Durante la primera jornada del debate oral y público contra el oficial de Policía José Luis Castillo, su abogado defensor insistió en sobre la actitud “imprudente” de uno de los motociclistas fallecidos, Alexander Viera, quien -según sus propios amigos- minutos antes hizo willy y maniobras en zigzag.
En el primer día de los tres programados para el debate las partes presentaron el caso y luego se escuchó a varios testigos. Aportaron sus testimonios el operador del Comando Radioeléctrico que dio aviso al patrullero sobre un llamado en el barrio Ranqueles (Javier Aragonéz), el acompañante de Castillo en el patrullero (Juan Pablo Díaz Echeverría), dos policías más que cubrieron la emergencia para la cual había sido convocado el móvil de Castillo (Rebichini y Brandam), el playero de la estación de servicio cercana al siniestro (Carlos Benentino) y finalmente los jóvenes que acompañaban a Viera y Quispe en la segunda moto: Daniel Solarino –conductor- y Jonathan Cosio –acompañante-.
La fiscal a cargo del caso es Ana Laura Ruffini, mientras que la defensa estuvo a cargo del abogado Armando Agüero y la querella en manos de Pablo Rodríguez Salto. Intervienen como jueces de Audiencia los doctores Alfredo Alonso, Carlos Pellegrino y como presidente del Tribunal Florentino Rubio.
Durante las declaraciones de Aragonéz y Díaz Echeverría las partes trataron de establecer qué interpretación le da cada policía a una “emergencia”, o una “urgencia”, para a partir de allí establecer la necesidad o no de utilizar las sirenas y balizas encendidas, según el interés de cada parte.
De todas formas, según los datos aportados por la Fiscalía y la Defensa, como así también los testimonios recolectados, la mecánica del accidente pareciera estar clara: un patrullero a exceso de velocidad, con sirenas y balizas apagadas, que embiste a una motocicleta cruzando una ruta a velocidad normal. Lo que discutirán defensa, fiscalía y querella, son las causales del siniestro.
El acompañante del patrullero, Díaz Echeverría, fue la única personas que afirmó que el móvil iba con las balizas encendidas y la sirena apagada. El resto de los testigos aseguró que no llevaba balizas, ni sirena encendidas.
Fueron los propios amigos de Viera quienes reconocieron que el joven, minutos antes del siniestro, condujo de forma “imprudente” camino a la Laguna La Arocena y en su regreso, donde la moto Corven que conducía la víctima acompañado por Quispe cayó en una calle de tierra por hacer willy y maniobras en zigzag.
Sobre ese dato insistió el abogado Armando Agüero y los jóvenes que testificaron, nerviosos, terminaron reconociendo que Viera esa noche “boludeaba” con la moto para provocar miedo a Quispe, quien llegó a pedir bajarse del rodado y cambiar de moto, pero Cosio –acompañante de Solarino- un par de cuadras antes del siniestro se negó al cambio, precisamente, por la actitud de Viera al volante.
Otro dato que llamó la atención fue una prueba importante que “se le escapó” a la Fiscalía: Viera usaba anteojos. Los lentes de aumento que utilizó esa noche Alexander Viera, como lo hacía a diario, volaron en el impacto y no fueron hallados por la policía, mientras que sí los encontró un abuelo de la víctima, pero se los guardó y no dio aviso a la Justicia.
La fiscal Ruffini reconoció en la audiencia que se había enterado un día antes del juicio que Viera usaba anteojos con aumento, y en el mismo debate, se enteró por boca de Daniel Solarino –conductor de la otra moto- que un familiar de Viera los había encontrado en el lugar del accidente y los tenía guardados en su auto.

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