Zelaya le pide a Obama que presione más a los golpistas

El mandatario destituido buscó una vez más reforzar el cerco internacional sobre el gobierno de facto de Tegucigalpa. "Pido a Estados Unidos que enfrente con fuerza a la dictadura." Insulza y Arias bregaron por una salida diplomática.
Manuel Zelaya cumplió ayer su tercer día de guardia en la frontera que separa a Nicaragua de Honduras sin obtener ningún visto bueno que lo motivara para volver a intentar reingresar en su país. El retén militar se mantuvo firme y Zelaya eligió apuntarle a Washington para que aumente la presión sobre los golpistas y despeje cualquier duda respecto de su postura frente a la situación. "Le pido a la secretaria de Estado Hillary Clinton que enfrente a la dictadura con fuerza para poder hablar bien del presidente Obama y saber realmente cuál es la posición sobre el golpe", disparó el derrocado mandatario. "¡Que la Casa Blanca deje de evadir el tema de la dictadura!", arengó Zelaya, megáfono en mano y con sombrero texano, desde el techo de un vehículo acompañado por Nicolás Maduro, el canciller venezolano.

Zelaya se encuentra alojado en un hotel en el municipio nicaragüense de Ocotal, a 25 kilómetros de la frontera con Honduras y 225 kilómetros al norte de Managua. Desde allí, el mandatario derrocado buscó una vez más reforzar el cerco internacional sobre el gobierno de facto de Tegucigalpa al volver a apelar a sus colegas latinoamericanos. A éstos les pidió que sean más enérgicos en sus condenas y acciones si no quieren correr la misma suerte que él. "Esperamos de América latina, de los presidentes que no quieren les den golpes de Estado, que no sólo condenen este golpe sino que también nos ayuden a sacar a los dictadores para que vuelva la paz", señaló Zelaya. "El pueblo hondureño se siente acompañado, pero honestamente les digo una cosa: este grupo de facinerosos y militares golpistas se están burlando de todos los presidentes de América", agregó, tras lo cual acusó, sin dar nombres, a "algunos" presidentes de la región que, según el jefe de Estado, evitarían hablar de la represión y las violaciones a los derechos humanos que se sufren en su país para no tener que mezclarse en el asunto.

El hondureño aseguró, asimismo, que en su país los militares restringen en estos momentos la mayoría de las libertades públicas, entre ellas la de circulación, de asociación, y de opinión. "¿Qué delito comete el pueblo hondureño al querer reunirse en la frontera con Nicaragua con su presidente?", se preguntó. "¿Qué delito comete mi familia al venir a reunirse conmigo, que soy padre de mis hijos y esposo que está esperando abrazarse con su esposa y su madre?", insistió.

Del otro lado de la frontera se llega a El Paraíso. En esa localidad, a pocos kilómetros de las vallas, los alambres de púa y los fusiles se encuentran no sólo los cientos de hondureños que llegaron hasta ahí con la esperanza de hacer entrar a Zelaya por la fuerza a través de los puestos fronterizos, sino también su esposa, Xiomara Castro; su hija, Hortensia "Pichu" Zelaya su madre; Hortensia Rosales, y su suegra, Olga Sarmiento, a quienes Zelaya no volvió a ver desde el golpe de Estado del pasado 28 de junio. "Es una situación que nunca hubiéramos imaginado, nada la prepara a una para esto", le dijo Castro a la prensa mientras esperaba frente a un retén militar. "Llevamos como 50 horas esperando que nos abran el paso. Pero nos dijeron que eran órdenes estrictas de Micheletti no dejarnos avanzar", agregó a su turno Pichu Zelaya.

La familia del derrocado presidente, sin embargo, se encuentra protegida por decenas de amigos y seguidores que les ofrecen alojamiento cada noche. Muchos otros no tienen la misma suerte, y, luego de casi cinco días al borde de la ruta, el hambre, el cansancio y la incertidumbre comienzan a ser los principales temas de conversación entre los cientos de seguidores del depuesto presidente. En su mayoría se trata de hombres y mujeres que llegaron a la frontera de Las Manos sin más pertenencias que la ropa que llevan puesta. Apenas llegaron del lado nicaragüense para respaldar a Zelaya, les dijeron que se organizaría un campamento para apoyarlos. Pero, según Pablo Pérez, un campesino del departamento de Olancho, la cosa no está fácil. "No tenemos un lugar exacto donde dormir; hemos estado acá sin nada, ni siquiera un cartón para acostarnos", aseguró Pérez, quien agregó que desde que llegó está durmiendo a la intemperie en la plaza central de Ocotal. Eduardo Granados, campesino también y en la misma situación, no duda en afirmar que, según él, la única opción es hacer entrar a Zelaya por la fuerza. "Ya se agotaron todas las instancias. La única forma es que Zelaya entre con su pueblo. Todavía no somos suficientes, pero sé que está llegando más gente desde Honduras. Hay que arriesgarse", lanza.

Pero para Carlos López, el canciller de los golpistas, que Zelaya intente cruzar la frontera no es una opción. "O entra a Honduras y se le captura, porque ésas son las instrucciones, o se retira de la frontera con Nicaragua y vuelve a la mesa de negociaciones en San José de Costa Rica, que es lo que le ha pedido la comunidad internacional", afirmó.

Desde la comunidad internacional, ayer el mandatario derrocado no obtuvo los mejores guiños respecto dep su tentativa de cruzar a su país. José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, señaló desde Washington que si bien considera "legítima" la voluntad de Zelaya de querer reingresar a su país, su opinión es que sería mejor "esperar una conclusión" de los esfuerzos diplomáticos en curso". Oscar Arias, mandatario costarricense que ejerció como mediador, coincidió, a su turno, con el diplomático interamericano. Según le dijo Arias ayer al diario español El País , "la presencia de Zelaya en la frontera no ayuda a la reconciliación".

Sin embargo, según comunicaciones del Ejército de Honduras de último momento (ver recuadro), la presencia de Zelaya, después de todo, podría estar teniendo algunos resultados.

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