Se abogó por la paz sin renunciar a la soberanía

Durante la emotiva ceremonia realizada en Cuyo y La Falda, el intendente Gustavo Bevilacqua instó a que las islas no se conviertan en "una cosa material, de petróleo u ovejas".
En un marco de emoción, sentimiento y solidaridad, cientos de bahienses se dieron cita a media mañana de ayer frente al monumento a los Caídos en la Guerra del Atlántico Sur --en Cuyo y La Falda-- para participar de la evocación de los 30 años del inicio de la contienda entre la Argentina y Gran Bretaña.

Tanto el Centro de Veteranos como las autoridades políticas locales coincidieron en remarcar la necesidad de seguir discutiendo, en un marco de paz, los derechos soberanos de nuestro país por las islas, por el propio peso de la historia y en homenaje a quienes lucharon por su recuperación.

Poco antes de iniciar el acto, el intendente municipal, Gustavo Bevilacqua, comentó a este diario la trascendencia de la fecha.

"La causa Malvinas, más allá de toda cuestión jurídica, es una causa de sentimientos arraigados en todos los argentinos y la perspectiva que nos brinda el paso del tiempo nos hace sentir cada vez con mayor firmeza esa pertenencia", indicó.

Justificó, además, que nuestra ciudad contara con varios monumentos y espacios públicos destinados a recordar esta guerra al reconocer que Bahía Blanca "ha dado sangre de sus hijos" en ese enfrentamiento.

El acto

Ninguna ceremonia en todo el calendario nacional tiene una respuesta tan nutrida en concurrentes y sentimiento como el 2 de abril.

Ayer, a tres décadas de la fugaz recuperación de Malvinas, los aplausos, silencios y corazones apretados formaron parte de un homenaje que se magnifica siempre con la presencia de ex combatientes y familiares de los 15 bahienses caídos en combate.

El marco climático de ayer fue magnífico. Un cielo celeste servía de fondo para esa especie de altar de acero inoxidable que integra el monumento a los Caídos, con la silueta de las islas recortadas en su parte superior, todos mirando, a través de ellas, al lejano sur donde, en 1982, comenzó ésta singular página.

Abrió la ceremonia el padre Horacio Fuhr, con su invocación religiosa, pidiendo a Dios vida eterna para los hombres que ofrendaron sus vidas "con una virtud heroica" y que sus familias sepan guardar en sus corazones ese esfuerzo que se mide por la voluntad de pretender armar una Nación.

Los veteranos de Malvinas hicieron entrega, luego, de un cofre conteniendo la bandera que durante 2011 flameó en el monumento a los Caídos en combate, a las autoridades del Colegio San Francisco de Asís, en memoria de dos ex alumnos del establecimiento: Hugo Galliano y Edgardo Behrendt, fallecidos en el hundimiento del crucero General Belgrano. La docente Ana Costabel, del colegio Don Bosco, leyó una poesía dedicada a los soldados.

Más tarde, el recitador criollo Horacio Catalani refirió la historia del gaucho entrerriano Antonio Rivero, uno de los primeros argentinos en izar la bandera argentina en Malvinas.

Colocaron sus ofrendas florales al pie del monumento representantes del municipio, del Centro de Veteranos de Malvinas de Bahía Blanca, de las Fuerzas Armadas, Fuerzas de Seguridad, Unión de Suboficiales Veteranos de Malvinas, Chicos de la Plaza Tambor de Tacuarí, Asociación Judicial Bonaerense, PAMI y Roberto, un vecino completamente ataviado con los colores de la bandera nacional.

Un párrafo aparte merece el momento en que familiares de los caídos se acercaron al lugar para dejar ofrendas a sus seres queridos. Acompañados por veteranos de guerra, los pocos minutos que duró ese momento fue seguido por un aplauso sostenido de todos los presentes, que acompañó el momento más sentido del acto.

También se plantaron dos ejemplares de araucaria, María Montenegro hizo entrega al Centro de Veteranos de un cuadro bordado de la Virgen que llevaron los soldados en Malvinas y, por último, hubo un toque de silencio que puso punto final a los reconocimientos.

Tiempo de palabras

"Las Malvinas son y serán Argentinas". Con esta frase inició su discurso el presidente del Centro de Veteranos de Malvinas de nuestra ciudad, Ramón Romero, agregando que en 1982 nuestro país perdió una guerra "pero no los derechos soberanos sobre las islas".

"Hoy se cumplen tres décadas del inicio de las operaciones y estamos aquí para rendir homenaje a los que sobrevivieron, a los heridos, a los mutilados, a los que descansan en Malvinas o en el Atlántico Sur, a los que, desbordados por sus emociones, decidieron poner fin a sus vidas, a las mujeres, civiles y ciudadanos que sufren el efecto irremediable de esas ausencias", indicó.

