El zorro de arriba y el zorro de abajo.

Las matanzas de indios que las autoridades bolivarianas de Venezuela no dudaron en calificar de "genocidio" hicieron recordar a los extranjeros el activismo de los pueblos originarios de la región amazónica del Perú.
Es el flanco selvático de los países andinos el que también en Bolivia y Ecuador ha dado muestras de combatividad, como la marcha a La Paz desde el Oriente boliviano que está en la base de los movimientos sociales que llevaron, finalmente, y después de no pocas complejidades, a la victoria presidencial de Evo Morales.

LOS RÍOS PROFUNDOS. Fue precisamente Morales quien señaló, en un rasgo declarado poco diplomático, o poco bilateral, que las decenas de muertos que en la Amazonia peruana causó la revuelta indígena contra la explotación petrolera en tierras ancestrales hace de aquéllos mártires del TLC. El Tratado de libre comercio entre Lima y Washington sigue siendo fuente de orgullo para el gobierno aprista de Alan García, pero de repudio en las calles de la capital peruana (foto, en este caso por los indios quechuahablantes de la sierra).

COMUNIDAD. Si Estados Unidos trata de recomponer, desde el comienzo de la administración demócrata de Barack Obama, sus relaciones con el patio trasero de América Latina, son las potencias europeas, ex coloniales, las que por una parte deben decidir qué destino dar a los migrantes sudacas, y por otro representan un modelo institucional cada vez más alejado de realidades continentales que alguna vez creyeron en la Revolución Francesa y en la rusa. Es cada vez menos posible pensar –si es que alguna vez lo fue– que la vida política de América, el continente de los soñados recursos naturales, es una copia degradada de la europea.

AGUA. La canciller democristiana Angela Merkel en Alemania, el presidente neogaullista Nicolas Sarkozy en Francia, el opositor popular Mariano Rajoy en España y el opositor conservador David Cameron en Gran Bretaña fueron los grandes ganadores de la elección al Parlamento Europeo, después de los éxitos del cavaliere Silvio Berlusconi. La confirmación supranacional del curso elegido para dirigir y gerenciar la crisis es lo que buscaban estos gobiernos de centroderecha. Y lo encontraron en resultados electorales que fueron nítidos en la derrota de todas las alternativas de izquierda. Los opositores ingleses y españoles vieron con complacencia el fracaso de laboristas y socialistas. Aun en Portugal, donde el oficialismo está haciendo un gobierno que los indicadores económicos felicitan, el socialismo fue castigado en las elecciones parlamentarias europeas.

TODAS LAS SANGRES. Por primera vez, el partido Jobbik de Hungría ("Los Mejores") enviará representantes a Estrasburgo. Junto con la Guardia Húngara, un grupo uniformado que desde 2007 realiza campañas contra "la delincuencia gitana", está creciendo. Para los defensores, es un grupo que trabaja por recuperar la herencia y las tradiciones menoscabadas; para el resto de la población, Los Mejores son antigitanos y antisemitas.

En Holanda, el populista de derecha Geert Wilders, famoso por su película Fitna, contra el islam, sumó cuatro bancas y el 17 por ciento de los votos para el Partido de la Libertad, que él mismo lidera. En Inglaterra, el British National Party, descendiente de partidos filonazis anteriores a la Segunda Guerra Mundial, obtuvo sus primeros representantes.

EUROESCEPTICISMO. Lo único que tienen en común los grupos ultraderechistas es que sus votos se deben a la crisis europea. Pero junto a ellos hay otro grupo que crece y que son los euroescépticos. En Austria, en la República Checa, en Gran Bretaña o en Polonia, no son necesariamente extremistas y ni siquiera de derecha. Pero todos ellos sí tienen algo en común: que están en contra de Europa y de la idea europea. En este sentido, sí son nacionalistas. Son como los "separatistas" de la Unión. Los que creen que pueden "vivir con lo suyo". Éste es el nuevo grado de crítica y de oposición que la crisis ha provocado. Todos los observadores aseguran que se sobrevivirá al escepticismo, como también a la crisis. Sólo que estos críticos harán más difícil salir de ella, o encontrar una solución que pueda jactarse de ser adecuadamente común. Es el mismo dilema que enfrenta el presidente peruano Alan García, a pesar de que su impopularidad coincide con un gran crecimiento económico de su país, casi pornográfico en el contexto regional.

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