Washington hace gestos, pero teme la sobreactuación de los Kirchner

Por: Eduardo van der Kooy

Joe Biden, el vicepresidente de Estados Unidos, aguarda una conversación fructífera con Cristina Fernández. Ambos se encontrarán el fin de semana en Viña del Mar, durante la Cumbre de líderes Progresistas que tendrá a Chile como país anfitrión.

El encuentro de la Presidenta con Biden será el prólogo de la entrevista prometida y deseada con Barack Obama.

Esa cita puede ocurrir en Londres cuando converjan en la cumbre del Grupo de los 20. Obama la pactó con Cristina durante el diálogo telefónico que mantuvieron el pasado 13 de marzo. Pero la agenda del mandatario estadounidense para esa Cumbre aún no está ordenada.

Según fuentes diplomáticas norteamericanas, la conversación de Biden con Cristina tendrá por objeto sondear la postura de la Argentina para la reunión de Londres. Biden conoce perfectamente el tenor del contacto de Cristina con Obama y querría profundizar en dirección a un compromiso argentino. Un compromiso a tono, también, con las principales naciones de la región.

Washington, como escribió Obama en un artículo publicado ayer en exclusiva por Clarín, pretende una acción coordinada de los líderes del G-20 contra la crisis. Esa coordinación todavía no se vislumbra sólida entre las principales naciones del mundo.

Los mandatarios europeos, sobre todo Nicolás Sarkozy, de Francia, y Angela Merkel, de Alemania, creen que el G-20 debería concentrar sus esfuerzos en una mayor regulación de los mercados y no en gastar más dinero de los contribuyentes en paquetes de rescate e incentivo. Temen por eso un futuro brote inflacionario. Obama coincidiría en ese aspecto, pero continúa implementando acciones de estímulo en la economía. Esas acciones no tienen todavía un resultado estable como quedó demostrado con la euforia bursátil de Wall Street el lunes y la declinación de ayer.

Gordon Brown, el premier británico, realizó en las últimas semanas una gira por las naciones europeas para darle algunas garantías a la reunión del G-20 y estará el fin de semana en Costa Rica y Chile. Especialistas señalan que el futuro político de Brown parece atado al éxito o el fracaso de la Cumbre de Londres.

Brown también conversará con Cristina en Viña del Mar. La visión inglesa sobre la crisis global es similar a la de Washington. Y tanto Brown como Obama tomaron nota favorable de algunas consideraciones esbozadas por Cristina. ¿Cuáles? La necesidad de reformular el capitalismo financiero y de concederle al Fondo Monetario Internacional el próximo papel de promotor de economías productivas.

Habría, sin embargo, una clara prevención contra los Kirchner. Su recurrencia a utilizar esas cuestiones en función de la política interna. "La costumbre a la sobreactuación es lo que preocupa", describió la misma fuente diplomática.

Washington desearía ver a la Argentina más alineada con Brasil, Chile y Uruguay y no tan ligada a la Venezuela de Hugo Chávez.

Aunque ese vínculo se enfrió un poco desde fines del año pasado cuando Caracas empezó a tener problemas -sobre todo por la caída del precio del petróleo- para mantenerse como usina de financiamiento de la Argentina.

Washington está muy atento a los vaivenes políticos y conflictos que se suceden aquí.

La opinión del Departamento de Estado, que es también la de Obama y la de sus principales asesores en el área, es que en medio de la crisis global sería altamente perjudicial cualquier inestabilidad en la región.

Aquella misma opinión la desarrolló con delicadeza Tom Shannon, el secretario para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado. Lo hizo el lunes a la noche durante una cena que compartió a solas con Alberto Fernández, el ex jefe de Gabinete de los Kirchner.

El interés de Shannon por conocer de primera mano impresiones sobre nuestro país quedó reflejado en un dato: viajó especialmente desde Washington a Nueva York sólo para la velada que transcurrió en el Metropolitan Club de Manhattan.

Shannon ha sido un funcionario clave en el mantenimiento de las relaciones entre Buenos Aires y Washington durante la era kirchnerista.

Evitó varias veces que el vínculo naufragara, en especial desde el 2005 cuando se produjo la refriega entre Kirchner y George Bush en la Cumbre de las Américas en Mar del Plata.

Volvió a convertirse en un soporte cuando en el 2007 estalló el escándalo de la valija de Guido Antonini Wilson. Ese escándalo se profundizó no bien asumió Cristina a raíz de que se reveló que los 800 mil dólares de aquella valija podrían haber sido destinados para la campaña electoral.

Shannon tuvo siempre la permanente colaboración del embajador en Buenos Aires, Antohny Wayne. El futuro podría cruzarlos. Shannon estaría en funciones en Washington hasta mitad de año. Después sería destinado a una sede diplomática en América latina. No se descarta, para nada, la capital argentina. Wayne, por su parte, regresaría a su país.

Shannon preguntó varias veces en esa comida por Cristina y Néstor Kirchner. Remarcó también el interés por el papel que podría jugar la Argentina, junto a Brasil, en la próxima cita del G-20. Preguntó y escuchó con atención sobre la conflictiva realidad política en el país.

No hizo alusión delante de Alberto Fernández a ningún problema específico. Pero fue obvio que le inquieta el pleito con el campo y el clima general de confrontación e intolerancia entre el Gobierno y la oposición.

Sobraba cualquier palabra delante de un buen entendedor.

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