Zapatero arriesga perder su primera elección.

Ha sido una campaña electoral para el olvido la que han vivido durante los últimos quince días los españoles.
Los principales partidos políticos se han enzarzado en una guerra por ver quién era capaz de sacarle más trapos sucios al otro y se han olvidado de Europa. Con el trasfondo de la crisis económica detrás, el opositor Partido Popular ha tratado de centrar la campaña en la incapacidad del primer ministro socialista Rodríguez Zapatero para salir del bache, mientras que el PSOE ha tratado inútilmente de movilizar a su electorado blandiendo la bandera del miedo a la derecha, un recurso que funciona en las elecciones nacionales pero ha tenido poca repercusión en esta ocasión. Se espera una baja participación, con niveles de abstención superiores al 40 por ciento, unos puntos por encima de la media en este tipo de comicios.

El Partido Socialista reconoce que estas elecciones han llegado en el peor momento de la crisis y las encuestas vaticinan que Zapatero perderá por primera vez una elección desde que llegó al gobierno, en 2004, aunque la diferencia será mínima, oscilando entre 3 y 4 punto de ventaja para el PP. Aunque el Parlamento Europeo parece demasiado lejos de los ciudadanos y la participación será escasa como siempre, el principal problema que temen los socialistas es que la sociedad termine haciendo una lectura en clave local de los resultados y la derecha aproveche el triunfo para intentar un movimiento que hace meses ocupa la cabeza de su principal líder, Mariano Rajoy: presentar una moción de censura en el Parlamento nacional para destituir a Rodríguez Zapatero y forzar elecciones anticipadas. Una operación insólita que a pesar de ser contemplada en la constitución nacional no ha sido puesta en práctica nunca en la historia de la democracia española.

El principal escollo del PSOE para ganar estas elecciones no está en el hecho de que Mariano Rajoy haya aumentado su caudal de votantes o su popularidad, ya que ésta sigue por los suelos, sino que su propio electorado está desmovilizado, descontento con la manera improvisada con que se gestiona la crisis económica, que ya ha dejado más de 4 millones de parados y con la tibieza de las propuestas sociales. A darles una mano a los populares ha descendido durante los últimos días la Iglesia Católica, que ha puesto el grito en el cielo (nunca mejor dicho) desde que el PSOE anunció su voluntad de modificar la ley del aborto, ampliando el plazo y las justificaciones para llevarlo a cabo y bajando la edad de las mujeres hasta los 16 años para interrumpir el embarazo sin consentimiento de sus padres. El ultraconservador cardenal Cañizares llegó incluso a equiparar el aborto con los abusos sexuales que se cometieron durante años en los colegios religiosos irlandeses, en una entrevista en la que se le preguntaba por el bochornoso rol de la iglesia en este escándalo. Cañizares insinuó que el aborto era peor que el abuso a menores, una posición que apoyó al día siguiente el cabeza de lista del PP, el conservador de línea dura Jaime Mayor Oreja y que rechazó el mismísimo Mariano Rajoy, dejando en soledad a su candidato.

Otro de los incidentes que dan una idea del tono general que ha tenido la campaña es el cruce de acusaciones entre el PSOE y el PP a propósito del avión militar que Rodríguez Zapatero usa par trasladarse a los mítines. Según el PP, no es lícito utilizar el aparato del Estado para hacer campaña, mientras que el PSOE recuerda que el primer ministro siempre se traslada en este tipo de vehículos por cuestiones de seguridad y afirma que ésta es una costumbre que han mantenido a lo largo de los últimos años tanto los gobiernos conservadores como los socialdemócratas.

El resto de las fuerzas políticas, mientras tanto, han sido los grandes ausentes de la campaña. Izquierda Unida no logra levantar cabeza, aquejada por una grave división interna, y se supone que no superará el 4 por ciento, perdiendo uno de los diputados que tiene actualmente en Europa. Los nacionalismos regionales, mientras tanto, no darán grandes sorpresas. Sólo queda por ver cuántos votos recoge Iniciativa Internacionalista, la formación que el entorno de los independentistas de ETA lograron presentar eludiendo la prohibición de la Justicia, que los ha dejado fuera en los últimos años de todas las citas con las urnas.

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