Dio el zarpazo

Boca se trepó a la punta del Apertura en Tucumán. Venció a un San Martín que le presentó pocas dificultades y se quedó solo bien arriba.

Por: Daniel Avellaneda

Todos a Boca se la hicieron fácil este fin de semana. Todos. San Lorenzo, el sábado, fue una sombra y perdió como local con Lanús. Lo mismo ocurrió con Tigre en La Plata, derrotado por Estudiantes. Y como para no ser menos, aquí San Martín casi no le hizo fuerza. Por eso con muy poco fútbol Boca cerró la 16ta. fecha consiguiendo muchísimo: una victoria y por fin la punta absoluta. Ahora nada de compartir, nada de mirar un escalón debajo de otros. Ahora Boca es único líder y es más candidato que nunca a atrapar este título local que tanto lo obsesiona.

Boca ganó, pero estuvo lejos de convencer. En un clima insoportable, le costó mantener una regularidad en el juego. Se repitió demasiado en los centros y los dos centrodelanteros que esta vez puso Ischia miraron más de lo que encontraron esos envíos en general imprecisos. Encima Riquelme participó poco y caminó mucho más de lo que tenía la pelota. Eso sí, los 9 de Boca, aunque está claro que no son magos, ayer lo parecieron. Porque aunque no fueron alimentados como corresponde en el juego igual se las ingeniaron para convertir un gol cada uno.

Al cabo, Viatri y Figueroa ratificaron sus condiciones de especialistas del gol en dos acciones en las cuales no hubo elaboración colectiva. Porque en el gol del 1-0, si bien Figueroa abrió a Dátolo y Jesús tiró el centro, parecía una jugada cerrada, tanto que los defensores tucumanos y el propio Gutiérrez se confiaron y la dieron por concluida. Viatri, no: estaba ahí, esperando. Y no fue en vano. Llegó un inesperado toque atrás y Lucas quedó con el arco libre y el 1-0 servido en bandeja. El 2-1 nació de un tiro libre. Todos los tucumanos aguardaban que Riquelme pateara al arco, pero el 10 se le tocó a Figueroa y Luciano liquidó con perfecta tijera de zurda. En esa situación, más allá de la siesta tucumana, fue clave la cabeza de Román para pensar lo mejor y la precisión para dejar solo al ex 9 de Central, esa precisión que por ejemplo a Riquelme le faltó cuando la historia estaba 0 a 0 y desperdició un penal (mínima falta de Perez Castro a Figueroa, de las que hubo muchas pero el árbitro cobró sólo una) atajado por Gutiérrez.

Aunque le faltó desborde para desnudar las flaquezas defensivas de la línea de 3 de San Martín (en especial por el sector de Noce), aunque Riquelme fue demasiado intermitente y aunque nunca logró adueñarse del partido por largos tramos, Boca igual ganó con justicia. Más que nada por lo que no hicieron los tucumanos. Es que San Martín fue demasiado tibio y tuvo aún menos ideas que Boca. Al cabo asustó a Javier García con un tiro libre de Solana en un vértice del arco de Boca. Y el gol, esa bomba que Saavedra clavó en un ángulo, ejemplifica lo que le costó a San Martín: fue desde lejos. Nada de ataque bien armado ni de crear situaciones claras.

San Martín levantó en la etapa final con los cambios, pero igual quedó un paso detrás de Boca por su falta de profundidad. Eso sí, fue legítima la bronca tucumana reclamándole a Maglio un penal de Battaglia a Ibáñez, pero el árbitro no vio que esa falta era más grande que la del penal desviado por Riquelme. También se pidió penal en una caída de Perez Castro, ante Mouche, quien pareció sacar la pierna justo. Esas quejas a Boca no le importaron. Quería ganar y ser puntero. Lo hizo y lo es.

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