Más que juntos, los peronistas aparecían mezclados en el acto de ayer. Y no mezclados al descuido, sino prolijamente: los buquistas, con 'Bali' y José Antonio; los lasistas, con Salamanco. Lo mismo los concejales: cada cual, con cada quien.
En sus discursos, 'Bali' y especialmente Salamanco tildaron de imprescindible a la mentada unidad peronista local, de la que tanto se habla en la recta final hacia toda elección. Ahora bien: para unirse de verdad -ir juntos no es lo mismo que mezclados- alguien tendrá que ceder. De otro modo, ambos grupos serán iguales a dos trenes chocando de frente, traccionados por sus líderes-locomotoras. O tal vez lo más genuino serían que ambas líneas cedan algo, para lo cual deberían abrazarse a otra vieja premisa del General Perón, al que tanto gustan citar: primero la patria, después el movimiento, por últimos los hombres. Siempre y cuando compartan un proyecto de ciudad, porque si sólo les interesa arrancarles la comuna a los radicales simonistas, todo esto sería en vano. Puesto en términos borgeanos: poco puede esperarse si no los une el amor, sino el espanto.
Otra alternativa es ir a una interna, y que el que pierda se encolumne, algo que figura en la teoría político-partidaria pero que rara vez se lleva a la práctica.
Los próximos meses serán cruciales, porque todos saben que para que la unidad 'prenda' en la gente, debería concretarse ya: casi nadie les creerá si, como ha ocurrido, se amuchan un rato antes de las elecciones.
José Castro
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