Los K vuelven a usar un viejo slogan: "El silencio es salud"

Julio Blanck.

El senador radical Gerardo Morales lo dijo clarito, para que se entienda: "Pasaron en Canal 7 todo el discurso del señor Bauer. Pero cuando estaba hablando la senadora Estenssoro volvieron a la programación, con jirafas y elefantitos...

¿Sería posible que pueda escucharse la voz de los opositores? ¿Podría dar instrucciones para que no sólo pasen en la televisión pública el discurso oficial, y se escuchen otras voces?... Si no, nos va a quedar la idea de que creen que lo público es de ustedes, y lo público es de todos".El señor Bauer aludido por Morales era el mismo señor Bauer al que Morales le dijo estas palabras cara a cara, el jueves en el Senado, en la primera audiencia para discutir la Ley de Medios. Se trata de Tristán Bauer, cineasta de mérito y creador del excelente canal cultural Encuentro, tarea que abandonó tiempo atrás para asumir como presidente del Sistema Nacional de Medios Públicos. Esos medios públicos que, de a ratos, se convierten en un chiquero panfletario a favor de la ley kirchnerista y en los que aquellos que piensan diferente no tienen voz ni espacio. Justamente lo contrario de lo que se dice impulsar.

El señor Bauer, en una entrevista posterior a ese episodio en el Senado, concedida al diario El Liberal, de Santiago del Estero, dijo que "la ley puede ser mejorada". Y agregó que la oposición "tiene buena fe al hacer sus planteos y hay que dar el debate siempre desde la buena fe, y desde ese lugar surgieron mis respuestas y mis opiniones". Sería una lástima que el señor Bauer termine encharcado en el fango de fanatismo que ordenan sus superiores y cumplen, con subordinación y valor, muchos de sus dirigidos.Ese silencio de los otros, programado y sistemático, con que el Gobierno intenta ningunear a sus opositores, no es el único silencio que se escucha claramente en estas horas desde la orilla oficial.Por ejemplo, la legión de funcionarios locuaces para abundar en la denostación del resto del universo que no coincide con ellos, no ha pronunciado palabra sobre el vergonzoso espectáculo de la aparición de cheques vinculados a la llamada "mafia de los medicamentos", que un par de años atrás engrosaron la cuenta de la campaña electoral de la Señora Presidenta.

Tampoco se les escuchó la voz para referirse al cruce de correos electrónicos en los que personajes involucrados en las maniobras se acusaron mutuamente por esos depósitos que hoy investiga la Justicia.Dos jueces están detrás del caso. María Servini de Cubría investiga posibles violaciones a la ley de financiamiento electoral. Ariel Lijo averigua si hubo negociaciones incompatibles con la función pública de parte del entonces superintendente de Salud, Héctor Capaccioli, quien a la vez ofició como recaudador de la campaña de la Señora Presidenta. Otro juez, Norberto Oyarbide, lo tiene agarrado a Capaccioli en la causa de la "mafia de los medicamentos", operación delictiva que enchastra a sindicalistas, políticos y malandras acostumbrados a hacer negocio a expensas del Estado, y que incluye hasta la falsificación de remedios para enfermos de cáncer.Solamente se escucha el silencio oficial, por más que las causas están avanzadas y estas desvergüenzas, como cada vez más tantas otras que aparecen semana a semana, tienen estado público. Quizás lo hagan para no interferir en la tarea de la Justicia, en un súbito ataque de respeto institucional y conducta republicana. O quizás sea, seguramente, la vieja idea de tratar de sepultar con el silencio.

Allá por los años 70 se había acuñado un recordado slogan: "el silencio es salud". Lo crearon para una campaña que apuntaba a mejorar la calidad de vida urbana, ya entonces acechada por el estruendo cotidiano. Hubo quien vinculó el slogan con la tradicional foto de la enfermera pidiendo silencio con el dedo índice cruzando sus labios, que reclamaba voz bajísima y pasos leves, colgada en los pasillos de los hospitales.Pero en aquella Argentina que se acercaba violentamente a su mayor tragedia, el silencio aludía de modo inevitable al silenciamiento de todo lo que no fuera oficialista. Por las buenas o, preferentemente, por las muy malas. Allí quedó estampado aquel "el silencio es salud" como un emblema de lo indeseado. Los memoriosos recuerdan que el slogan pronto se hizo popular, gracias a una propaganda muy llamativa instalada alrededor del Obelisco. Promediaban los fragorosos 70 y eran tiempos del gobierno de Isabel Perón y José López Rega. El problema de cierta historia es que a veces se empeña demasiado en volver.

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