Señaló que si bien recuperar Malvinas será siempre una "causa muy importante", hoy tiene que ser también "un compromiso por la paz", llamando a "no repetir los errores del pasado" y entender que esa soberanía es un objetivo establecido por la Constitución Nacional.

"Los veteranos bahienses apoyamos totalmente la tarea del gobierno nacional para recuperar, por la vía diplomática, esta tierra que nos pertenece, en especial por quienes entregaron su sangre y su vida", destacó.

El veterano mencionó además los avances que han logrado en los últimos años, con el buen funcionamiento de su obra social en PAMI y por un conjunto de programas destinados a atender a ex combatientes y familiares, lo cual refleja, indicó, "que hemos transformado aquellos frentes de batallas de 1982 en nuevos espacios de participación".

El último orador fue el jefe comunal, Gustavo Bevilacqua, quien abrió su discurso destacando que la fecha estaba destinada de manera especial a todos los veteranos y caídos en Malvinas.

"Hoy el día es para ustedes, para el espíritu de quienes dejaron la sangre y quienes siguen luchando todos los días", señaló.

Remarcó que el paso del tiempo permite tener una perspectiva de lo ocurrido en 1982, para reconocernos como "un pueblo de paz", evitando juzgar las circunstancias que llevaron al gobierno de turno a tomar las islas por la fuerza, pero que nadie puede discutir "los derechos absolutos" de nuestro país sobre las islas.

"Creo que tenemos que ver la causa Malvinas con el sentimiento, especialmente el de quienes estuvieron ahí. Nosotros somos responsables de mantener vivo ese destino de gloria, esa hidalguía, ese ejemplo de vida que se saca del corazón cuando ya no queda más nada", indicó.

Señaló, por último, que Malvinas no sea "una cosa material, de petróleo u ovejas", sino una cuestión del corazón. "Por eso nunca va a dejar de ser una causa nacional", aseguró.

Faltaban poco minutos para el mediodía cuando los sones de la marcha de Malvinas acompañaron el cierre del acto. La gente, poco a poco, comenzó a dispersarse, aunque la gran mayoría se quedó en el lugar, entre abrazos, charlas y comentarios. Los gestos que generan un gran marco de contención para una gesta que sigue latiendo, sangrando y conmoviendo a pesar del paso del tiempo.

Ramón Romero

Entre la alegría y la tristeza

Ramón Romero --presidente del Centro de Veteranos de Bahía Blanca-- era cabo segundo --"recién salido de la Escuela", según refirió-- y tenía 19 años de edad cuando el 2 de abril, a las 6.45, llegó a Malvinas. Estuvo en las islas hasta la rendición, 79 días después, luego de participar en la mayoría de las batallas.

A la misma hora que terminó el acto de ayer, 30 años atrás, era uno de los soldados que limpiaba el aeródromo para permitir el aterrizaje de los primeros aviones.

"Eso estaba haciendo. Nos habían llevado hasta el lugar en un helicóptero desde el Almirante Irízar y nos pusimos a quitar los obstáculos que hacían inutilizable la pista", explicó.

Mientras hacía ese trabajo vivió una emoción indescriptible: sus ojos vieron como se arriaba la bandera inglesa y se colocaba el pabellón nacional.

"Sentí orgullo, alegría y una emoción que no se puede explicar con palabras. Después me tocó también el dolor, cuando el 14 de junio vimos quitar esa bandera", rememoró.

Romero reconoció, por último, que por estos días el Centro de Veteranos intenta mejorar la imagen del papel que cumplieron las fuerzas armadas en el combate.

"Es la lucha que llevamos adelante. Porque es cierto que hubo miserias, como en toda guerra, que deben ser juzgadas y castigadas. Pero también hubo actuaciones heroicas que todavía no se reconocen", indicó.

Palabra familiar

"Es una herida que no cicatriza"

Sebastián aceptó hablar con este diario minutos después de colocar flores en la placa que recuerda a su hermano, Luciano Guadagnini, oficial de la Fuerza Aérea, bahiense y caído en combate en mayo de 1982, mientras sobrevolaba el estrecho de San Carlos.

Acepta hablar, pero ante la primera pregunta sus ojos se llenaron de lágrimas y su garganta se cerró.

"Es muy difícil", dijo, en relación a asumir esa ausencia, esa muerte ocurrida 30 años atrás. "Mi hermano tenía 30 años. Murió en combate y su cuerpo quedó en el estrecho. Es un dolor que nunca termina de cicatrizar", explicó.

Luciano, quien al momento de morir tenía una hija y su mujer estaba embarazada, es uno de los héroes de esta historia, que ayer se mantenía viva en las lágrimas de su hermano.

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