A casi una semana de la finalización del evento religioso que convocó a más de 800.000 personas, tanto el tramo de la ruta 7 que atraviesa nuestro distrito como la rotonda de acceso todavía presentan gran cantidad de residuos. Las banquinas también están impracticables por el tránsito de carretas en la Peregrinación Gaucha.
A pesar de que el evento es una cita obligada del calendario religioso de Luján, la planificación de las tareas para devolver a la ciudad su aspecto habitual brillan por su ausencia. Si bien es cierto que durante domingo y lunes se limpió y acondicionó la zona turística y la calle Las Heras, principal vía de acceso de los miles de peregrinos que se acercaron hasta el templo, el panorama cambia radicalmente apenas se avanza hacia el Puente de Control.
Vasos descartables, bolsas de residuos, todo tipo de envoltorios de alimentos, botellas de plástico y hasta residuos orgánicos se agolpan en banquinas y cunetas a la espera de que el viento y la naturaleza hagan su trabajo y los reintegren al ciclo vital. No sólo no habían cestos o recipientes para desechar los residuos, sino que tampoco se realizaron trabajos de limpieza una vez finalizado el desembarco masivo de fieles.
Poco puede argumentarse contra este hecho que expresa más desidia que falta de presupuesto, especialmente tratándose de un evento que brinda la posibilidad de planificar con antelación y disponer del personal necesario para brindar a los visitantes un mejor servicio y devolver luego a los lujanenses la calidad de sus espacios y servicios públicos.
Kilómetros de ruta tapizados de residuos, a los que se suman las banquinas impracticables que dejó la Peregrinación Gaucha, no le hace justicia a una ciudad que quiere revalorizarse como destino turístico ni a los vecinos que deben desplazarse diariamente por ese camino.
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