En apenas una semana, Juan Schiaretti terminó de cerrar un seguro contra incendios que le despejó el panorama financiero y lo alejó de aquel tembladeral que lo tuvo amenazado desde el arranque de su gestión.
Son noticias que le permitirán al gobierno actuar en dos frentes. Por un lado, los 400 millones de dólares del Boncor se usarán en el promocionado plan de obras públicas que, si se concreta, hará que el gobierno provincial, que siempre sufrió el vértigo de vivir en la cornisa financiera, pueda comenzar a mostrar las realizaciones concretas que hasta ahora casi no tuvo. Del total, 70 millones de dólares irán a manos de los intendentes, aunque todavía no se sabe cuánto recibirá cada uno.
Pero junto con esos fondos para obras, hubo un alivio en el frente financiero, el mismo que fue un eterno dolor de cabeza para Schiaretti desde el mismo momento en que asumió. Ahora, el plan de desendeudamiento de la Nación hace que Córdoba no tenga vencimientos hasta 2012, que el monto del pasivo se reduzca en 1.341 millones y que el remanente deba pagarse en 20 años a una tasa del 6%, lo que habilitó a Ángel Elettore, ministro de Finanzas, a decir que el peso de la deuda sobre las cuentas se irá licuando hasta desaparecer con el correr de los años.
Schiaretti compró un final en paz. Un aterrizaje suave en el último tramo de su mandato. Hace sólo un año todos los pronósticos vaticinaban la cercanía del desastre. Sin fondos, aislado políticamente y aún castigado por los Kirchner, la máxima aspiración del gobernador era sobrevivir.
Es cierto que el acuerdo con la Nación deja alguna espada de Damocles pendiendo sobre el futuro cercano. La Caja de Jubilaciones no ha erradicado su tumor corrosivo, ése que le hará perder 1.300 millones de pesos en 2010 y que es claro indicador de un desbalance que se intensificó notablemente cuando José Manuel De la Sota decidió que Córdoba haría efectivo el 82% móvil que hasta ese momento no había sido más que un anhelo.
Hasta el propio Osvaldo Giordano, titular de la Caja, dice que el sistema previsional cordobés es insostenible así como está. Y será el próximo gobernador el que tendrá que volver a lidiar con un rojo monumental y con la obligación de volver a negociar con la Nación un salvataje perpetuo si es que tiene la saludable intención de evitar el incendio que significaría no poder pagar las jubilaciones.
Si es sostenible o no el esquema jubilatorio cordobés, será un interrogante que seguirá quedando para más adelante.
Pero, lo concreto es que Schiaretti se salvó y que, además, podrá construir obras en el suspiro de mandato que le queda.
Ese es el actual panorama financiero. Pero, como ocurre siempre en política, nada es gratis. El gobernador, que supo ser uno de los más férreos opositores al kirchnerismo, ha venido atemperando sus críticas y sus gestos hostiles al poder nacional. Y la semana pasada hasta se habló de un acuerdo con la Casa Rosada que, en lo político, contemplaría que la elección para gobernador se haga el mismo 23 de octubre en que se votará para presidente de la Nación.
Ni Schiaretti ni José Manuel de la Sota -que está retrasando su lanzamiento porque sus asesores le han recomendado que se resguarde en este escenario político caótico que devora candidatos en meses- quieren saber nada con votar en la misma fecha porque siguen convencidos -las encuestas así se lo dicen- de que el kirchnerismo aún es un lastre difícil de remontar en la Córdoba sojera.
De la Sota presiona a Schiaretti para que desoiga los pedidos de la Casa Rosada y convoque para julio de 2011, meses antes de la elección nacional. Y, a la vez, trata de convencer a Kirchner -según han contado delasotistas y kirchneristas cordobeses- de que después, cualquiera fuere el resultado, el peronismo cordobés le dará todo su apoyo al candidato oficial del gobierno nacional para que haga el mejor papel posible en Córdoba. Aún no ha convencido al santacruceño, que si algo ha demostrado es que no es ni fácil de convencer ni tiene inclinación por comer vidrio.
En la Casa de las Tejas aseguran que no habrá definiciones hasta marzo o abril de 2011, que Schiaretti necesita oxígeno temporal para terminar de delinear la recuperación de su gestión, y que el acuerdo por el desendeudamiento y los 400 millones de dólares del Boncor le han dado la autonomía que no había tenido hasta ahora para soportar sin ninguna soga al cuello las presiones tanto kirchneristas como las del propio De la Sota. Es que el gobernador sigue apostando a que una mejora postrera le dé la proyección nacional que llegó a añorar durante el conflicto del kirchnerismo con el campo. Hoy, con fondos en los bolsillos, sigue añorando una posible candidatura a vicepresidente del inasible e inescrutable Carlos Reutemann.
Schiaretti piensa en sí mismo. Y de la Sota también. Pero nada será fácil para el PJ cordobés en 2011. Luis Juez, líder del Frente Cívico, sigue liderando las encuestas y ya no es el candidato increíblemente débil que fue en el interior en las elecciones anteriores. Ya no perderá por 30 puntos de diferencia en casi ninguna ciudad. Pero, más que Juez, lo que está preocupando al peronismo es hoy la UCR, cuyo candidato principal, Oscar Aguad, se ha encerrado en un inmovilismo que le está haciendo perder terreno de manera constante en las encuestas.
“Aguad prefiere jugar al golf los fines de semana y no recorre el interior. Se está cayendo a pedazos y nos preocupa porque esos votos no los capitalizamos precisamente nosotros. La mayoría va a Juez”, explicaron ayer cerca del gobernador.
Otra amenaza es Eduardo Accastello, que por el momento está decidido a ir solo, por fuera del PJ, y a abonar su camino para el 2015. Un dirigente que lo visitó hace días relató que el intendente de Villa María -al que se le ha plantado un frente interno encabezado por Alberto Cantero y Carmen Nebreda- no sólo es consciente de que puede hacerle perder la elección al PJ si él va como candidato a gobernador por el Frente para la Victoria sino que así lo desea porque una nueva derrota sacaría definitivamente del camino a la vieja guardia del justicialismo representada por De la Sota y Schiaretti.
Entre los ingredientes con que se cocina por estos días la política cordobesa, el que más abunda es la mezquindad.








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