Vuelve la tensión entre Solá y De Narváez por las candidaturas

El macrismo busca aplacar la pulseada entre los diputados del PJ disidente.
Ni un minuto de paz. El frente que componen el justicialismo anti-k y el PRO no podía escapar anoche del clima de tensión con el que sus líderes conviven desde el nacimiento mismo del espacio. Hasta se oyó una amenaza de ruptura cercana a Felipe Solá. El motivo, esta vez, no está en los nombres que van al tope de la lista. El problema, las deliberaciones, los cruces permanentes se daban en los puestos de abajo o en las candidaturas provinciales. Parece que Francisco De Narváez vetó tres apellidos y Solá puso el grito en el cielo. Mauricio Macri buscaba hacer equilibrio, pero la tensión no cesa.

Jorge Sarghini, Osvaldo Mércuri y Carlos Brown. Son los nombres de la polémica. Sarghini aspiraba al quinto puesto en la lista que encabezará De Narváez, Brown quería ser el uno de la lista a senador provincial por la Primera Sección y Mércuri, que perdió la pulseada con Jorge Macri, tenía previsto encabezar o al menos ir segundo en la nómina de diputados por la Tercera Sección. Nada de eso era factible ayer, según aquellos que conocen el pensamiento y el accionar de De Narváez.

"Los tironeos son propios de las negociaciones. No hay nadie bajado ni subido de las listas", dijo a Clarín Gustavo Ferrari, el jefe de campaña de De Narváez, en un intento por minimizar los roces. Otro hombre de De Narváez que prefirió hablar en off the record apeló a una frase más descarnada: "Se están matando por entrar".

Solá apoya a los tres dirigentes relegados. Está molesto con De Narváez y anoche lo hizo público en televisión. Uno de tres afectados le dijo a Clarín: "Somos víctimas de viejos rencores de quien hoy lidera la lista".

¿Qué quiso decir? La historia se remonta al 15 de marzo de 2007. Aquel día, en Expoagro, De Narváez rompió con Roberto Lavagna y el economista, que era candidato a presidente, designó a Jorge Sarghini como postulante a gobernador, casi en el mismo acto. De Narváez vivió el episodio como una traición y comenzó a construir su propio espacio. En aquella elección, De Narváez le sacó una amplia ventaja a Sarghini, que en tándem con Brown no llegó al tres por ciento de los votos.

"Es ridículo, pero hay una tachadura a aquella fórmula", insistió un operador de Solá.

Los macristas intentan poner paños fríos, pero lo cierto es que fueron los primeros en objetar a Mércuri, a quien ven "demasiado pegado" a Duhalde. En rigor, la figura de Duhalde aparece detrás de buena parte de los candidatos del frente y en el macrismo han terminado por aceptar la situación.

Otra cuestión que tendrá su peso de aquí al sábado, cuando está pautado el cierre de listas, es el crecimiento de De Narváez en las encuestas. "Ha levantado mucho. Es lógico que quiera meter más gente propia", esgrimía uno de sus soldados

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