Zelaya intenta volver a Honduras, pero advierten que será arrestado

El presidente se propone volver mañana junto a una delegación internacional que incluye a la presidenta de Argentina para ser reinstaurado en el poder. Pero el régimen golpista ordenó su arresto por 18 cargos, incluyendo corrupción.
"Si Manuel Zelaya viene a Honduras va a ser detenido inmediatamente". La frase sonó categórica, la lanzó el presidente de facto, Roberto Micheletti y fue ratificada poco después por el fiscal general de la nación, Luis Rubí, que responde al nuevo gobierno. Esas palabras fueron repetidas hasta el cansancio en el Parque Central de Tegucigalpa, al pie de la estatua ecuestre del héroe de la independencia centroamericana Francisco Morazán (aunque se dice que, en verdad, esa mole de bronce representa a Simón Bolívar y que por error fue a parar allí), donde varios miles de manifestantes se apretujaron para escuchar al presidente de facto y, curiosidades de esta democracia, al golpista jefe de las Fuerzas Armadas, general Romeo Vásquez.

"Será detenido apenas toque el suelo hondureño", agregó Rubí durante una conferencia de prensa y citó una orden de captura emitida por la jueza Maritza Arita por 18 delitos, entre ellos desobediencia, abuso de autoridad, traición a la patria y corrupción. Rumores que circulan por Tegucigalpa dan cuenta de que le podrían caber, en caso de ser hallado culpable, hasta 20 años de prisión. Manuel Zelaya anunció el lunes desde Managua que mañana, jueves, iba a regresar al país en compañía del secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, y luego se supo que se sumarían el presidente ecuatoriano Rafael Correa y la presidenta argentina Cristina Kirchner, aunque aún no está confirmado que la jefa de Estado llegue a este empobrecido país centroamericano de poco más de 7 millones de habitantes.

En la conferencia de prensa, Rubí ofreció además "garantías y cooperación" a la familia de Zelaya para que salga del país, si lo desea. Y agregó que "de ninguna manera" hay acciones legales abiertas contra ellos. Rubí aseguró que instruyó al Ministerio Público para que acompañen a los familiares de Zelaya y su eventual proceso de salida de Honduras "sea debidamente hecho".

Sin embargo, el fiscal general no indicó si la familia, cuyo paradero se desconoce, tiene previsto abandonar territorio hondureño.

El golpe del domingo sorprendió a gran parte de la población, que creía superada esa etapa oscura en la historia del país, con sucesivas dictaduras entre 1954 y 1982. Zelaya asumió el poder el 27 de enero de 2006 para un mandato de cuatro años, pero a escasos seis meses de concluirlo convocó a una encuesta no vinculante para que la población se pronunciara a favor o en contra de llamar a una asamblea constituyente. Era para reformar la Constitución e impulsar una democracia participativa en lugar de la representativa.

Los opositores sostienen que el único propósito de la reforma era instalar la reelección, porque Zelaya aspiraba a perpetuarse en el poder. La encuesta que Zelaya quiso realizar el domingo, día en que fue secuestrado y enviado a Costa Rica, fue declarada ilegal por la Corte Suprema, el Congreso Nacional, el Tribunal Supremo Electoral y el Ministerio Público. También recibió el rechazo de sectores políticos de derecha, empresarios, la Iglesia Católica y medios de difusión, calificados por Zelaya como "oligarquía" y "grupos de poder fáctico".

El presidente ignoró esos fallos y en especial el dictamen de un tribunal de justicia y los militares lo sacaron violentamente el domingo de su residencia, en pijamas y a los tiros, y lo llevaron a Costa Rica en avión, en donde virtualmente fue dejado como un paquete. Micheletti nombró un nuevo gabinete, mientras varios ministros y otros funcionarios de Zelaya siguen en la clandestinidad, porque temen por sus vidas.

Ayer, en el Parque Central, en pleno centro de esta capital, varios miles de manifestantes se congregaron bajo un calor de fuego para escuchar al presidente de facto. Con remeras blancas, banderas hondureñas y carteles que decían "porque los buenos somos más queremos vivir en paz", jóvenes en su mayoría estudiantes, muchos profesionales y señores y señoras de buen pasar, gritaban a viva voz su repudio a "Mel" Zelaya.

"Este señor nos quería llevar a un régimen como el de (Hugo) Chávez en Venezuela, y este pueblo pacífico no quiere eso. Acá queremos la democracia", dijo a Clarín Ana Caballero, ingeniera industrial.

-¿Pero cómo? ¿quieren la democracia y avalan un golpe?, chicaneó este enviado.

-Es que acá no hubo golpe, fue todo legal, dijo, siguiendo un cada vez más complicado discurso oficial.

La concentración comenzó hacia las 10 de la mañana y se extendió durante tres horas, poco antes de que una lluvia torrencial cayera sobre Tegucigalpa. Antes, hubo tiempo para que el general Vásquez se defendiera en público: "Las Fuerzas Armadas lo único que hicieron fue cumplir con su deber constitucional". Los manifestantes gritaron: "Muchas gracias". En otra parte de la ciudad y a escasos metros de la Casa Presidencial, varios cientos de sindicalistas y miembros de organizaciones sociales colocaban de nuevo barricadas improvisadas, como el lunes, mientras demandaban la vuelta al poder de "Mel".

"Nosotros lo elegimos y sólo nosotros lo podemos sacar. Esto fue un complot", comentó Mariela, una estudiante de 25 años. El anuncio hecho el lunes por Zelaya de que regresará a Honduras mañana fue recibido por sus seguidores con alegría. "Tenemos fe en que regrese el jueves y a ver qué pasa. Vamos a resistir", dijo un joven que cubría su rostro con un pañuelo. El ejército, bien atrincherado en los alrededores de la Casa Presidencial y armado con palos de madera, trozos de hierro y hasta patas de sillas de aluminio, dispersó a los manifestantes con rudeza, aunque no hubo, como el lunes, enfrentamientos cara a cara y todo terminó en una rápida desbandada. Anoche, el gobierno de facto extendió el toque de queda entre las 9 de la noche y las cinco de la mañana hasta el próximo viernes, un día después de que, si cumple con su palabra, Zelaya retorne a Honduras.

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