Washington tuvo la primera marcha masiva contra el "socialista" Obama

El acto fue organizado por una red de conservadores que se oponen a las políticas de intervención estatal del presidente de los Estados Unidos. El programa que pretende reformar el sistema social fue el que más críticas recibió, pero también se exigió un recorte en los impuestos y una mayor libertad de mercado. Y hasta se vieron pancartas en las que la cara de Barack Obama aparecía simulando ser Adolf Hitler, algo común en las protestas contra George W. Bush en medio de sus campañas bélicas. "Obama y los demócratas están tratando de implantar el socialismo", se leía en un cartel.
A Obama se le acaba la luna de miel. En momentos en que el presidente de Estados Unidos se prepara para dar nuevo impulso a sus políticas, tras el receso veraniego en el norte, miles de manifestantes gritaron ayer ante el Capitolio, el Congreso de Estados Unidos, en protesta por la expansión del gasto público. El evento fue convocado por una red de activistas conservadores que surgió en oposición a las políticas del presidente Barack Obama, entre ellas, su reforma del sistema de salud que despertó una ola de polémicas, con voces a favor y en contra, a lo largo y ancho del país.

La Marcha de los contribuyentes, como la bautizaron, fue organizada por Freedomworks, un movimiento que reclama una baja de los impuestos, menos presencia del Estado y más libertad económica y convocó a personas provenientes de los 50 estados del país, decenas de miles según consignaban ayer los principales medios. La multitud se congregó en torno a la Casa Blanca y de allí se dirigió al Capitolio.

Los manifestantes, muchos de ellos vestidos como los estadounidenses coloniales, tocaron tambores al canto de "¡Estados Unidos!, ¡Estados Unidos!". El lema convocante era la crítica a la actual gestión de la Casa Blanca por "aumentar en exceso" la presencia del Estado en la economía del país. Se advertían banderas contra la intervención de la Reserva Federal y la Secretaria de Tesoro al sistema financiero, como el desembolso ejecutado para rescatar al Bank of America de la quiebra. Y también tuvo su pancarta la oposición al proyecto de ley contra el cambio climático: "No envíen nuestro carbón a Asia", decía un cartel.

La salud es lo primero. Pero las pancartas y banderas contra la reforma sanitaria predominaban en el cortejo opositor. "El aborto no es cuidado de la salud", se leía en una de los carteles. "Ya tuvimos suficiente con el socialismo de la URSS", proclamaba en otro un estadounidense originario de Ucrania. "No se trata de la atención de la salud, sino de Obama limitando nuestra libertad", apuntaba otro cartel.

Algunos hasta llevaban imágenes que mostraban a Obama como Adolf Hitler, muy común cuando el presidente era George W. Bush y las protestas contra las campañas bélicas de Washington en Irak y Afganistán se repetían de a cientos en Estados Unidos y en el resto del mundo. Uno de los activistas de la protesta cargaba con un cartel que decía: "Joe Wilson habla por mí". Se refería al diputado de Carolina del Sur, el republicano que el miércoles por la noche, cuando Obama inauguró con un discurso las sesiones del Congreso, le gritó: "¡Mientes!", en referencia al sistema de salud del país.

"No puedo imaginar que me salve de lo que Obama y los demócratas están tratando de hacer, quieren implantar el socialismo", clamó Joseph Wright, una persona de 73 años que viajó desde Florida a Washington en uno de los muchos micros que trajeron manifestantes desde estados tan remotos como Massachusetts y Arkansas.

La multitudinaria marcha se produjo luego de que los críticos de las políticas públicas de Obama lograron poner al presidente a la defensiva, amenazando a su mayoría parlamentaria para la reforma de salud y tras haber forzado la renuncia de Van Jones, un asesor de la Casa Blanca en temas medioambientales, acusado de "pasado izquierdista". Jones había firmado un petitorio que acusaba a Bush de consentir el ataque a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001, del cual el viernes se cumplieron ocho años.

El vocero de la Casa Blanca, Robert Gibbs, dijo no saber de qué se trataba la manifestación ni quiénes la habían convocado.

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