El abandono y suciedad de una ciudad que parece no ser vista

El abandono y suciedad de una ciudad que parece no ser vista
La mugre de las calles, las pérdidas de agua, las veredas rotas, los yuyos, semáforos sin funcionar o algunas de sus luces, alumbrado público con luminarias que no encienden, la señalización destrozada son algunas de las tantas cosas con las que se encuentran a diario tanto peatones como conductores de autos y vecinos en general.
Existe un estado de desidia que invade, pareciera, a los necochenses, y no solamente a las autoridades, responsables del cuidado de los espacios públicos.

En la víspera, Ecos Diarios recorrió algunos sectores de la ciudad y constató, una vez más, la cada vez más deplorable situación de dejadez que existe hoy en las calles, avenidas y veredas de ciudad.

La recorrida comenzó por la villa balnearia, sector del cual hemos publicado crónicas y más crónicas sobre el abandono y retraso que presenta el centro turístico por excelencia, en esta gestión municipal y en las anteriores también.

En 2 y 79 y en 2 entre 85 y 87, hay dos pérdidas de agua desde hace tiempo, y la última directamente es un manantial, con el consecuente derroche de agua que trae aparejado.

Las pérdidas de agua se repiten en 34 y 67, en 67 y 56 y también en innumerables sectores de la ciudad.

La tierra y basura (bolsas, botellas, papeles, entre otros desperdicios) está desparramada por el centro comercial de la villa Díaz Vélez sin que, por lo visto, le moleste o preocupe a autoridad alguna ni a los frentistas tampoco. Los fines de semana por el lugar pasean necohenses y algunos visitantes también que deben toparse con esa suciedad y desprolijidad.

En la calle 4 entre 83 y 85 hay obras de agua y gas a medio terminar, es decir sin la colocación de baldosas y con escombros dejados ahí quién sabe desde cuánto tiempo atrás.

Agua podrida

En la rambla municipal, debajo del mirador que allí se encuentra instalado, hay un gran charco de agua verde, podrida, llena de basura, especialmente de cartones que alguna vez tuvieron vino, que despide un nauseabundo olor. Además, el lugar está lleno de mosquitos, situación propicia para que se genere y propague cualquier infección.

Los estacionamientos de los balnearios no son ajenos a esta foto triste y desoladora de nuestra costa marítima. Bolsas, botellas, pilas de tierra, escombros son parte de la geografía de los mismos.

Como si esta fuera poco, la avenida 75, entre 2 y 6, ya presenta las columnas de alumbrado oxidadas y el cantero del medio, si bien tiene el pasto cortado, en los costados hay tierra acumulada, que no ha sido barrida, y ahí ha crecido mucho yuyo.

Siguiendo por la avenida 75, pasando la 58 hacia la 74, aunque antes también, es mucha la acumulación de tierra en los costados del cantero central donde están ubicadas las luminarias y junto a los cordones de las veredas.

Incluso en la esquina de 75 y 70 falta una columna de alumbrado, está roto el cordón y pueden verse cables y caños, con el consiguiente peligro.

Centro comercial

El centro comercial tampoco se salva de esta situación, aunque no presenta el abandono de su par de la villa, existen algunas cuestiones que merecen remarcarse porque también hacen al orden y a la prolijidad de la ciudad.

Ecos Diarios realizó una nota, hace aproximadamente dos meses, sobre el estado de las veredas. Esta situación demuestra que no existe el control de policía que debería ejercer el Estado municipal con sus inspectores recorriendo e invitando a los propietarios, en primera instancia, a que arreglen sus veredas. Hay diferentes maneras de proceder, una podría ser que el arreglo se hiciera con mano de obra y materiales municipales con cargo al vecino, o que la Municipalidad aportara los materiales o alguna otra que surgiera de las ideas de los que tienen la responsabilidad de cuidar el espacio público, que no solamente es mantener monumentos y plazas.

En el centro comercial tampoco se controla el horario de los camiones para bajar mercadería, a propósito de los grandes rodados, estos circulan por la ciudad y especialmente los fines de semana, que “pasean” por el Parque y la villa balnearia.

No se cumplen ordenanzas, no se controla que no se viole la norma y así es como hay en las veredas carteles de los comercios gusto de cada uno, macetones y todo tipo de objetos en la vía pública, generando una polución visual además de interrumpir el paso. Ya volviendo para la redacción de Ecos Diarios, la esquina de 66 y 59, fue la última imagen de desazón, aunque ya asumida por todos desde hace años. Un icóno del desprecio hacia la ciudad.

El gran terreno baldío, donde antaño hubiera un hotel, es una especie de basural céntrico, con paredones en mal estado, aparece como una postal de la desprolijidad y la indiferencia, la foto que nadie quiere para Necochea y es urgente revertir.

El ex cine Gran Sud, con el supuesto peligro de derrumbe de su alero, con 60 años, de lo que fuera un majestuoso edificio, hoy es en plena calle 64 hospedaje de ratas y palomas.

No es una cuestión de presupuesto sino de actitud, gestión, compromiso, creatividad y amor por la ciudad donde se vive. Necochea no puede lucir así.

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