Ana Wortman: "El peronismo nunca le prestó demasiada atención a la cultura"

Ana Wortman:
Según la socióloga, el PJ no cree que el Estado deba hacer mucho para promoverla
La socióloga e investigadora Ana Wortman dice que el peronismo nunca estuvo demasiado interesado en fomentar la cultura desde el Estado, y que eso tiene sus raíces en la tradición histórica del movimiento justicialista. "En el peronismo hubo, históricamente, muchos prejuicios para formular políticas culturales desde el Estado, porque inicialmente la cultura estaba asociada con la elite. El justicialismo trajo la idea de que lo que debe ser valorado es la cultura popular y que esto es algo innato. No requiere la intervención del Estado. Por eso, a mi entender, no le han prestado ni le prestan demasiada atención, más allá de lo discursivo."

A los 49 años, Wortman es investigadora del Instituto Gino Germani en el Area de Estudios Culturales, desde 1996. En esa entidad académica dirige proyectos vinculados con las transformaciones de las clases medias argentinas en la esfera cultural. Además, es profesora de Teoría Sociológica Contemporánea en la UBA, tiene una maestría en Ciencias Sociales en Flacso y asesora en la formulación de políticas culturales al gobierno de Lula, en Brasil.

"A diferencia de la Argentina, donde no hay políticas culturales a largo plazo, para Lula la cultura es una pata fundamental de su gobierno; aquí en cambio es algo que se enuncia, pero si miramos el presupuesto destinado, es muy bajo y seguimos teniendo una secretaría, en lugar de un ministerio", señala Wortman en su diálogo con LA NACION.

Dice también que Internet y la actual revolución tecnológica están cambiando el concepto tradicional de lo que es ser culto. Estos nuevos códigos, añade, explican el éxito de las redes sociales, como Facebook.

-¿Qué significa ser culto hoy?

-Definitivamente, no ser "ilustrado" en el sentido tradicional de otras décadas. Antes, ser culto era haber leído muchos y buenos libros. Para una familia de clase media, tener una buena biblioteca, con colecciones, era un valor muy importante. Era saber un poco de literatura universal, de filosofía, de historia. Hoy, en cambio, uno entra en una casa de clase media y no hay, necesariamente, una biblioteca, pero lo que no falta es tecnología: una colección de DVD y una buena PC, que pasó a ser el centro del hogar. La PC y la banda ancha reemplazaron la típica salida de la familia de clase media-media al cine y a cenar, que era tradicional hasta los 80, y que hoy es carísima. Hoy se mira mucha televisión y cine a través de Internet. Se baja música...

-Entonces, ¿ser culto hoy sería saber manejar tecnología, antes que leer autores clásicos, escuchar música o ir al teatro?

-Sí, y no lo digo en sentido peyorativo. Estoy describiendo una realidad, un cambio de época. El acceso a la tecnología marca una nueva noción de cultura, como saber idiomas y tener contactos, conexiones sociales que nos hagan más competitivos en el mundo laboral. De allí el éxito de Facebook y las demás redes sociales. La tecnología también pone en escena las desigualdades, y es lo que actualmente está marcando las diferencias de clase.

-¿Por qué?

-Porque el consumo de informática supone ciertas destrezas culturales. No tiene que ver sólo con una cuestión económica. Hoy hay todo un mundo que está marginado de la tecnología, los contactos, los idiomas, y cuyo único entrenamiento es la televisión abierta y por cable. Además, el acceso a la tecnología requiere una inversión permanente y, en determinado nivel, es necesario tener celulares que reciban e-mails, por ejemplo, y poder responder correos desde cualquier lugar del mundo. Hay un dato curioso: por esa vocación universalista y de necesidad de apertura al mundo que tiene la sociedad argentina, así como en los años 90 ocupábamos el cuarto lugar entre los países con mayor acceso al cable, hoy sucede lo mismo con la banda ancha, que se ha transformado en un consumo masivo. La Argentina es el segundo país más conectado de América latina, después de Chile.

-Hay políticos que no leen demasiado y, sin embargo, ninguno lo confiesa abiertamente. Nadie dice que le gusta el tenis y que no lee nada. Les interesa parecer más cultos de lo que son...

-Es un rasgo de nuestra sociedad. Probablemente, el presidente brasileño no tiene necesidad de decir que lee novelas en su tiempo libre. Aquí, hay que conocer, o reconocer, como diría Bourdieu, nombres de libros o de películas, aunque no se hayan leído o visto. También hay que decir que existe un problema, que requeriría la intervención del Estado para ser resuelto: ha crecido la oferta cultural. Por ejemplo, se producen cada vez más películas argentinas, pero tienen un problema con la exhibición. En las salas, no se exhibe nuestro cine, y esto tiene que ver con el peso de las distribuidoras norteamericanas y la globalización cultural. Entonces, hay películas nacionales muy interesantes, pero están dos días, y las sacan rápidamente. La regulación en la distribución de las películas y la formación de un público nacional podrían ser perfectamente un eje para la acción cultural desde el Estado.

-¿Por qué cree que el gobierno actual no hace demasiado al respecto?

-Me parece que no es un punto importante, en la tradición del peronismo, el fomento de la cultura desde el Estado. Esto tiene una explicación histórica. Inicialmente, la cultura era una cuestión asociada con la elite. Y había como un prejuicio o una idea de que lo que debía ser valorado era la cultura popular, la que venía de abajo. Esta era una discusión que había en los años 70. Más tarde, se la retomó con el alfonsinismo, que desde el Estado se propuso democratizar una cultura sistemáticamente atacada por la dictadura militar. Entonces, para ciertos sectores populistas, esa promoción de la cultura desde el Estado era algo elitista, porque implicaba la existencia de una cultura legítima, que se vuelve accesible para el resto de la sociedad. E implicaba también que una vale más que la otra. Y ellos no creen en esas jerarquías.

-Antes me decía que había sociólogos estudiando el fenómeno de las redes sociales en Internet, y, más precisamente, Facebook. Si entendí bien, ¿el valor social de cada persona, por decirlo de algún modo, sube de acuerdo con cuán influyentes son los amigos que tiene en Facebook?

-Sí, eso por un lado. Por otro, hay una necesidad de marketing personal, de construir la propia identidad como una marca. Hay una necesidad de reconocimiento por parte de los demás. Y una fusión entre los que consumen y los que producen esta nueva cultura, que suelen ser los mismos. Ahí hay otro cambio fuerte. Facebook es como un Gran Hermano virtual que hoy convierte en algo más interesante la vida de tus pares que la de una celebridad.

El personaje

ANA WORTMAN

Socióloga

* Edad: 49 años.

* Profesora: enseña Teoría Sociológica Contemporánea en la UBA.

* Libros: Es autora de Jóvenes desde la periferia , Pensar las clases medias e Imágenes publicitarias y nuevos burgueses , entre otros.

* Frase de cabecera: "El acceso a la informática, o la falta de él, es lo que divide hoy a las clases sociales".

* Con Lula da Silva: es asesora del Ministerio de Cultura de Brasil.

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