Williamson no encuentra “pruebas” del Holocausto.

Williamson no encuentra “pruebas” del Holocausto.
“Si encuentro pruebas, entonces me rectificaré”, dijo Richard Williamson, el ultraconservador obispo que desconoce la existencia de los campos de exterminio del nazismo. El británico que reside en la Argentina, donde dicta un seminario lefebvrista, se enfrenta con el Vaticano, luego de que Benedicto XVI le exigió una rectificación “pública e inequívoca”.
Ante los ojos del mundo, el Papa sufrió ayer un desplante y ya no encuentra sosiego. El obispo británico ultraconservador Richard Williamson, que hace tres semanas puso en duda la existencia de las cámaras de gas en los campos de exterminio nazis, se negó ayer a retractarse de sus dichos, pese a la exigencia explícita del Sumo Pontífice.

En una entrevista exclusiva que mañana publicará el diario alemán Der Spiegel, el obispo de 67 años afirmó que tendría que estudiar las comprobaciones históricas antes de desdecirse. “Si encuentro pruebas, entonces me rectificaré”, afirmóel obispo, quien asegura haber estudiado con detenimiento el tema en los años 80. “Pero todo esto llevará tiempo”, remató el prelado desde su refugio en el seminario argentino La Reja, en la diócesis de Merlo-Moreno, desde donde respondió por correo electrónico las preguntas de los periodistas alemanes.

El Vaticano, que recientemente levantó la excomunión al obispo díscolo, había aclarado esta semana en un comunicado que Williamson debía “tomar distancias de forma pública e inequívoca” de sus declaraciones sobre el Holocausto, antes de ser plenamente admitido en funciones episcopales en la Iglesia Católica.

Pero en estas horas, Joseph Ratzinger sólo piensa en la mejor forma de contener un nuevo cisma en la Iglesia. Las críticas también arrecian desde el mundo laico y desde su propio país, como el reto de la jefa del gobierno alemán, Angela Merkel, en cuyo país negar el Holocausto es un delito.

La decisión del Papa resultó una gaffe: primero, reincorporó a la Iglesia a Williamson y, luego, le exigió que se retractara de sus afirmaciones negacionistas. Ahora que Williamson anunció que no lo hará, el Papa quedó en una encrucijada. No podrá volver a excomulgarlo. De este modo, tiene en el seno de su institución a un obispo para quien durante el nazismo no murieron seis millones de judíos, sino “entre 200 mil y 300 mil”.

Por estas horas, voceros del propio Vaticano apuntan sus cañones hacia el cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos como el presunto responsable intelectual del traspié celestial. El colombiano es considerado uno de los “halcones” más influyentes de la Santa Sede y habría sido quien le sugirió al Papa la readmisión del obispo británico y otros tres colegas. “Si alguien tenía que saberlo, ése era el cardenal Castrillón Hoyos”, reconoció el jueves el vocero vaticano Federico Lombardi, en una entrevista al diario católico francés La Croix.

Camino al cisma. Como si fuese poco, la medida del Papa fue anunciada en coincidencia con el cincuentenario de la convocatoria al Concilio Vaticano II, la asamblea de obispos que estableció las bases de la Iglesia moderna y cuyo contenido es cuestionado justamente por el movimiento lefebvrista al que pertenece Williamson, quien ayer reiteró que los documentos del Concilio son ambiguos. “Eso es lo que ha llevado al caos teológico que tenemos actualmente”, argumentó.

“Williamson no podrá ser plenamente reincorporado a la Iglesia hasta que no reconozca el Concilio y, por lo tanto, la autoridad de todos los papas que reinaron desde su aprobación”, explicó a PERFIL el italiano Gianni Cardinale, uno de los mayores vaticanistas de Italia.

