Pagó $ 12.000 por el secuestro virtual de su marido

Una increíble historia padeció en la tarde de ayer un matrimonio de empresarios que por varios minutos se creyeron víctimas de un secuestro uno del otro. Ella en todo momento fue interlocutora, a través de su teléfono celular, del supuesto secuestrador de su esposo y recibía indicaciones de donde moverse a ir a depositar determinadas sumas de dinero, y su marido llamándola desesperado al teléfono celular que obviamente daba siempre ocupado.

Tras esta situación, el hombre se apersonó a la Comisaría Segunda a dar cuentas que su esposa podría estar siendo víctima de un secuestro express, después de que los empleados de la empresa le comentara que ella había salido en forma urgente, sin decir nada y en forma extraña.

Se trataba de otro de los denominados “secuestros virtuales” que usualmente suelen realizar reos desde alguna cárcel del país, y esta vez el dinero depositado vía correo con cobro instantáneo se depositó en un Correo de Córdoba. Cuando se informó al Fiscal Federal para detener la transacción, la plata ya había sido retirada.

Desde la Unidad Regional advierten sobre esta maniobra fraudulenta de estafa que a lo largo y ancho del país ha causado muchos y graves problemas.

Historia de un secuestro virtual

Silvia es una de las responsables de la estación de servicio situada en avenidas Roca e Yrigoyen, y en la tarde de ayer -17 horas aproximadamente- recibió un llamado al teléfono fijo de la estación donde inteligentemente se aprovecharon de una situación de desesperación ya que un interlocutor logró primero convencerla de que su marido había tenido un accidente y sacándole información determinada sobre el tipo de vehículo en que se movilizaba, pero una vez que consiguieron asustar a Silvia, directamente le manifestaron que lo tenían secuestrado y que junte todo el dinero que tenga y les pase su número de teléfono celular para seguir informándole.

La mujer les pasó su número telefónico, tomó dinero, lo puso en una cartera y enseguida recibió otro llamado a su celular donde le daban instrucciones de donde ir (una plaza primero, una sucursal del Correo Argentino después), pero también le decían que en ningún momento debía cortar la comunicación.

Silvia seguía al pie de la letra las instrucciones del supuesto secuestrador sin darse cuenta que sus empleados de la estación se percataron de que algo raro sucedía y cuando la vieron ascender a su utilitaria Toyota Rav 4 blanca después de meter mucho dinero en su cartera y la vieron arrancar y partir con rumbo desconocido, llamaron en forma inmediata al esposo que se encontraba trabajando en proximidades de la Seccional Segunda de Policía. Luis, el esposo, intuyendo que su mujer podría estar siendo víctima de un secuestro express, se apersonó en forma inmediata en la comisaría más cercana y alertó de la irregular situación.

A todo esto, Silvia se movilizó hacia la zona céntrica siempre manteniendo el largo diálogo con el supuesto secuestrador de su marido y hasta debió detenerse a comprar un chip y mientras estaba en la fila de Correo Argentino, debía mantener su teléfono siempre contactado con el interlocutor. “No cortes, pero bajá el teléfono y mantenelo siempre abajo y encendido que si te ven hablando te van a pedir que lo apagues, no hagas nada que haga peligrar la vida de tu marido, menos avisar a la policía si te la cruzas...” contaría luego la mujer a los sabuesos policiales. Como no se pueden hacer depósitos superiores a los 6.000 pesos, Silvia debió realizar dos a nombre y número de D.N.I. de otra mujer, a Córdoba, con cobro instantáneo.

Así fue. Cuando ya la policía toda estaba alertada de que podría Silvia ser víctima de un secuestro express, encuentran su utilitaria estacionada sobre la calle Almirante Brown, entre 25 de Mayo y Pellegrini, detrás de la Terminal de transportes. Cuando Silvia apareció se mostró sorprendida por la presencia policial, pero no obstante mantenía en todo momento la conversación con el supuesto secuestrador que le seguía pidiendo que depositara más dinero.

Cuando por fin se cortó esa comunicación, debieron pasar unos cuantos minutos para que la mujer entendiera que fue víctima de un secuestro virtual y con la llegada de su esposo al lugar se fundieron en un gran abrazo. Ni la una ni el otro habían sido secuestrados.

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