Vuelve la tensión entre el dólar y las tasas, pero esta vez es distinta

Por: Daniel Fernández Canedo

Un poco en broma y bastante en serio, algunos economistas dicen que la única medida importante de política económica de los últimos tiempos fue... la lluvia, que alivió la sequía en varias zonas agrícolas.

La lluvia mejorará los rindes del maíz y la soja y eso suena a más dólares para los próximos 60 días.

Para el Gobierno el tema es muy importante y de seguimiento cotidiano. El resultado cambiario de las últimas semanas merece atención.

El Banco Central pilotea una suba del dólar administrada, que llevó la cotización hasta $3,66 pesos.

De alguna forma lo dejó ir para dar la señal doble de que no tiene pensado sentarse sobre una cotización fija pero, también, que no está dispuesto a convalidar saltos bruscos.

Para eso tiene un argumento contundente: los casi US$ 47.000 millones de reservas.

Ese respaldo le otorga un poder cambiario enorme para controlar el mercado. Sin embargo, la presión sobre el dólar lleva semanas.

El conjunto de los bancos estaría vendiendo unos US$ 250 millones diarios pese a saber que el Central ya demostró tener instrumentos para contener al mercado.

Para una parte de los economistas, eso es el resultado de la sequía y la puja entre el Gobierno y el campo, que demoró la liquidación de los dólares de la exportación de granos.

Según esa visión, en 30 días las cosas pueden ser distintas cuando empiecen a llegar las divisas del maíz y la soja.

Otros creen que la crisis financiera internacional pone un marco difícil para que los ahorristas argentinos encuentren refugios.

Y resaltan un dato que por conocido no deja de ser relevante: el año pasado se fueron US$ 23.000 millones, una cifra superior a la totalidad de los depósitos en el sistema financiero.

Es por eso que la Argentina está ante una encrucijada conocida, pero a la vez distinta.

Distinta porque hay muchas reservas y superávit fiscal. Pero no logra diluir la tensión entre el dólar y las tasas de interés.

Un dólar cuesta $3,66, un ahorrista puede obtener 11,5% anual por un depósito a 30 días y una empresa de primera línea consigue crédito al 21% anual.

Esa fotografía permite sacar algunas conclusiones.

La devaluación del peso desde octubre, cuando se agudizó la crisis financiera por la caída del banco Lehman Brothers en EE.UU., fue de 18%.-

Eso estaría indicando que el dólar no tiene retraso en la Argentina, o si lo tiene, no es relevante.

Una tasa de 11,5% puede resultar rentable si se cree que la inflación real de este año rondaría 10% como consecuencia del enfriamiento de la economía.

Pero, decididamente, para muchas empresas tomar crédito al 21% sería muy caro si se enfrentan a la imposibilidad de subir los precios de los productos o servicios que vendan.

Es por eso que la receta tradicional de subir las tasas de interés para aquietar el mercado cambiario tendría en el contexto actual resultados complicados.

Hoy los bancos tienen mucha liquidez porque no hay tomadores de crédito. Una suba de la tasa podría agudizar esa situación.

Subir la tasa afectaría más el nivel de la actividad económica y golpearía al consumo.

La paradoja es que con reserva y superávit todavía haya que esperar los dólares de las exportaciones. Y que lo que entre por una ventanilla no se vaya por otra.

Este año, el Gobierno necesita conseguir US$ 6.000 millones para cumplir con los compromisos de la deuda. Eso si no quiere usar unos US$ 3.000 millones de las reservas del Banco Central.

Esa cifra no debería ser un problema para el Tesoro, pero algo debe modificarse para lograrla de forma fluida.

Mientras tanto, hay dos temas que cobrarán fuerza en los próximos días.

Uno es la forma que tendrá la discusión salarial.

El paro de los docentes de Capital y Provincia de estos días es una muestra de que los trabajadores del sector público disputan aumentos de más del 15%.

Los encargados de edificios, servicios privados, adelantaron que intentan 25%.

En cambio, en sector automotriz hay acuerdos para que no haya aumentos y se reduzca la cantidad de días trabajados a cambio de mantener los puestos.

Esa diversidad explica en parte por qué la CGT decidió dar libertad a cada sector de actividad para discutir aumentos o sumas fijas o nada. O para trasladar las paritarias para más adelante.

El otro tema es la posición que llevará a Londres la presidenta Cristina Kirchner, a la reunión del Grupo de los 20 en abril.

Los papeles de trabajo reflejan el pedido de un cambio drástico del Fondo Monetario para que preste más y "sin condicionalidades". Y que haya regulaciones para que las casas matrices de los bancos no "retiren liquidez" de sus subsidiarias en los mercados emergentes.

La crisis internacional dejó al desnudo la fragilidad y las escasísimas posibilidades de respuesta de los organismos financieros internacionales

Los telones se van corriendo y la experiencia vuelve a demostrar que muchas veces despertar confianza para conseguir crédito es tan importante como tener plata.

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