"En 2001, la Justicia hizo mucho para que se pacificaran los ánimos"

El que lo dice es el ex juez en lo Contencioso Administrativo Martín Silva Garretón, el primero en firmar una sentencia a favor de los ahorristas. A su entender, los recuerdos que se hicieron de lo que pasó hace diez años omitió el rol del Poder Judicial. Además, evita responsabilizar a los gobiernos de turno por la crisis. "Hay que ir a la conciliación de los argentinos", desea.
Hace más de seis años que Martín Silva Garretón no es juez. A los 68 años, si hay algo que parece entusiasmarlo de esa situación es que puede opinar de lo que sea sin ser observado con una lupa. Por eso, en una entrevista con LA CAPITAL, el primer juez en dictar una sentencia a favor de los ahorristas en plena crisis de 2001 no esquivó ninguna pregunta. Hizo memoria y dio su versión de lo que ocurrió en 2001, pero también habló de la Corte Suprema, del Gobierno y, sobre todo, de la relación actual de esos dos poderes del Estado.

-Usted fue el primer juez en conceder un amparo a favor de los ahorristas. ¿Cómo recuerda aquel momento?

-Evoco aquella época, paradójicamente, como una de las mejores en la vida profesional. En cuanto a lo que hubo que hacer, no a lo que deseaba hacer. Vi en televisión hace algunos días que algunos se mofaban de Fernando de la Rúa y creo que, de alguien que fue presidente de la república con el voto de muchos argentinos, aunque pasen diez años no es bueno mofarse. Hubieran desalojado igual a un gobierno peronista.

-También se cumplieron diez años del corralón.

-Sí. El corralito era más bien tímido. En el fondo lo que pasaba era que se estaba decidiendo qué se iba a hacer con la plata que no estaba. El corralón fue la definitiva violación de la propiedad. Está bien que la propiedad tiene que tener un fin social, que tiene límites. Hay un artículo del Código Civil que dice que 'dolo' en las acciones es toda disimulación de lo verdadero destinada a obtener un fin. Bueno, qué fue esto si no fue eso. O sea, hubo dolo. Dicho de otra manera, se engañó a la gilada.

-Algunos medios llegaron a decir que con las sentencias judiciales en realidad se hacía una defensa de la burguesía intermedia. ¿Fue así?

-Hubo algún medio de izquierda que lo señaló. Yo creo que eso tuvo también una visión estrecha. En realidad, lo que se quiso hacer desde la Justicia, por lo menos en mi caso, fue un poco la defensa de lo que estaba dado y establecido, que era la Constitución y la Ley. La Justicia, en la que yo estaba inserto, es la que se ocupa de poner equilibrio entre los intereses de particulares y estado nacional, provincial o municipal. ¿Qué significa esto? Poner orden cuando el Estado se exorbita.

-¿En realidad sus sentencias tuvieron que ver con varias medidas, no con una sola, verdad?

-Claro, en esa época se dicta la ley de intangibilidad de los depósitos. Que yo le digo la ley de los giles: no toqués tu plata que no te va a pasar nada. Unos días después, se dicta el primer decreto del corralito, que no permitía sacar de las cuentas salario más de 250 pesos por semana. Y después vinieron otra serie de restricciones a otras imposiciones: plazos fijos, cuentas corrientes. Por ejemplo, a vos te despedían y te pagaban como indemnización cierta suma que te permitía sobrevivir y no la podías sacar.

-¿Se acuerda cuándo fue la primera sentencia?

-El 4 de diciembre de 2001. Se llamaba "Castro contra el Estado Nacional". Puso el primer límite y dijo: 'señores, ésta es la Constitución que existe y el derecho de propiedad que existe, no pueden ir más allá'. Mi orgullo personal es haber dictado esa primera sentencia, que hizo punta.

-¿El sistema financiero tenía la plata para devolver los ahorros?

-No sé si tenía la plata o no, pero había participado de una fiesta que tenía que pagar. ¿Por qué no iba a pagar? Ese cuento de que todas las cosas eran millonarias es mentira. Las cosas millonarias no estaban más. Yo he visto gente prácticamente morir en los despachos. Era una cosa epopéyica, épica, de la Edad Media.

