Zelaya se atrinchera en la frontera

A un mes de su derrocamiento, busca organizar desde Nicaragua un "frente de resistencia"; debate el Congreso una amnistía
TEGUCIGALPA.- Honduras está hoy de celebración. Con un país militarizado y bajo toque de queda, un presidente derrocado que anda atrincherado en la frontera sur y otro de facto que no sale de la Casa Presidencial por si algún envidioso le mueve la silla, el primer golpe de Estado triunfante en América latina en el siglo XXI cumple hoy un mes. Aciaga celebración.

Empantanada la vía del diálogo, Manuel Zelaya optó el viernes pasado por desafiar al régimen de Roberto Micheletti al poner un pie en suelo hondureño de forma simbólica. Logró uno de sus objetivos: desmontar la teoría de la "normalidad constitucional" que defiende el gobierno de facto. Miles de soldados tomaron las rutas hondureñas y el régimen se vio obligado a militarizar la frontera sur. El otro, romper el cerco militar para cruzar la frontera, todavía no lo ha cumplido, pero no ha claudicado ni mucho menos.

Zelaya continuaba ayer recorriendo su pequeña república, esos 22 kilómetros que separan su nueva "Casa Presidencial", el hotel Fronteras (no podía llamarse de otra manera) de Ocotal, en Nicaragua, de Las Manos, Honduras. El presidente se ha atrincherado allí. Su idea es organizar un "frente cívico de resistencia", compuesto por esos fieles partidarios que van cruzando la frontera a través de los intrincados senderos montañosos que unen Honduras y Nicaragua.

El mandatario despejó las dudas sobre un supuesto encuentro de hoy con Hillary Clinton: "No puedo dejar aquí a la gente que está viniendo de Honduras", aclaró.

El distanciamiento entre Zelaya y la secretaria de Estado norteamericana es cada día más patente. El presidente depuesto sabe que la solución pasa por Estados Unidos. Por eso, anteayer exigió a la Casa Blanca más firmeza contra el gobierno de facto. Pero no parece que su ruego haya tenido mucho eco en Washington. Ayer, el vocero del Departamento de Estado, Ian Kelly, negó que hubiera una cita acordada: "[Zelaya] ha expresado su interés en venir a Washington, pero no tenemos planes al respecto". Kelly volvió a criticar el intento de Zelaya de cruzar la frontera e insistió en que la solución del conflicto debe alcanzarse por la vía del diálogo.

Hasta la frontera llegó ayer el general Romeo Vásquez, jefe del Estado Mayor Conjunto, que un día antes se había desmarcado, en declaraciones a LA NACION, de su responsabilidad en la crisis y había insistido en la subordinación total de las fuerzas armadas a "la autoridad civil del país" y a los acuerdos que ésta pudiera alcanzar, en su caso, en el marco de las conversaciones de San José.

"Romeo anda por ahí -dijo Zelaya en Ocotal-. Pues le quiero decir que levante los retenes y que deje pasar a mi familia, retenida desde hace cuatro días en la carretera."

Sin expectativas de volver al poder en breve, el presidente derrocado ha radicalizado su discurso y retomado sin ambages su agenda anterior al golpe: "Tenemos la necesidad de convocar a una Asamblea Constituyente; Honduras necesita siempre una cuarta urna [la referente a la consulta popular sobre la reforma constitucional] para que opinemos, para consultar al pueblo".

Según Zelaya, ya hay más de 1000 seguidores hondureños en territorio de Nicaragua, alojados en albergues y en casas particulares. "Es nuestro deber luchar un día, dos días, un mes, seis meses, un año, diez años? Lo vamos a hacer", clamó.

Coincidiendo con ese primer mes de gobierno de facto, el Congreso podría decidir hoy o mañana si aprueba la declaración de una amnistía para todos los delitos políticos relacionados con el conflicto cometidos antes y después del 28 de junio.

Si la aprobara, el Poder Legislativo daría cumplimiento a uno de los puntos principales incluidos en el Acuerdo de San José que propuso el presidente costarricense, Oscar Arias, la semana pasada. Pero todo parece indicar que la mayoría parlamentaria del Partido Liberal y del Partido Nacional (con casi todos sus diputados opuestos a Zelaya) echarán abajo la iniciativa.

Doris Gutiérrez, diputada del izquierdista partido de Unificación Democrática (que apoya a Zelaya) expresó a LA NACION su extrañeza por el hecho de que el Parlamento "pueda declarar una amnistía a supuestos delitos que todavía no han sido juzgados", en referencia a los 18 cargos que pesan sobre Zelaya relacionados con el abuso de poder. "Pero lo más grave es que se les pueda conceder amnistía a los golpistas; entonces a partir de ahora cualquiera podrá dar un golpe de Estado", denunció.

Por su parte, el Poder Judicial (la Corte Suprema y el Tribunal Supremo Electoral) deberá pronunciarse esta semana sobre otra de las propuestas de Arias, el adelanto de las elecciones previstas para el 29 de noviembre.

Sin salida a la vista

Roberto Micheletti no ganó jamás unas elecciones ni en su pueblo, pero ya ha cumplido casi una sexta parte de su "mandato", un mes de gobierno con brillantes resultados: la Organización de los Estados Americanos (OEA) ha suspendido a Honduras de la institución, la Unión Europea y varios organismos multilaterales han congelado ayudas, Estados Unidos ha restringido su apoyo militar y la imagen del país en el mundo está más devaluada que un lempira.

Lejos de que se vislumbre una salida del conflicto, cada día que pasa parece más difícil que haya un acuerdo. El diálogo está estancado desde que Micheletti se negó a firmar el Acuerdo de San José. Los golpistas pidieron tiempo para analizar el plan, pero Zelaya dio por finalizado el diálogo por considerar que era una maniobra dilatoria.

En esa declaración, el premio Nobel de la Paz, mediador en el conflicto hondureño, proponía, entre otros asuntos, la restitución de Zelaya en su cargo como legítimo presidente de Honduras. Una restitución que tenía fecha, el 24 de julio, es decir, el viernes pasado, y que ha sido declarada "innegociable" por Micheletti una y otra vez. Para seguir celebrando "su mandato" hasta que finalice en enero.

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