El Concilio Vaticano II, celebrado entre 1962 y 1965 por iniciativa del papa Juan XXIII, rompió con la teología del pueblo judío “deicida” –culpable de la muerte de Cristo–, que alimentó dos mil años de antisemitismo. El Concilio acabó con la idea de que los judíos fueron los verdugos de Cristo y eliminó la obligación de convertirlos al cristianismo. El obispo francés Marcel Lefebvre había provocado un cisma en 1988 después de rechazar las enseñanzas del Concilio, en particular la declaración “Nostra aetate” que proclama a los judíos “hermanos mayores” de los cristianos. Tras su partida, Lefebvre fundó la Sociedad San Pío X, que aboga por la vuelta a la misa en latín y el fin del diálogo ecuménico con otras religiones. La cofradía lefebvrista tiene unos 600 sacerdotes y una grey estimada en 400 mil adherentes en todo el mundo.

Por su parte, católicos progresistas como el teólogo brasileño Leonardo Boff, que abandonó la Iglesia por presión del entonces cardenal Ratzinger, ya hablan de un “cisma silencioso” dentro de la Iglesia. “Si los lefebvristas logran una revisión del Concilio Vaticano II, como aspiran, se podría producir un cisma dentro de la Iglesia”, sostuvo el ex sacerdote rebelde.

Boff aprovechó la ocasión para revitalizar la Teología de la Liberación, el movimiento sacerdotal de inspiración marxista que tuvo un profundo anclaje en América latina en los años 70. En referencia a esta tendencia de la Iglesia, Williamson denunció ayer “la dictadura del relativismo impuesta por los obispos liberales”. Y agregó: “Sólo soy un instrumento” a través del cual “algunos quieren actuar contra el Papa”.

“En cuanto a las declaraciones negacionistas de Williamson, no hay diferencias entre conservadores y progresistas; la condena es unánime”, explicó Cardinale. “Pero las posiciones chocan en el tema del levantamiento de la excomunión. En la Curia romana no hubo aún distanciamiento, aunque el ala progresista del Vaticano se envalentonó a partir de esta decisión. Curiosamente, las únicas críticas personales al Papa vinieron de Alemania, su país”, agregó el especialista.

En efecto, en Alemania, donde el negacionismo es considerado un delito, las reacciones fueron particularmente fuertes. La Iglesia germana, tierra natal del Papa, “se siente decepcionada, desconcertada e incomprendida”, aseguró al diario Bild el obispo de Stuttgart, Gebhard Fürst.

Josef Kaiser, sacerdote de la ciudad natal de Ratzinger, en Baviera, zona católica y conservadora como pocas en el país, tampoco se calló. “Se nota una vía retrógrada. Es muy frustrante volver a caer a posiciones superadas por el Concilio”, le dijo al diario Sueddeutsche Zeitung. El influyente teólogo Hermann Häring llegó a recomendarle al Papa que renuncie, mientras cientos de alemanes comenzaron en enero el proceso formal para quitar sus nombres de los registros católicos.

Pero las críticas cayeron como bombas también desde la curia de Austria, donde la mayoría de los católicos se ve a sí misma como más liberal que el Vaticano y no coincide con las decisiones de Roma sobre temas como el aborto, la homosexualidad o el celibato. “Espero que la Iglesia se dé cuenta de que vive en el siglo XXI”, señaló a un periódico Franz Wild, uno de los sacerdotes más críticos con la decisión papal. En Suiza, más de 200 sacerdotes y teólogos expresaron el jueves su desacuerdo con Benedicto.

Para Klaus-Rüdiger Mai, biógrafo del Papa, las recientes polémicas son “un reflejo de la nueva constelación de poder interno en el Vaticano. No es casualidad que Roma, en las últimas designaciones, siempre haya optado por los candidatos conservadores”.

El único que hasta ahora salió en defensa del Papa fue el cardenal conservador Joachim Meisner, arzobispo de Colonia, en Alemania. “El Papa quiso tender su mano misericordiosa a los cuatro excomulgados”, contemporizó.

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