Una zanahoria para Scioli.

Por: Ricardo Kirschbaum.

El "efecto Alfonsín" está teniendo influencia directa en el paisaje político. Nadie puede hablar de un cambio de tendencia consolidado pero sí, en cambio, de una revalorización del radicalismo histórico como canal de expresión opositora. Es que la desaparición del ex presidente ha vigorizado a la UCR bonarense -en su alianza natural con su ex conmilitona Margarita Stolbizer-, ha restado votos a la alianza De Narváez-Solá y, paradójicamente, despegado a Kirchner-Scioli.

Esa es la radiografía hoy en los 24 partidos del conurbano, donde se concentra el 22% del electorado nacional. Si las posibilidades de un dramático triple empate dispararon la decisión de embarcar a Scioli y a los muchos intendentes en una elección legislativa, la incorporación del gobernador bonaerense le dio a Kirchner cierto respiro, según encuestadores serios.

En un reportaje que publicamos hoy, Scioli confiesa que va a la elección para "garantizar la gobernabilidad" y para que el país no vuelva al desorden económico si el oficialismo no tiene garantizado el control legislativo. Tamaña declaración para un gobernador que tiene un déficit muy grave en sus finanzas muestra cómo encara el kirchnerismo los comicios y el dilema que pretende incrustar en la campaña: Kirchner o el caos.

Esta táctica electoral intenta reagrupar lo que queda del ejército kirchnerista bonaerense. En los grandes distritos del interior, los pronósticos para la Casa Rosada son malos o muy malos.

Kirchner necesita un triunfo contundente en Buenos Aires para nivelar la balanza. Ese objetivo todavía está en discusión. Nadie sabe si la impronta emocional por Alfonsín se mantendrá a la hora de votar y si la jugada en la Provincia mantiene su empuje. Si esto ocurre, el sacrificio de Scioli tendrá el premio de la candidatura presidencial en 2011.

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