Zapatero asume la crisis con un cambio de gobierno

La caída más importante es la del neoliberal Pedro Solbes en la cartera de Economía. En su lugar, Zapatero colocó a Elena Salgado, una ministra dócil a los dictados de la Moncloa, ahijada política del ministro del Interior, Pérez Rubalcaba.
Los rumores previos finalmente se confirmaron y José Luis Rodríguez Zapatero reformó ayer en profundidad su gobierno, luego de regresar de la gira internacional más importante de su segundo mandato. El primer ministro español tuvo que realizar el cambio de ministros luego de soportar una filtración que estalló en la prensa nacional mientras él se encontraba en Turquía, en la reunión de la Alianza de Civilizaciones, un foro que él mismo ha impulsado junto a un grupo de países europeos y de mayoría musulmana para promover el diálogo intercultural y religioso. El hecho de que se conociera la noticia con anticipación le quitó brillo a su profundo movimiento político, un cambio de gabinete que es un reconocimiento de la grave crisis por la que está atravesando España y que no pudo evitar que se percibiera como un fracaso de su segundo gobierno, apenas un año después de haber ganado las elecciones por segunda vez consecutiva.

El nuevo gobierno tiene un tinte más político, al incorporar a pesos pesados del Partido Socialista, al tiempo que introduce cambios en áreas como la económica, donde más se ha notado el precipitado desgaste del oficialismo en el último año. Los sectores más cercanos al ex presidente Felipe González surgen reforzados cuando ya se los creía una especie en extinción.

Todo el brillo que le dio a Zapatero el abrazo cordial de Barack Obama en los dos encuentros que mantuvo con él durante la última semana lo perdió gracias al mal manejo de su propio entorno que filtró a la prensa, mientras el presidente se encontraba de viaje, los detalles del profundo cambio de gabinete que se avecinaba. Gracias a este error desde hace tres días todo el mundo discute sobre los nombres de los nuevos ministros que se conocieron con anticipación, como es el caso de la flamante titular de Economía, Elena Salgado, o el desembarco del poderoso presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chávez, que viene a hacerse cargo de una cartera en la que se negocia la siempre complicada relación con las autonomías regionales, en un país con eternas tensiones nacionalistas. Ante la perspectiva de haber perdido el efecto sorpresa, Rodríguez Zapatero anunció ayer finalmente un cambio mucho más profundo de su gobierno del que se esperaba.

La primera caída importante es la del neoliberal Pedro Solbes en la cartera de Economía. Solbes es un viejo remanente del felipismo que se mantenía en el gobierno por expreso pedido de Zapatero, que confiaba en su prestigio entre los empresarios para capear el temporal de la crisis económica. Pero el vendaval pudo con él y hace unos días el mismo Solbes manifestó que ya no deseaba continuar al frente de la cartera económica. En su lugar, Zapatero colocó a Elena Salgado, ahijada política del poderoso ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba –otra herencia del período de Felipe González–, y que representa por un lado una continuidad de la política económica que se viene aplicando desde que el socialismo llegó al gobierno en 2004 y a la vez se la entiende como una ministra dócil a los dictados de la Oficina Económica de Moncloa, una especie de ministerio de economía paralelo en el que manda Miguel Sebastian, representante de los intereses industriales por encima de los financieros.

El segundo dato que impacta en este cambio de gabinete es la asunción de la plana mayor del PSOE a cargos ejecutivos de relevancia. En ese sentido, es de destacar la llegada al gobierno del presidente del partido, Manuel Chávez, uno de los caciques regionales más potentes, que ha ganado seis elecciones consecutivas en Andalucía, el granero electoral socialista más importante. Chávez será vicepresidente tercero del Ejecutivo y se encargará de las relaciones con las autonomías regionales en un momento en el que las tensiones nacionalistas arrecian luego del vuelco político que se ha producido a principios de marzo en el País Vasco. El otro político de peso que da el salto es José Blanco, portavoz del PSOE, hasta ayer el mayor látigo dialéctico del opositor Partido Popular, conocido popularmente por su lengua afilada, que se hará cargo de la cartera de Fomento, un sitio por donde pasa gran parte del gasto público del Estado. Blanco pertenece al riñón de la llamada Nueva Vía, la corriente fundada por Zapatero antes de llegar al gobierno con el objetivo de renovar el partido. Otro enroque de envergadura es la designación de Trinidad Jiménez, actual secretaria de Estado para Iberoamérica, que pasará a ocupar la cartera de Sanidad, mientras que Angel Gabilondo, actual rector de la Universidad Autónoma de Madrid, se hará cargo de Educación, en medio de la crisis política que sacude a las universidades que han vivido intensas movilizaciones de estudiantes opuestos al Plan Bolonia que pretende aplicar la Unión Europea. El cambio se completa con la designación de Angela González Sinde, actual presidenta de la Academia de Cine, como ministra de Cultura. En su intervención de ayer para anunciar el nuevo gabinete, Rodríguez Zapatero afirmó que se trata de un movimiento para "vencer la crisis económica".

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