Abren causa judicial por la apropiación de una beba en La Pampa

El secuestro de la niña tuvo como víctima a una madre santarroseña y como autor a un civil y un militar. No fue en el marco de una desaparición forzada, pero si el marco de impunidad con que se manejaron las Fuerzas Armadas. Comenzada la búsqueda de la joven por parte de la madre y la Secretaría de DDHH, después de 34, el Banco de Datos Genéticos dio con ella. Hace poco, ambas se reencontraron.
La Secretaría de Derechos Humanos de la provincia confirmó que hubo un caso de apropiación de bebés y supresión de identidad en La Pampa, ocurrido durante la última dictadura militar y en el que está involucrado un alto militar de esa época que habría participado del secuestro y ocultamiento. En el marco de esa causa, la justicia federal intentó detener al ex teniente coronel del Ejército Carlos Alfredo Sabbatini, quien cumplió funciones en el Destacamento de Toay entre 1974 y 1977, y hoy está prófugo.

En este caso, la apropiación no fue en el marco de la desaparición forzada de la madre a raíz de la represión ilegal desatada durante los años 70 por las Fuerzas Armadas para "combatir la subversión"; pero tuvo como víctima a una mujer a la que le llevaron su criatura en 1977 y la amenazaron para que no lo denunciara. El caso no tiene como contexto los crímenes aberrantes del Terrorismo de Estado, pero sí el marco de impunidad con que se manejaron los militares procesistas y la misma metodología en que se movieron las Fuerzas Armadas con su plan sistemático de robo de bebés. La justicia tiene datos que el oficial del Ejército entregó la beba a un matrimonio de Toay que la inscribió a su nombre de manera irregular. Después de 34 años, a raíz de la intervención del secretario de DDHH, Rubén Funes, se comenzó a indagar sobre el paradero de la criatura y se la pudo encontrar gracias a las muestras de sangre del Banco Nacional de Datos Genéticos. A comienzos de este año, finalmente, madre e hija se pudieron conocer.

La búsqueda.

La búsqueda tiene como punto de inicio el juicio de la Subzona 14 realizado el año pasado. Aunque esta historia, por seguridad y a pedido de la Justicia, no tiene nombres propios, los apellidos de sus protagonistas son muy conocidos en Santa Rosa. Durante las audiencias de 2010, uno de los testigos habló con el secretario Funes de una mujer a la que le habían secuestrado a su hija poco después de que diera a luz en 1977. Como funcionario público, inició entonces un expediente y se contactó con la mujer.

Funes, ya en conocimiento de la historia, acompañó a la mujer a realizarse un examen de sangre en el Banco Nacional de Datos Genéticos para intentar dar con su hija. Cuando se hicieron las comparaciones con otras muestras de ADN, surgió una coincidencia del 99,99% con la muestra de una mujer de unos 34 años, profesional de Buenos Aires.

Fue así que se acercaron madre e hija. Así se pudo conocer que la joven, alentada desde hacía tiempo por su madre adoptiva que sospechó de que pudiera ser hija de desaparecidos por las circunstancias en que se la habían entregado, le había sugerido que se presentara a dar su muestra al Banco de Datos Genéticos. Finalmente, después de 34 años, la hija pudo reencontrarse con su madre, su padre y sus hermanos, en Santa Rosa.

Testimonio de una madre.

Consultado Funes a raíz de la información judicial a la que accedió LA ARENA, el funcionario confirmó el caso y los pormenores. Aunque evitó dar detalles ya que hay una causa abierta, y para preservar la seguridad de las personas involucradas y su intimidad.

El caso tuvo así sus derivaciones judiciales, y surgieron datos inesperados. La víctima contó que en 1977 había dado a luz a una beba, a la que estaba amamantando. Era su segunda hija. Por entonces, trabajaba haciendo tareas de limpieza en una quinta ubicada en la zona de Villa Alonso, al este de la ciudad. El dueño de la vivienda era un metalúrgico propietario de un taller en la avenida Luro. El hombre también tenía fluidos contactos con los oficiales del Ejército, tantos que hasta se juntaba a cenar con los militares en su casa.

Una tarde, la mujer dejó a su hija de semanas en una habitación de la vivienda en la que trabajaba, según relató ante la Justicia Federal, y al volver no la encontró. La madre salió a la calle para buscarla y comenzó a gritar por ayuda. Y se dirigió a una parroquia que quedaba a pocas cuadras. Según explicó, allí fue atendida por un sacerdote al que le comentó lo ocurrido. Por respuesta, el cura le dijo que no dijera nada, que no era momento para denunciar lo que había pasado. Tiempo después, la dueña de casa le había dicho que se quedara "tranquila", ya que su hija iba a "estar bien".

La mujer relató que fue amenazada a no hablar de lo ocurrido y recién en 2010 contó su historia cuando se interesó la Secretaría de Derechos Humanos.

Historia de impunidad.

Esta pequeña historia es parte de la gran historia de impunidad con la que se manejaron los oficiales de las Fuerzas Armadas durante la dictadura militar. El caso, que podría haber sido un simple secuestro, tuvo otras derivaciones cuando la justicia comprobó la intervención de un oficial del Destacamento de Toay, su segundo jefe, el teniente coronel Carlos Alfredo Sabbatini.

Un testigo que se presentó ante Funes cuando se inició la búsqueda de la joven, relató que en 1977 un oficial había sido parte de la apropiación de la beba. Y esto después fue corroborado ante la Justicia Federal por otros testimonios de la familia adoptiva de la joven.

Allí se señaló directamente a Sabbatini. El militar, según los testimonios, fue el que llevó a la beba a un matrimonio que vivía en Toay, y que quería tener un hijo. A través de un conocido, la pareja inscribió a la beba como propia en la localidad de Carhué, Buenos Aires. La familia vivió después un tiempo más en Toay, y luego se mudó a Buenos Aires. Desde chica, la madre adoptiva de la joven le aconsejó que buscara a su madre biológica, ya que sospechaba, por su procedencia y la manera irregular en que se la habían entregado, que podía llegar a ser hija de desaparecidos.

Luego de que las muestras de ADN corroboraran la filiación y con los datos aportados por testigos, la fiscal federal Marta Odasso, comenzó a buscar al apropiador. El ex teniente coronel tiene domicilio en la zona norte del Gran Buenos Aires. A comienzos de este año, se pidió su captura y hasta una comisión policial fue a su domicilio. Sin embargo, el militar dejó de habitar el lugar y se desconoce su paradero. Se espera que en las próximas semanas se lo comience a rastrear nuevamente, ya que es uno de los acusados en la causa de la Subzona 14 II.

¿Quién fue Sabbatini?

Fue parte del Estado Mayor del Destacamento de Exploración de Caballería Blindada 101; y uno de los que está siendo investigado por la justicia federal en la denominada causa Subzona 14 II por su posible participación mediata en los secuestros y torturas a presos políticos entre 1975 y 1983. Sabbatini fue desde el 7 de diciembre de 1974 hasta el año 1977 el 2º jefe de ese Destacamento.

Además, está acusado por el fiscal bahiense Abel Córdoba en el caso del asesinato de dos ingenieros, Daniel Rigante y Juan Carlos Prádanos, secuestrados por un grupo de tareas en Bahía Blanca a fines de marzo de 1976 y masacrados en cercanías de La Adela, La Pampa. Este fue uno de los hechos más relevantes y menos conocidos de la represión ilegal durante la última dictadura militar en la provincia, ya que implicó dos crímenes en territorio pampeano.

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