Zelaya inicia el retorno a Honduras

El presidente depuesto intenta ingresar en el país por algún punto de la frontera con Nicaragua; el gobierno de facto reforzó la seguridad
TEGUCIGALPA.- La ficción no tiene futuro en Honduras. Ningún guionista de cine se atrevería a esbozar una historia en la que un presidente derrocado en un golpe de Estado tratara de cruzar un paso fronterizo para regresar a su palacio a ver si alguien dañó sus estatuas de fibra de vidrio. No, no hay ficción que soporte la estrambótica realidad hondureña.

Manuel Zelaya es un hombre porfiado y audaz, como toda la gente de Olancho, su tierra natal. Hace casi tres semanas, el depuesto mandatario de Honduras sobrevoló el aeropuerto de Tegucigalpa en su intento de retomar el poder. No lo consiguió. Y ayer, tras dar por fracasadas las conversaciones de San José de Costa Rica para hallar una solución de la crisis, emprendió una marcha incierta desde Managua hacia la frontera hondureña, con una primera parada en la ciudad de Estelí (200 kilómetros al noreste de la capital nicaragüense).

Antes de partir, Zelaya responsabilizó al gobierno de facto de Roberto Micheletti de cualquier baño de sangre que pudiera producirse en la frontera. "Yo espero que cuando las fuerzas armadas vean que en la frontera están el pueblo y su comandante en jefe, es decir, el presidente legítimo de la república, bajen sus fusiles para que se levante la bandera de la democracia. Nosotros vamos sin armas, vamos a buscar la paz y un acuerdo nacional en la frontera", explicó Zelaya, vestido con chaleco negro y sombrero de ala ancha, en una conferencia de prensa en la embajada de Honduras en Managua.

Al lado de él estaba Edén Pastora, el célebre "Comandante Cero" del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que asaltó el Palacio Nacional de Managua en 1978 y luego, años más tarde, desvió el plomo hacia sus ex compañeros del FSLN.

Escoltado por la policía nicaragüense, con honores de jefe de Estado, Zelaya cambió el caballo blanco con el que tomó posesión de su cargo en 2006 por un jeep del mismo color. Salió de Managua al volante. En el asiento contiguo se sentó el canciller venezolano, Nicolás Maduro. Pastora y Patricia Rodas, ministra de Relaciones Exteriores de Zelaya, se sumaron a la caravana, que partió a las 16.30, hora local.

Zelaya tenía pensado pernoctar anoche en Estelí, una de las ciudades emblemáticas de la resistencia sandinista contra la dictadura de Anastasio Somoza. Conocida como la "Guernica de América" por las bombas que arrojó sobre la ciudad la Guardia Nacional en 1979, Estelí es la principal ciudad del nordeste de Nicaragua.

Desde allí, a unos 100 kilómetros de la raya fronteriza, Zelaya se dirigirá hoy a Ocotal y a Somoto, los dos municipios más próximos a Honduras, a la espera de que sus partidarios vayan llegando a la frontera y lo ayuden a cruzarla mañana. La policía enviada por el gobierno de facto tratará de detenerlo por los 18 cargos que le imputa la justicia.

Honduras y Nicaragua comparten una frontera de más de 900 kilómetros, pero sólo hay tres puestos aduaneros para cruzar legalmente: Guasaule, El Espino y Las Manos. Zelaya no quiso desvelar cuál elegiría. La lógica indica que lo hará por Las Manos, el más cercano a Tegucigalpa. Pero en la crisis hondureña la lógica se ha pasado, como algunos dirigentes leales a Zelaya, a la clandestinidad.

Por su parte, las fuerzas armadas advirtieron ayer que no se harán cargo de la seguridad de Zelaya en caso de que retorne a Honduras, de donde fue sacado a punta de pistola el 28 de junio pasado. "No podemos responsabilizarnos por la seguridad de personas que, por fomentar la violencia generalizada en el país, están sujetas a ser atacadas, incluso por sus mismos partidarios, con el exclusivo propósito de constituirlas en mártires", señaló en un comunicado el Ministerio de Defensa.

Ver Zelaya emprende su regreso a Honduras en un mapa más grande

Refuerzan los controles

Mientras, al otro lado de la frontera nicaragüense, el ejército hondureño redobló su presencia con la instalación de varios retenes en la ruta principal que une Tegucigalpa y Las Manos. En numerosos cruces, los soldados paraban los ómnibus y obligaban a bajar a todo aquel que tuviera cara de zelayista, es decir, a los pasajeros de aspecto más humilde.

Las denuncias de abusos del ejército llegaron desde todas partes, especialmente desde aquellas zonas donde Zelaya cuenta con más predicamento: Colón, Santa Bárbara, Olancho. La mayoría de sus seguidores no se desanimaron y siguieron el camino a pie. A las marchas de los seguidores de Zelaya hacia la frontera se sumó ayer un paro nacional cuyo seguimiento fue irregular.

El régimen de Micheletti, en tanto, extendió el toque de queda en la frontera (de 18 a 6) e insistió en que la normalidad reina en esta Honduras que cada día que pasa se abre una nueva herida en la piel.

Presión

Micheletti rechazó anteayer firmar la declaración de San José propuesta por el presidente de Costa Rica, Oscar Arias. Aunque el mediador suavizó su propuesta anterior, los golpistas continúan oponiéndose a la restitución de Zelaya en el poder, que Arias considera fundamental. La Corte Suprema, el Tribunal Supremo Electoral y el Congreso hondureños estudiaban ayer la propuesta.

En tanto, la presión diplomática contra los golpistas no cesa. Para la Casa Blanca, el conflicto hondureño se está convirtiendo en una pesadilla sin fin. La embajada norteamericana en Tegucigalpa seguía ayer tratando de que el régimen entrara en razón. Un retorno de Zelaya al poder con poderes limitados parecía un buen final para la crisis.

"Estados Unidos puede presionar a los golpistas para que abandonen el poder", declaró vehementemente Zelaya en Managua.

Pero a Micheletti tampoco le gusta la ficción. Prefiere la realidad y se aferra a la banda presidencial. Mientras el conflicto se encamina hacia un final impredecible y Zelaya avanza hacia la frontera en un jeep blanco, a galope tendido.

Comentá la nota