-¿Quiénes fueron los responsables de esa situación?

-Lo que yo quiero es sacar las culpas e ir al consenso y a la conciliación de los argentinos. Echarles culpas a De La Rúa o a Duhalde me parece una pavada. Hay que superar todo, ir adelante y que no suceda de nuevo. Adjudicar culpas a un gobierno o a un presidente, aún en los hechos luctuosos como las muertes, me parece, honestamente, un disparate.

-Usted habló de una fiesta. ¿Quién o quiénes la fomentaron?

-La fiesta en la Argentina viene desde 1492. Es muy larga. Creo que no habría nadie que le podría decir que esto no es así. No hay nadie que pueda negar que la Argentina ha sido una fiesta permanente. Pero la fiesta del corralito y del corralón empieza veinte, treinta o cuarenta años atrás. No es una cosa que fabricó De la Rúa, ni Duhalde, ni Menem ni Alfonsín.

-¿Qué le parecieron las rememoraciones que se hicieron en los últimos meses de aquellos años?

-Entre noviembre del año pasado y hoy se ha hablado hasta el hartazgo de este tema, y salvo muy honrosas excepciones nunca se habló de la Justicia, que es un poder independiente del Estado, supuestamente, y que hizo mucho por lo que puede llamarse pacificación de los ánimos. Ha sido un grave error en estos días olvidarse del rol de la Justicia, lo que es entendible porque la República Argentina no existe más. Existe algo parecido. No existe un estado republicano, representativo y federal. ¿Los legisladores nos representan? ¿Los jueces son independientes? Se ha ido unitarizando el estado argentino de un grado tal, que prácticamente es un estado unitario.

-¿Hoy la Justicia no es independiente?

-Sigue habiendo jueces muy buenos. No es que la Justicia no sea independiente, sino que hay una avanzada, como la de un elefante que pisa hormigas, del Ejecutivo, que ha tomado una preponderancia que abarca todo. No estoy criticando al Gobierno. Diría que es una realidad mundial. Por ejemplo, Estados Unidos también es una democracia que delega todo.

-¿Para usted el Gobierno tiene ansias hegemónicas?

-Hay una pretensión hegemónica. Pero los países se han ido poniendo inmanejables si no hay un enorme poder del Ejecutivo. Yo no puedo impedir que te maten mañana si estoy esperando que se reúna un Senado para impedir que te maten. Desgraciadamente es así. Además, el mundo se ha empezado a dividir entre un populismo, mayormente hegemónico o no, y un liberalismo.

-¿Qué opina de la Corte actual? ¿Es diametralmente diferente a la menemista?

-Ni la Corte menemista era tan mala en sus individualidades ni esta es tan buena en sus individualidades. Hay algunas cosas que no veo que se definan. Pero quizás es muy difícil el momento.

-¿Por la presión política?

-No, por la presión personal. Para empezar, el peor pecado de un juez es ser cagón. No ser cagón significa sentarse en silencio a pensar cómo resolver... porque el fin es el bien común a través de la Justicia. Por eso creo que la corte actual viene enfrentando una cosa muy difícil. Todos los jueces que la integran, estoy enormemente persuadido, como decía Alfonsín, quieren el bien común. Sería ridículo pensar otra cosa. Pero se enfrentan con un momento en que se ha acentuado el personalismo, el ejecutivismo, el populismo.

-¿Es malo el populismo?

-En sí mismo, no. Hay que ver cómo se lo maneja. Si se lo usa como una herramienta política destinada al bien personal del gobernante, no es lo mismo que si se hace el bien común dedicado a sacar, de manera inmediatísima, a una cantidad de gente de la pobreza extrema.

-¿Qué opina del kirchnerismo?

-Está en el momento más difícil del ciclo. Debiera estar más acompañado. Debiera permitirse estar más acompañado. Hay mucha gente muy buena que lo acompañaría. Incluso se cometen una cantidad de errores que se podrían evitar. Lo acabamos de ver en estos días respecto a la salud de la Presidenta.

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