Ni yanquis ni marxistas

Por Diego Schurman.

El repliegue de Néstor Kirchner hacia lo más ortodoxo del PJ y los dinosaurios de la CGT alertando sobre la "zurda loca" ponen en jaque la posibilidad de un acuerdo entre el oficialismo y la centroizquierda.

Algún oyente distraído podía pensar que se refería al pie mágico de Maradona. Los periodistas que lo entrevistaban creyeron que aludía a la mística Elisa Carrió. Pero no. Cuando Juan Belén masculló contra la "zurda loca", apuntó al corazón de la CTA, la central sindical que compite cartelera con la CGT.

El anacronismo del metalúrgico que secunda a Hugo Moyano desnudó el pensamiento que aún subsiste entre la dirigencia ortodoxa. Evidentemente al oficialismo le cuesta digerir pensamientos distintos. O se está con el proyecto K, o se es oligarca, desestabilizador o zurdo loco.

En los 70 Lorenzo Miguel alertaba sobre la "víbora roja" que acechaba en el cordón industrial. Era su particular forma de ofrecerse como el garante de la paz social frente a los empresarios.

Aquel dedo acusatorio del fallecido líder de la UOM hacia los delegados de izquierda no sólo gratificaba al poder de turno, también podía determinar la vida y la muerte de los trabajadores.

En El Intocable, el libro que Ricardo Cárpena y Claudio Jacquelin escribieron sobre Miguel, se menciona su autoría intelectual en la represión contra los obreros metalúrgicos que eran considerados subversivos en Villa Constitución, Santa Fe.

El periodista norteamericano Martin Andersen encuadró al pendular Rodolfo Galimberti como integrante de un grupo de tareas regenteado por la UOM que tenía como misión limpiar de trotskistas las fábricas.

Eran tiempos de descomposición interna del peronismo, donde la derecha partidaria inmortalizó aquel "Ni yanquis ni marxistas, pe-ro-nistas".

Belén metió a los argentinos en el túnel del tiempo y cuando quiso aclarar oscureció. "Me traicionó el subconsciente", atinó a reparar su frase jurásica sobre la "zurda loca". Todo un sincericidio: en el subconsciente reside lo más profundo del pensamiento de las personas.

No es extraño. Belén creció de la mano de Luis Guerrero, número dos de Miguel en la UOM, y de excelentes vínculos con la dictadura militar, a tal punto que durante años fue alentado por la cúpula castrense para liderar el gremio.

FIGURITA REPETIDA. Moyano llegó a embarcar a todo el peronismo en su cruzada. No había esbozado nada en Olivos, en una comida reservada que habría mantenido con Alberto Balestrini y Daniel Scioli. Ese día sólo se habló de devolverle la conducción del partido a Néstor Kirchner.

Sin embargo, en la reunión de la mesa chica del PJ del martes, en La Plata, embarcó a los gobernadores en la movilización del 20 de noviembre. La promocionó como una demostración de fuerza kirchnerista frente a las críticas de la oposición, aunque en el fondo la evaluó como un excelente mensaje para el frente interno.

Es tan cierto que la CTA le está disputando la representación gremial como que los "gordos" y los acomodaticios Andrés Rodríguez (UPCN) y Gerardo Martínez (UOCRA) ya no toleran su política expansionista. Pero no hay matices cuando de cuidar el poder se trata. Por eso Oscar Lescano, paradigma del sindicalismo- empresario desde que transformó a Luz y Fuerza en un portentoso holding, repitió a pie juntillas la frase de Belén y la "zurda loca".

Sólo después de un llamado de Julio De Vido y toda la puesta en escena de Cristina Kirchner la marcha a Plaza de Mayo se pulverizó. El ministro de Planificación está on line con Moyano y junto a la Presidenta atemperaron los ánimos.

Mostrando su alineamiento ciego, el camionero no se privó entonces de volver con una figurita repetida: las críticas a Clarín y TN, canal al que acusó –a tono con la mandataria– de ver "todo negativo".

La guerra está declarada y representa un cuadro de época. Con tal de ponerse enfrente, Cristina incurre en algunos dislates. Uno de los más recordados fue aquella alusión a los mensajes "cuasi mafiosos" de las ilustraciones de Hermenegildo Sábat.

TN a veces contraataca transitando el mismo sendero de paroxismo. El último martes, a las 15 horas, expuso en su zócalo "Sin subte, con calor" cuando la temperatura que exhibía el propio canal era de 22,6 grados.

SE VIENE EL ZURDAJE. Kirchner no está dispuesto a entregar la calle. Su manual sugiere, a la usanza venezolana, responder cada protesta con una contramarcha. ¿Acaso la Casa Rosada frenó a Moyano una vez que se evaporó la movida de los famosos contra la inseguridad?.

Mirtha Legrand fue puesta como ideóloga de la iniciativa, que amenazaba con transformarse en un revival de las concentraciones de Blumberg, uno de los mayores desvelos del ex presidente durante su gestión.

¿No fue la señora de los almuerzos la que se espantó con los Kirchner porque con ellos se venía "el zurdaje"? ¿Quién se equivocó de vereda: Mirtha o Belén? ¿Dónde está el amenazante marxismo? ¿Dónde la tremebunda Cuarta Internacional?.

Luis D’Elía aportó su cuota a la paradoja. El dirigente piquetero y militante de la "zurda loca" de la CTA se unió a Moyano y Belén para despotricar contra todos los famosos que alertaron sobre una creciente delincuencia.

Con cierto desparpajo le clavó sus puñales ya no sólo a Mirtha sino también a los dueños del rating de la TV: Susana Giménez y Marcelo Tinelli. Todo lo contrario a lo que sugeriría el menos ávido de los asesores de imagen.

Claro, no fue parte de un acto emancipador del hombre que se enorgullece de odiar a los blancos. En el Gobierno ya confeccionaron los "carpetazos" con irregularidades impositivas, probablemente el talón de Aquiles de la farándula.

Ubicuo, Scioli tomó distancia y defendió a sus amigos del espectáculo y Aníbal Fernández mostró su funcionalidad al aclarar que D’Elía ya no es parte del Gobierno.

Las palabras del jefe de Gabinete buscan blindar a Cristina en medio de la llegada de Shimon Peres al país. El presidente israelí advertirá sobre el amenazante vínculo entre Irán y Venezuela, dos referencias ineludibles que signaron el derrotero político del líder piquetero.

¿La Casa Rosada tomará con Belén la misma distancia pública que escenifica con D’Elía? Varios ministros alientan esa posibilidad como una señal conciliatoria, ya no sólo hacia la CTA de Hugo Yasky sino también hacia la dirigencia de centroizquierda.

Se trata, al fin, del sector político al que el kirchnerismo seduce con proyectos legislativos y sueña tener como aliado en 2011. Pero la retracción de Néstor al PJ, la negación a la libertad sindical y las declaraciones expulsivas de una dirigencia gremial rancia, entre otras cosas, empujan al progresismo a la vereda de enfrente.

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