La llegada de la ola polar a nuestra provincia ha desnudado una situación que si bien era previsible, los catamarqueños no nos imaginamos jamás que podríamos sufrir como sufrimos estos días.
Es inenarrable el padecimiento de los andalgalenses durante casi dos días sin energía eléctrica, ni agua potable, producto de la falta de previsión de los entes gubernamentales.
En ese cuadro de situación agravado por la escasez de combustibles, velas, leña y carbón, se sumó la falta de comunicación por parte, tanto de EdeCat como del gobierno, cuyos funcionarios permanecían desaparecidos, guarecidos del espantoso frío, en sus confortables viviendas.
¿Adónde estuvo Brizuela del Moral cuando los andalgalenses más pobres -y los ricos también…- se morían de frío e incertidumbre? ¿Adónde, cuando los internos del hospital local no encontraban ni un pequeño espacio tibio? ¿Adónde estuvo el gobernador cuando además, clausuraron las rutas y cortaron las comunicaciones, para profundizar el aislamiento de la ciudad?
La naturaleza se mostró con furia sin par, desnudando la verdadera cara de Catamarca que hoy se ubica en el último lugar en el contexto nacional, debido a la ineptitud de sus gobernantes que a su vez, han demostrado absoluta insensibilidad para los que menos tienen.
Sería bueno que el señor Eduardo rizuela del Moral renuncie de modo inmediato a su cargo porque estamos convencidos –consideración seguramente compartida por toda la gente- de que un gobierno que no puede garantizar el bienestar de sus gobernados, debe irse, para evitar más sufrimientos en el pueblo y para que la historia sea magnánima a la hora de juzgarlo.
De una cosa estamos seguros luego de escuchar comentarios que nos permiten cuantificar el pensamiento del ciudadano andalgalense: si Brizuela, lejos de renunciar dignamente a su cargo , se postula para un nuevo mandato, muy mal le irá, al menos en este departamento que aporta millonadas al tesoro provincial y que es el más bastardeado por su estrecho pensamiento.
En realidad, nunca olvidarán los andalgalenses, el espanto de la noche del viernes hasta el sábado.
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