suelo árido, no son valoradas, cuidadas ni administradas correctamente.

Especialistas consultados aseguran que no conocen un sistema similar, de esta magnitud, en ningún otro lugar del mundo.

"Las acequias tienen dos funciones: el riego del arbolado urbano y la evacuación del excedente del agua de lluvia. Ninguna de las dos se cumplen correctamente", asegura el ingeniero en Recursos Hídricos e Investigador del Cricyt, Alberto Bich. Esto no implica que haya que eliminarlas sino que debe eficientizarse su funcionalidad y mencionan entre las principales causas una cuestión cultural, de educación por parte de la gente que tira basura y una gestión inadecuada del recurso por parte de las autoridades.

El asunto tiene diversas aristas por lo que el especialista asegura que lograr una resolución es una cuestión compleja.

Uno de los puntos negativos es que hay una proporción importante de estos canales por los cuales no circula agua, mientras que por otra parte la hidratación que brindan a los árboles es insuficiente.

Para el ingeniero agrónomo Sergio Carrieri, investigador de la UNCuyo y presidente del Consejo Provincial de Defensa del Arbolado Público, el gran problema es la impermeabilización que se ha hecho a través de la utilización de cemento en su construcción, dejando un pequeño espacio para que el árbol acceda al agua. "No hay explicación para lo que se hace, es ilógico", sentenció.

Riego insuficiente. Es una de las principales críticas al sistema que, desde sus orígenes, fue concebido para tal fin. Carrieri sostiene que deberían ser semipermeables ya que no sólo existen varios métodos para lograrlo sino que además eso está establecido en la ley provincial del arbolado. Ésta no es respetada por los municipios cuando encaran un proyecto ya que no lo aclaran en el pliego licitatorio.

Pese a que desde el Consejo han buscado remediar esta situación, no han encontrado eco entre quienes administran las obras municipales, mientras que el recambio de autoridades conspira contra este objetivo.

"Ocurre que son más caras y es más difícil su limpieza, pero así como están las cosas los árboles envejecen y se secan", sostiene.

De todas formas asegura que hay zonas donde logran subsistir gracias a las filtraciones de cañerías viejas.

Es necesario que el árbol acceda al agua no sólo en las inmediaciones del tronco sino en una superficie más amplia para que así pueda extender sus raíces y hacerse más fuerte para resistir el viento. "El riego del vecino sirve cuando la planta es joven, hasta que la copa tiene hasta 4 metros de ancho. Luego necesita más agua; si no, envejece", detalla.

Si hubiera mayor infiltración podría aprovecharse más el agua de lluvia.

Bich, por su parte, no condena la impermeabilización sino que sostiene que hay que determinar claramente cuál es el objetivo perseguido. "Cuando se utiliza para riego puede apelarse a que no circule tan rápido. Por eso un buen ejemplo es lo que se hecho en la Avenida Libertador (la principal de ingreso al Parque General San Martín), donde hay pequeños diquecitos para detener la circulación frente al árbol".

Acequias secas

Hay que destacar que todos los departamentos de la provincia cuentan con el sistema ya que se incluyen en los proyectos de construcción de los barrios. Sin embargo esto no garantiza la irrigación debido a la falta de circulación del líquido.

Carrieri explica que esto es así porque la mayoría de los municipios toman esta determinación: "Es por problemas constructivos como acequias ciegas y también hay acusaciones que atribuyen a Irrigación la decisión de no enviar el recurso". El investigador fundamentalmente destaca que en las comunas cada vez hay menos mano de obra para distribuirlo. Se trata de los regadores que van llevándolo desde una fuente principal y guiándolo a través de compuertas.

Agua de lluvia a la deriva

El investigador del Cricyt considera que la evacuación del agua de lluvia excedente de la Ciudad es una función importante pero que sin embargo están construidas de manera inversa para lograr este objetivo, ya que disminuyen su tamaño a medida que se alejan de la Capital cuando supuestamente llevarán más caudal.

Así, en algunas zonas de Godoy Cruz, la Cuarta Sección o Guaymallén, el agua circula más por las calles que por las acequias.

Cuestión cultural. La falta de educación respecto del cuidado del ambiente hace que las acequias sean un vaciadero de todo tipo de basura que no sólo impide la circulación sino que luego, cuando hay una creciente, termina diseminada en las fincas.

Detergentes en el cauce

"La Ciudad perjudica el sistema de riego", subraya Bich. Muchos particulares desagotan sus lavarropas en las acequias provocándose olores nauseabundos, mientras que sucede lo mismo con algunas industrias.

Otra problemática es la decisión individual de cubrir estos canales sin que haya ningún tipo de control municipal de la obra que exija, por ejemplo, rejas cada una determinada distancia que faciliten la limpieza. Asimismo en algunas zonas las construcciones suelen ocupar el espacio para que las máquinas trabajen, mientras que en el centro son criaderos para roedores.

"También hay que tener en cuenta que un buen mantenimiento exige más costos, pero la gente no quiere ni hablar de aumento de tasas municipales". concluye el ingeniero.

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