Abel Albino es el "Mendocino del Año" para nuestros lectores

Abel Albino es el "Mendocino del Año" para nuestros lectores
El pediatra y director de la fundación CONIN lleva la solidaridad como bandera en su lucha contra la desnutrición infantil. "Ocuparse de los demás es un privilegio", asegura.

“Creo que ser solidario es una aventura maravillosa. Ocuparse de los demás es un privilegio porque uno se olvida de uno mismo y sale de su propio encierro para pensar en el prójimo. Eso es fantástico. Si todos pudiéramos hacer esto, el mundo cambiaría mucho”, explica el pediatra Abel Albino, quien lucha contra la desnutrición infantil al frente de la Fundación Conin.

Por eso es que los lectores de Los Andes reconocieron su trabajo, solidaridad y compromiso social y lo eligieron como “personaje” destacado del año.

Su acción ha atravesado las fronteras provinciales y es tan admirada que hasta se creó una cruzada en Facebook para que el médico sea postulado al Premio Nobel de la Paz.

De paso, la iniciativa que lanzó en octubre un fiel seguidor de su labor, Mariano D'Onofrio, pretende que las tareas que realiza la entidad sean cada vez más conocidas y las personas aporten su granito de arena, haciendo donaciones o sumándose como voluntarias. Conin arrancó en setiembre de 1993 en Argentina.

Seis año después él y sus colaboradores crearon el primer Hospital de Desnutridos del país, que funciona en El Algarrobal, Las Heras, pero tuvieron que cerrarlo por falta de apoyo y recién pudieron volver a habilitarlo en 2002. Hoy la fundación cuenta con 47 centros en todo el país y cuatro centros en el extranjero: dos en Paraguay, uno en Perú y otro en Gambia.

Albino transitó varios caminos hasta encontrar su verdadera vocación, esa que lo llevó a ser la cabeza visible de un enorme grupo de trabajo con el cual ha logrado beneficiar a más de doce mil personas y recuperar a mil desnutridos severos en el hospital de Mendoza, con cero mortalidad cuando en el mundo el porcentaje promedio es de 28%.

“Comenzamos a trabajar en pobreza y desnutrición, sabiendo que la principal riqueza de un país es su capital humano. Y que si ese capital humano está dañado, el país no tiene equilibrio”, cuenta Albino. Y reconoce que nada se habría logrado “sin la ayuda de tanta buen gente”.

“Una idea no sirve de nada si no hay quien la siga”, agrega. Por eso es que está convencido de que “los problemas que tenemos” se terminarán el día que “los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales, el empresariado y la comunidad” entiendan que deben trabajar de manera conjunta.

“No puede continuar esta eterna guerra del hombre contra el hombre. Tenemos que hacer la única guerra que vale la pena, que es la del hombre contra el hambre”, dice el pediatra. Sus orígenes Albino comenzó a estudiar Escribanía en la Universidad de Tucumán, pero al segundo año decidió cambiarse a Medicina en esa misma provincia.

“Siempre fue la ilusión de mi familia. De chico me habían estimulado para eso. Mi padre había querido ser médico y no había llegado, por ello es que me insistía a mí para que lo fuera”, cuenta este mendocino por adopción.

Cuando concluyó sus estudios decidió viajar a la Universidad de Chile para especializarse en pediatría por recomendación de un profesor al que le había comentado que le gustaban las enfermedades infecciosas.

“Es que él me dijo que la mayoría de las enfermedades pediátricas eran infecciosas”, aclara el médico. Al dejar Chile volvió a Mendoza y a los diez años de haberse recibido comenzó a trabajar con enfermedades infecciosas. “Pensé que iba a seguir con eso toda la vida hasta que un día vino a Mendoza el profesor Jesús Prieto, de España, que hace biología molecular en gastroenterología.

El tema me interesó mucho y de hecho viajé a España a colaborar con su servicio. Pero estar allá me producía una profunda tristeza porque los europeos estaban muy avanzados y me daba cuenta de que nosotros nos habíamos quedado mucho”, explica.

Una tarde de 1992 encontró un diario tirado en una acequia, que tenía una entrevista a la Madre Teresa de Calcuta que terminó siendo una revelación para él y le abrió los ojos. Así fue que decidió renunciar a su trabajo y regresar a la Argentina. “Ya tenía claro que tenía que servir, pero no sabía a quién ni cómo. Al poco tiempo volví a Europa y tuve la oportunidad de escuchar al Papa Juan Pablo II en un discurso, quien pedía ayudar a los más pobres. Me di cuenta de que la idea se había redondeado”, afirma Albino.

El paso final lo dio cuando organizó en Mendoza un encuentro al que concurrió el doctor Fernando Mönckeberg, de Chile. “Él vino a disertar sobre la única debilidad mental que se puede prevenir y revertir, la única creada por el hombre: la debilidad mental del desnutrido”, señala. Desde entonces nunca se alejó de la misión que le encomendó el destino.

Con él trabajan 57 empleados en Mendoza más varios voluntarios y más de mil personas llevan adelante las tareas de Conin en la Argentina para luchar contra la pobreza y la desnutrición. Pronto, la Fundación tiene planeado abrir dos centros más, uno en Perú y el otro en Gambia, donde ya trabajan para paliar las devastadoras consecuencias que deja esta enfermedad en la población.

Comentá la nota