Zapatos prestados

Con acierto, Gustavo Arnaldo Pulti decidió llevar adelante todos y cada uno de los planes que la anterior gestión había encaminado en 2007.
Es así que recursos federales y provinciales fluyeron hacia Mar del Plata dejando mejoras en centros de salud, calles y obras de infraestructura como el cuarto colector o los pluviales secundarios del sistema Güemes - Terminal. Proyectos como el emisario submarino, a punto de otorgarse a una de las cuatro compañías oferentes, o las obras para remediar el viejo predio de disposición final están a un tris de ser anuncios con fecha de inicio.

Sin embargo, no ha habido por parte del intendente en funciones ningún reconocimiento a la gestión realizada en este sentido. Ya nadie habla de los famosos sesenta millones de pesos de déficit que GAP denunció como “la terrible herencia” que le tocaba enfrentar. El año cierra con una nueva polémica, la sobretasa para abordar las inversiones en salud, área que por dieciocho años Pulti fustigó con el argumento de que no recibía mejores recursos por la incapacidad de los intendentes del momento.

La solicitud de una sobretasa revela que no hay recursos suficientes para dar servicios en la proporción y magnitud que esta ciudad requiere. Máxime en un presupuesto que es devorado por dos ítems fundamentales: salarios y el costo exorbitante del servicio de recolección domiciliaria de residuos.

Nadie se atreve a molestar a la gallina de los huevos de oro, el contrato de recolección de residuos, que se devora los dineros del contribuyente sin dar a cambio una prestación acorde: se mantiene la mentira de un servicio de seis días a la semana, cuando una tarea bien realizada, coordinada y moderna permitiría que el 60% de la ciudad estuviera bien atendido con una frecuencia de tres días, reduciendo de manera impactante el gasto contractual.

La introducción del servicio de seis días se hizo en 1995, cuando se produjo falazmente la caída de Venturino Eshiur, empresa que tenía el compromiso sobre el 50% del ejido urbano, para luego otorgarle “provisoriamente” a Transportes 9 de Julio el total del negocio. En aquel momento se adujo que la epidemia de cólera que amenazaba la vida de los argentinos así lo requería; hoy sería cuestión de preguntar: ¿se acuerda usted de la epidemia de cólera? Lo más probable es que la gente diga “sí, algo así se llama una novela de García Márquez, ¿no?”. Gustavo Arnaldo Pulti conoce esta historia como pocos, pues ha sido un actor central en sus dieciocho años como concejal.

Ahora se pretende instalar la necesidad de mayores recursos para el área de salud mediante el pago de una sobretasa afectada. ¿No es que el problema no consistía en la falta de dinero, sino que era la consecuencia de la desidia, la falta de criterio, o el clientelismo político imperante? Parece que no, porque ahora resulta que hace falta más dinero.

La respuesta desde la UCR ha sido lapidaria: si quieren cobrar más dinero por las tasas, que hagan una consulta popular, como ya lo hizo Aprile. La réplica de Pulti: “la consulta es una pérdida de tiempo”. Es decir, la opinión de la gente molesta cuando hay poco claro que mostrar.

El intendente vive colgado de los elogios al matrimonio Kirchner o al gobernador Scioli, hace abluciones a diario buscando un equilibrio que no le niegue fondos provinciales o nacionales para empujar programas o acciones de impacto. No es que esté mal, pero está demostrado que no alcanza. La comunidad necesita, aunque muchos de los habitantes de Mar del Plata lo ignoren, de un estatuto nuevo que le dé más y mejores herramientas para diseñar el presupuesto municipal atendiendo a los urgentes desafíos que se presentan.

El intendente caminó su primer año calzado en zapatos ajenos. Es un interrogante si en lo que le queda de gestión transitará el camino con calzado propio.

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