Acelerar, la receta para que nadie sepa donde está parado

Por Hernán de Goñi

Para el Gobierno, crecer con inflación no representa ningún problema. Y no lo sería si no fuera porque estamos hablando de un ritmo de incremento de dos dígitos por tercer año consecutivo. La dinámica se repite casi sin variación: salarios que registran mejoras reales sin importar el costo que asumen quienes los pagan, una demanda interna que dispara los precios y un consumo que se nutre cada vez más de bienes importados.

La Presidenta dejó en claro, al hablar ante empresarios e inversores en la Bolsa de Comercio, que desde su punto de vista un crecimiento alto es mucho más efectivo y valorable que un clima de negocios razonable. “Ustedes han tenido muy buena rentabilidad”, manifestó una y otra vez. Su visión transmitía casi un mandato: ganen dinero y no se preocupen por las reglas de juego.

Por eso la inflación resulta tan funcional al modelo. Gracias a ella el Estado recauda más, y por eso no siente temor al alimentarla, sino todo lo contrario: el dinero que emitirá el BCRA al transferir sus ganancias al Tesoro será como combustible para una caldera.

El Gobierno prefiere navegar aguas rápidas antes que padecer un PBI que se mueve lento. En el movimiento nadie sabe donde está parado. Pero ese no parece ser su problema.

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